Especialistas consideran que las primeras manifestaciones podrían remontarse a 5 mil años antes del presente
Cuatro Ciénegas, Coah.- Un recorrido guiado por el arqueólogo Yuri de la Rosa, responsable del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la región de Cuatro Ciénegas, permitió conocer de cerca uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes del valle y los trabajos de investigación, conservación y restauración realizados tras la grave afectación del 2025.
La visita se realizó en los cañones donde se localizan abrigos rocosos y cuevas con pinturas rupestres que, de acuerdo con las investigaciones arqueológicas y las características de los conjuntos gráficos, podrían tener varios miles de años de antigüedad.
En esta zona se tienen identificados al menos 16 abrigos rocosos con pintura rupestre, entre ellos la Cueva Pinta y la denominada Pinta 6, espacios que forman parte de un amplio complejo arqueológico relacionado con antiguos grupos de cazadores-recolectores que habitaron la región.
Legado de miles de años
Yuri de la Rosa, explicó que las pinturas no cuentan todavía con un fechamiento directo sobre la roca, debido a que las técnicas para determinar la antigüedad de los pigmentos sobre las pinturas rupestres todavía se encuentran en desarrollo.
Los especialistas consideran que las primeras manifestaciones podrían remontarse a 5 mil años antes del presente, aunque el sitio fue utilizado durante diferentes periodos y generaciones.
“Este sitio es producto de una serie de visitas. Se pintaron las figuras, se repintaron, vinieron más generaciones y por generaciones este sitio fue utilizado”, explicó el arqueólogo.
La interpretación es que estos espacios tuvieron una función relacionada con la cosmovisión de los antiguos habitantes del desierto, donde pudieron realizarse ritos de paso, peticiones y diferentes prácticas de carácter ritual.
No obstante, destacó que la interpretación del arte rupestre debe realizarse con extrema cautela, debido a que no existe una comunidad indígena que conserve de manera directa el código cultural utilizado por quienes realizaron las pinturas.
Un estilo propio
El especialista señaló que existen diferencias entre las representaciones encontradas en esta zona y las de otras regiones de Coahuila y del norte de México. Los colores, las formas, el grosor de las líneas, las técnicas y la manera de representar determinados elementos permiten hablar de un estilo gráfico rupestre de Ciénegas.
En los diferentes sitios del Estado pueden encontrarse otros estilos, como los asociados con regiones del norte, la zona de La Laguna, el sureste de Coahuila y otras áreas, lo que permite observar que estos grupos mantenían formas distintas de representar su entorno y su cosmovisión.
Geometría y cosmovisión
A diferencia de algunas famosas cuevas de Europa o de otros sitios de Norteamérica donde predominan representaciones figurativas de animales, en Ciénegas una parte del arte rupestre tiene características geométricas y abstractas.
De la Rosa, explicó que entre los temas que los investigadores estudian se encuentran representaciones relacionadas con la figura humana, el cielo, el cosmos, la luna, el sol, los astros, posibles constelaciones, animales, plantas y agua.
Los arqueólogos realizan un análisis integral del panel, tomando en cuenta la totalidad de las figuras, su asociación, orientación, ubicación dentro del paisaje, superposiciones, dimensiones, colores y características de las líneas.
El arqueólogo puso como ejemplo las figuras que podrían asociarse con una víbora de cascabel.
Más de 380 imágenes
Uno de los datos que dimensiona la riqueza del sitio es que en uno de los abrigos rocosos visitados se tienen registradas más de 380 imágenes, muchas de ellas superpuestas.
Precisamente las superposiciones representan una de las líneas de investigación más importantes.
Después de los trabajos de restauración y limpieza, los especialistas pudieron observar representaciones que anteriormente no eran claramente perceptibles. En algunas zonas se identificaron hasta cuatro capas de figuras superpuestas, lo que abre nuevas preguntas sobre los diferentes momentos en que fueron realizadas.
Pigmentos
De acuerdo con la información disponible, los tonos rojizos y amarillentos están relacionados con óxidos de hierro, mientras que los blancos podrían estar vinculados con yeso, abundante en la región.
Es posible la utilización de componentes vegetales como aglutinantes, aunque se requieren análisis específicos para determinar con precisión la composición de los pigmentos. La técnica predominante identificada en este sitio es la denominada tinta plana, aplicada con los dedos.

Especialistas del INAH realizaron un complejo proceso de restauración.
No era sólo espacio ritual
Aunque algunas cuevas y abrigos tenían una función ritual, el arqueólogo explicó que el paisaje arqueológico de los cañones demuestra que los antiguos habitantes realizaban diversas actividades.
En los alrededores existen evidencias de campamentos, morteros utilizados para la preparación de alimentos y otros materiales relacionados con herramientas.
Esto permite considerar que algunos sectores fueron utilizados como campamentos semipermanentes, probablemente durante determinadas temporadas del año.
La grave afectación 2025
Uno de los objetivos principales del recorrido fue mostrar las consecuencias que tuvo el saqueo y vandalismo registrado en enero de 2025.
El INAH recibió el reporte de la afectación cuando visitantes detectaron que varias zonas habían sido intervenidas con herramientas.
Los responsables intentaron desprender fragmentos de la superficie rocosa donde se encontraban pinturas rupestres. En algunas zonas se observaron marcas compatibles con el uso de
herramientas mecánicas, y desprendimientos por las vibraciones.
Uno de los fragmentos que se intentó extraer era una representación de una mano.
En total, en la Cueva Pinta se documentaron cinco zonas afectadas. La intervención no solamente dañó la roca, sino que provocó que fragmentos de pintura y material rocoso se desprendieran y quedaran dispersos en el suelo.
Restauración
Ante la gravedad de los daños, el INAH realizó un dictamen arqueológico y un diagnóstico especializado de conservación.
Debido a que el sitio está registrado y protegido como patrimonio arqueológico, fue posible activar el seguro institucional de sitios, recurso que permitió desarrollar la investigación y restauración.
El trabajo de campo se extendió de tres a cuatro meses, periodo en el que las restauradoras realizaron estudios, monitoreo ambiental, registro y recuperación de los materiales desprendidos.
Un rompecabezas
Uno de los trabajos más complejos consistió en recuperar los pequeños fragmentos de pintura y roca que habían quedado en el suelo.
Para ello se establecieron retículas que permitieron identificar de qué zona provenía cada fragmento.
Lo que se perdió
Uno de los criterios fundamentales de la intervención fue no falsificar el patrimonio.
Los especialistas decidieron que no se reconstruirían artificialmente las figuras que habían desaparecido.
Primero se restituyó la roca afectada utilizando materiales especiales y compatibles con las características del sitio. Se reincorporaron aquellos fragmentos originales que pudieron ser recuperados.
En los lugares donde no fue posible recuperar la totalidad de una figura, se dejó visible la cicatriz de la afectación.
Algunas zonas fueron señaladas mediante recursos discretos para indicar que ahí existió una representación que no se conserva completa.
“La roca tiene memoria y aquí hay una cicatriz de que hubo un vandalismo”, explicó.
Descubrir nuevas figuras
Paradójicamente, el proceso de restauración también abrió nuevas líneas de investigación.
Durante la limpieza especializada se retiraron hollín, polvo, sedimentos y otros elementos acumulados sobre la superficie, permitiendo observar detalles que anteriormente permanecían prácticamente ocultos.
Los investigadores encontraron nuevas superposiciones y figuras que no habían sido identificadas claramente durante trabajos anteriores.
Esto significa que, además de reparar el daño, la restauración permitió obtener nueva información científica.
Ahora será necesario regresar al sitio con nuevas fotografías, dibujos y análisis para determinar qué representan esas figuras y cómo se relacionan con las demás.
Un sitio difícil de vigilar
Uno de los grandes retos para la conservación de estos espacios es su ubicación.
Los cañones se encuentran en terrenos accidentados, alejados de las principales vías de comunicación y, en algunos casos, dentro de propiedades privadas.
El especialista explicó que estos sitios son considerados puntos de visita no controlada, debido a que durante años han sido conocidos por habitantes y guías locales.
Por ello, resulta prácticamente imposible mantener vigilancia permanente en cada uno de los abrigos.

La Cueva Pinta conserva cientos de representaciones rupestres.
Patrimonio que pertenece a todos
El caso de la Cueva Pinta evidencia la fragilidad de un patrimonio que permaneció durante miles de años en los cañones de Cuatro Ciénegas y que, en cuestión de minutos, puede sufrir daños irreversibles.
Para el INAH, el reto ahora consiste no solamente en mantener los trabajos de conservación, sino en generar las condiciones para que las futuras visitas sean ordenadas, responsables y compatibles con la preservación.
La riqueza de estos sitios no está únicamente en las figuras que pueden observarse sobre las paredes, sino en la información que contienen sobre los grupos humanos que habitaron el desierto, sus territorios, sus creencias, sus prácticas rituales y su manera de relacionarse con el entorno.
La restauración permitió recuperar buena parte de la estabilidad del sitio, pero también dejó una enseñanza: la protección del patrimonio arqueológico requiere de instituciones, autoridades y sociedad trabajando de manera conjunta.
Y mientras los especialistas regresan para estudiar las nuevas figuras que quedaron al descubierto, las pinturas de Cuatro Ciénegas continúan contando a través de líneas, colores y superposiciones una historia que comenzó miles de años antes de que existiera la actual ciudad de Cuatro Ciénegas.