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Se casan en Castaños tras 70 años de separación: una pelotita de juego guardó su historia

Jesús Lozano Castillo, de 95 años, y Raquel Cuevas Rodríguez, de 84, contrajeron matrimonio ante la jueza del registro civil, Martha López

Jesús Lozano Castillo, de 95 años, y Raquel Cuevas Rodríguez, de 84, contrajeron matrimonio ante la jueza del registro civil, Martha López
La historia comenzó en la década de 1950, cuando ambos coincidieron en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. | Grupo Zócalo
Fátima Gaona
ZOCALO | MONCLOVA
10-29-2026
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Castaños, Coah.– Setenta años después de haberse conocido en Castaños, Jesús Lozano Castillo, de 95 años, y Raquel Cuevas Rodríguez, de 84, se casaron por lo civil en una ceremonia encabezada por la jueza del registro civil, Martha López, y se convirtieron oficialmente en marido y mujer.

La historia comenzó en la década de 1950, cuando ambos coincidieron en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Ella era una adolescente de 13 años; él, un joven de 24 que acababa de concluir una misión religiosa y según relató el propio Jesús, ella lo observó con tanta insistencia el día que lo conoció que su madre le preguntó qué tanto veía al hermano Lozano. “Eres guapísimo”, contestó la joven, de acuerdo con el relato del novio.

Aquellos días transcurrieron entre paseos en lancha, que se rentaban por un peso la hora en el río, y partidas de un juego de pelotita en una pista de concreto cercana, donde competían por ver quién metía primero la bola en el hoyo.

Jesús, constructor de casas y puentes de carretera desde joven, fue llamado por la iglesia para levantar una capilla en Valle Hermoso, Tamaulipas; al regresar al mes para visitar a su madre, supo que la familia de Raquel se había marchado a Estados Unidos. “Se me hizo tan chiquito el corazón que ya no podía respirar”, recordó.

Cada uno hizo su vida por separado, Raquel se casó en Estados Unidos y tuvo siete hijos; Jesús, en cambio, nunca contrajo matrimonio.

Conservó durante décadas, guardada en una maleta, la pelotita con la que jugaban, a la que había pintado la mitad de rojo con tinta de aceite para distinguirla.

El reencuentro ocurrió hace unos dos o tres años, cuando Jesús, ya viviendo en casa de su sobrina Juanita en Castaños, se enteró de que Raquel había preguntado por él.

“Yo me enamoré de él y yo sé que él se enamoró de mí, pero no nos hemos visto”, recordó ella haber dicho a unos familiares, quienes le indicaron que él vivía cerca.

Comenzaron a platicar por teléfono, y tras dos años de noviazgo decidieron casarse, pero según ella, la propuesta no fue formal, pues fue la propia Raquel quien le preguntó si ya eran novios, y él respondió que sí.

En una de sus visitas, Jesús le entregó la pelotita que había guardado durante siete décadas: “Yo la he tenido por 70 años, ahora tú la vas a tener por otros 70 años y luego me la regresas”, le dijo, de acuerdo con Raquel.

Al concluir la ceremonia, la jueza los declaró unidos en matrimonio “en nombre de la ley y ante la sociedad”, les entregó su acta y los exhortó a procurarse en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad.

Para los contrayentes, el paso civil es solo una parte de su compromiso, ambos pertenecen a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y consideran fundamental sellar su unión en el templo, pues, explicaron, su fe contempla el matrimonio “por tiempo y eternidad”. “Para nosotros es lo más importante, por los planes que tenemos para la vida eterna”, afirmó Raquel.

Jesús, quien además toca la guitarra y canta, aseguró que el amor que siente por ella permanece intacto. “Será para siempre”, dijo.

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