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Topos Azteca: cuatro décadas de rescates que ahora los llevan a Colombia

La historia de los Topos Azteca nació de una tragedia mexicana, pero con el paso de los años se transformó en una red de solidaridad internacional.

La historia de los Topos Azteca nació de una tragedia mexicana, pero con el paso de los años se transformó en una red de solidaridad internacional.
Alondra Benítez
ZOCALO | MONCLOVA
08-12-2026
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MONCLOVA, COAH.- Desde los escombros que dejó el terremoto de 1985 en la Ciudad de México hasta las zonas devastadas por terremotos, tsunamis, deslaves e inundaciones en distintos continentes, los Topos Azteca han construido durante cuatro décadas una trayectoria basada en una premisa: llegar a los lugares donde todavía existe la posibilidad de encontrar a una persona con vida.

La historia de esta brigada está ligada directamente al terremoto del 19 de septiembre de 1985, cuando la Ciudad de México quedó devastada y miles de ciudadanos se organizaron de manera espontánea para ingresar a edificios colapsados y buscar sobrevivientes.

Entre aquellos voluntarios se encontraba Héctor Méndez Rosales, conocido como “El Chino” Méndez y posteriormente como el “Topo Mayor”. Durante aquellas jornadas, los propios ciudadanos comenzaron a llamar “topos” a quienes se introducían entre los escombros para localizar y rescatar personas.

Con el paso de los meses, aquel movimiento ciudadano se convirtió en diferentes organizaciones de rescate. La agrupación encabezada por Méndez dio origen a Topos Azteca, una brigada internacional de voluntarios que ha mantenido como filosofía acudir a zonas de desastre sin buscar protagonismo y apoyándose, en buena medida, en sus propios recursos y en alianzas con otras organizaciones.

Una trayectoria alrededor del mundo

La experiencia de Héctor Méndez y de los Topos Azteca se ha extendido a numerosos países. Entre las emergencias en las que han participado se encuentran los terremotos de Haití, Chile, Japón, Taiwán, India, Irán, Turquía, Ecuador, Indonesia, El Salvador y Guatemala, además de operaciones en Venezuela, Colombia y otros países.

Uno de los episodios más conocidos ocurrió después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando Méndez encabezó a rescatistas mexicanos que viajaron a Nueva York para colaborar en las labores de búsqueda en la Zona Cero.

La brigada también ha participado en emergencias que no fueron provocadas exclusivamente por terremotos. Sus integrantes han acudido a deslaves, inundaciones y derrumbes, entre ellos las labores realizadas en Valencia, España, después de las inundaciones provocadas por una DANA en 2024.

En Turquía, tras el terremoto de magnitud 7.8 de 2023, más de 30 integrantes de Topos Azteca fueron movilizados para participar en las labores de rescate. Su equipo llevó herramientas especializadas para trabajar entre estructuras colapsadas y permanecer en las zonas donde todavía existieran posibilidades de encontrar sobrevivientes.

El “Topo Mayor”

Héctor Méndez, actualmente de 80 años, se mantiene como presidente y fundador de Topos Azteca. Su trayectoria comenzó precisamente en el terremoto de 1985 y desde entonces ha participado en más de un centenar de operaciones de rescate y emergencias internacionales, de acuerdo con información difundida por medios que han documentado su trayectoria.

Uno de los principios que ha defendido durante su trayectoria es que los Topos deben acudir a ayudar sin importar fronteras ni intereses políticos. En 2026, durante las labores de rescate en Venezuela, Méndez volvió a insistir en que su misión es salvar vidas y no participar en actividades políticas.

Precisamente Venezuela representó una de las misiones más recientes de la brigada antes de su llegada a Colombia. Tras los terremotos registrados en junio de 2026, Topos Azteca movilizó un contingente de rescatistas, entre ellos personal mexicano y brigadistas procedentes de distintos países.

Colombia, el nuevo llamado

Ahora, la experiencia acumulada durante 40 años llevó nuevamente a los Topos Azteca a una zona de desastre.

El 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.4 tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, Colombia. El Servicio Geológico Colombiano reportó una profundidad de 103 kilómetros y señaló que se trató del sismo de mayor magnitud registrado en Colombia durante el siglo XXI. También informó de numerosas réplicas posteriores.

El movimiento fue sentido en amplias zonas del país y provocó daños importantes, particularmente en Cali. Para este miércoles 12 de agosto, medios locales reportaban decenas de fallecidos, más de mil personas heridas y más de un centenar de edificaciones colapsadas o severamente dañadas en la capital del Valle del Cauca.

Fue en ese escenario donde arribó a Cali un grupo de aproximadamente 20 rescatistas de Topos Azteca, procedentes de la misión que recientemente habían desarrollado en Venezuela. La brigada se incorporó a las labores de búsqueda en estructuras colapsadas, utilizando drones, sensores, tecnología sonora y radar para tratar de detectar posibles sobrevivientes.

En uno de los puntos más afectados, el barrio Cuarto de Legua, los rescatistas comenzaron a trabajar en un edificio prácticamente reducido a escombros. El objetivo es determinar si todavía existen personas atrapadas y establecer la forma más segura de ingresar a la estructura.

De México para el mundo

La historia de los Topos Azteca nació de una tragedia mexicana, pero con el paso de los años se transformó en una red de solidaridad internacional.

De los escombros del terremoto de 1985 surgió un grupo de ciudadanos que aprendió a buscar vida entre toneladas de concreto. Cuatro décadas después, esa experiencia los ha llevado a Haití, Chile, Japón, Turquía, Ecuador, Indonesia, Guatemala, Venezuela y ahora nuevamente a Colombia, entre muchos otros escenarios.

Su llegada a Colombia representa así un nuevo capítulo en una trayectoria que comenzó en la Ciudad de México y que convirtió a los rescatistas mexicanos en una referencia internacional cuando ocurre una emergencia de grandes dimensiones.

En Cali, la misión vuelve a ser la misma que hace 40 años: entrar donde otros no pueden, trabajar entre los escombros y mantener abierta la posibilidad de encontrar una vida que todavía pueda ser salvada.

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