Lo que parecía un reporte ordinario de un choque en la Carretera Federal 30 se convirtió en una tragedia que marcó su vida.
Monclova, Coah.- Lo que parecía un reporte ordinario de un choque en la Carretera Federal 30 se convirtió en una tragedia que marcó su vida. Para Juan José Villa Mendoza, Comandante de los Cuerpos de Rescate de Cruz Roja Monclova, ese domingo 9 de septiembre de hace 19 años terminó entre fuego, oscuridad y lamentos.
"Nunca nos imaginábamos que de una manera iba a resultar el final del día con esa contingencia. Un día ordinario, como todos los demás, que se hacen servicios a donde se nos solicita", recuerda.
Ese día Villa Mendoza estaba en turno. El primer reporte fue de un accidente con lesionados prensados en Celemania, ejido de Nadadores. Salió una unidad avanzada de primer contacto y, en el trayecto, se informó que el vehículo se estaba incendiando, por lo que se pidió apoyo a Bomberos.
Ya en inmediaciones de Nadadores se confirmó que se trataba de material peligroso: un tractocamión cargado con 22 toneladas de nitrato de amonio que había chocado contra una camioneta particular.
"Le pedí a la base que le hablara a la unidad que iba adelante para que saliera del perímetro donde estaba el riesgo, pero ya la unidad ya no contestó porque ya tenía lesionados", relata.
Decidió entrar junto a su compañero Carlos Míreles para agilizar la extracción. Lograron sacar a lesionados y a compañeros, pero él se quedó al último para asegurar el área que era controlada con una pipa y una bomba "chupacharcos".
"Había una multitud, un muro de gente esperando a que se atendían los lesionados sin saber qué podía pasar. Gente que no entendía el mensaje", dice.
Cuando la bomba se quedó sin gasolina, el fuego se avivó y alcanzó la caja del tráiler. Vino la explosión que en 2007 dejó un cráter de hasta 20 metros, borró la carretera y dejó 37 muertos y más de 90 lesionados.
"Yo no sentí nada, absolutamente. Cuando ya me despierto es cuando empecé a sentir dolor", cuenta.
Despertó conmocionado, sin poderse mover, en medio de una oscuridad total solo iluminada por la unidad de rescate incendiándose y con los oídos dañados. "Empecé a gritar auxilio. Impotencia de no poder levantarte y ayudar".
Fue rescatado de entre los escombros por su propio compañero Carlos Mireles, quien lo sacó del perímetro y lo subió a una máquina de Bomberos. En el trayecto vio cuerpos mutilados y personas que ya no se movían.
Por la gravedad de sus lesiones, Villa Mendoza fue trasladado en helicóptero a Monterrey para recibir atención médica especializada y posteriormente sometido a largas terapias para recuperar movilidad en uno de sus brazos.
A 19 años, considera que la falta de capacitación sigue siendo el mayor riesgo.
"Mientras no nos capacitemos en el manejo de materiales peligrosos seguirán ocurriendo tragedias", advirtió.
Dijo que él sí se había capacitado, pero no todos los cuerpos de rescate contaban entonces -y muchos aún no cuentan- con formación en el manejo de este tipo de contingencias, lo que provocó aquella movilización desordenada de Protección Civil, Bomberos y voluntarios que terminó en pérdidas muy lamentadas.