Cada 2 de noviembre regresa con un nuevo rosario, agua y veladora, y que desde la primera ofrenda no ha vuelto a ver al niño.
Castaños, Coah.- Lo que comenzó como una noche más de trabajo durante el Día de Muertos terminó, según su testimonio, en un encuentro que Pedro Ángel Moncada, encargado del panteón del Carmen, no ha podido olvidar, pues asegura que hace cinco años habló con el espíritu de un niño de ocho años fallecido en 1918.
De acuerdo con su relato, el encuentro ocurrió alrededor de las 12 de la noche, cuando acudió a los baños del panteón acompañado de una mujer y al salir, un menor se le acercó y le preguntó si él era quien cobraba por el uso de los sanitarios, pero tras entrar y salir del baño, el niño, que dijo llamarse Otilo, le pidió ayuda para encontrar a su abuela, de apellido Guerra.
Le explicó que, por la cantidad de flores y la falta de visibilidad de los nombres en las tumbas, además de lo avanzado de la hora, no era posible buscarla, sin embargo el niño insistió en que se sentía “muy solito” en el lugar donde se encuentra y pidió entonces que lo ayudara a localizar a su bisabuela, pero la respuesta fue la misma.
Pedro describió al menor como un niño de piel morena, ojos negros y pestañas largas, vestido con elegancia, con un atuendo propio de una familia acomodada de la época y lo que más le llamó la atención, dijo, fue precisamente esa vestimenta.
Según el relato, al despedirse el niño se alejó y se formó una neblina, de ella emergió una mujer de cabello largo y despeinado, cubierta de tierra, que llevaba consigo a otros dos niños, por lo que Otilo se unió a ellos y, en ese momento, la neblina y las figuras desaparecieron.
Afirmó que la mujer que lo acompañaba al baño escuchó el nombre del menor, por lo que la considera testigo de lo ocurrido.
Un compañero que trabajaba en el patio de camiones le dijo después que sabía dónde estaba la tumba del niño, se trata de la sepultura de Otilo de Hoyos Guerra, quien nació en 1910 y murió en octubre de 1918. Se desconoce la causa de su muerte.
Relató que, tras el suceso, se sintió sin energía y acudió con un sacerdote, quien en un primer momento le dijo que algo así no existía, pero que al saber que había una testigo lo calificó como un fenómeno extranormal.
Posteriormente visitó la tumba y le llevó cempasúchil, un vaso de agua, una veladora, agua bendita y un rosario, que aún permanece en el sitio.
Dijo que cada 2 de noviembre regresa con un nuevo rosario, agua y veladora, y que desde la primera ofrenda no ha vuelto a ver al niño.
Afirmó que los panteoneros también lo habían visto sentado a lo lejos en ocasiones anteriores, aunque ya no lo han visto desde entonces.
Pedro indicó que preguntó a una integrante de la familia Guerra Cantú, cuyas criptas se ubican en otra zona del panteón, si conocían al menor, pero le respondieron que no tenían parentesco con él, pues falleció hace más de cien años.