A más de un siglo de aquel acontecimiento, sus tumbas permanecen como testimonio de un capítulo poco conocido de la historia local.
Nadadores, Coah.- Entre las tumbas antiguas del panteón municipal de Nadadores descansan historias que el tiempo no ha conseguido borrar. Algunas hablan de familias, otras de personajes que dejaron huella en la comunidad y unas más guardan episodios trágicos que, al llegar las celebraciones del Día de Muertos, despiertan la curiosidad de quienes buscan conocer el pasado detrás de cada lápida.
Una de esas historias se remonta al 13 de octubre de 1918, cuando dos comerciantes de origen chino, identificados como Antonio León, de 34 años, y Luis María, de 28, fueron asesinados en este municipio. A más de un siglo de aquel acontecimiento, sus tumbas permanecen como testimonio de un capítulo poco conocido de la historia local.
El profesor José Alfredo Muñoz, historiador de Nadadores, compartió los detalles de este relato, que forma parte de la memoria histórica del municipio y permite conocer la presencia de comerciantes asiáticos en la región Centro de Coahuila durante las primeras décadas del siglo XX.
De acuerdo con la narración histórica, ambos hombres habían llegado años antes a México, procedentes de China, y se establecieron en Nadadores, donde encontraron una oportunidad para desarrollar sus actividades comerciales. Recibían mercancía enviada por familiares que permanecían en su país de origen y posteriormente la distribuían entre habitantes de distintos municipios de la región.
Sus productos provenientes de Asia despertaban el interés de la población y les permitían desplazarse de una comunidad a otra para ofrecer sus artículos. Con el paso del tiempo, los comerciantes llegaron a distintos puntos de la región, aunque mantenían una relación particular con Nadadores, donde acostumbraban instalarse hacia la salida del municipio.
Sin embargo, aquella actividad comercial que les permitía ganarse la vida terminó convirtiéndolos, según cuenta la historia, en blanco de una persona que comenzó a vigilarlos con la intención de despojarlos de sus pertenencias.
La narración señala que el desconocido habría observado sus movimientos y supuesto que transportaban importantes cantidades de dinero, por lo que decidió abordarlos para cometer un asalto. El encuentro terminó en tragedia: Antonio León y Luis María fueron asesinados.
Pero el desenlace no fue el que esperaba el agresor. De acuerdo con el relato transmitido sobre estos hechos, los comerciantes habían ocultado su dinero entre sus prendas de vestir o los aparejos de sus caballos, una medida que impidió que el asaltante encontrara los recursos económicos que buscaba.
Así, el crimen dejó dos víctimas y una historia marcada por la violencia, la pérdida y el misterio, que sobrevive principalmente a través de la memoria oral y que cada año vuelve a despertar el interés por el pasado de Nadadores durante las celebraciones del Día de Muertos.