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“Pobre Salinas Pliego, ojalá rectifique”, y otros apuntes de López Obrador sobre sus adversarios

El expresidente desnuda en su último libro, ‘Pueblo’, sus opiniones sobre empresarios, políticos e intelectuales con los que se ha confrontado, y revela algunos encuentros y conversaciones con algunos de ellos

El expresidente desnuda en su último libro, ‘Pueblo’, sus opiniones sobre empresarios, políticos e intelectuales con los que se ha confrontado,
Grupo Zócalo
ZOCALO | MONCLOVA
10-10-2026
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Andrés Manuel López Obrador es como un refranero, un compendio de expresiones muy suyas. Una de ellas es que “su pecho no es bodega”, que dice casi siempre antes de soltar una crítica, una confesión o una descalificación. Eso significa: no guardarse nada. El detalle está en cuándo decir las cosas, contarlo todo, vaciar el pecho. En Pueblo, su último libro, un ensayo sobre la formación del Estado mexicano aderezado con sus memorias, el expresidente (2018-2024) lanza dardos a sus enemigos —políticos, empresarios, intelectuales y periodistas—, y revela algunas anécdotas que le vinculan a ellos, sobre todo encuentros y conversaciones. López Obrador (Tabasco, 72 años), fundador de Morena y referente de la izquierda mexicana, dirige duros calificativos a personajes de los que se ha distanciado —por ejemplo, el magnate Ricardo Salinas Pliego— a la vez que trata con gentileza a otros con los que mantiene cercanía tras años de tensiones —caso de Carlos Slim, otro empresario—.

Figuran, en las más de 700 páginas, sus usuales “adversarios”, como él les llama para evitar el beligerante término de enemigos: los expresidentes Carlos Salinas —del PRI—, Vicente Fox y Felipe Calderón —ambos del PAN—; el abogado y político Diego Fernández de Cevallos (“un buen orador y polemista”, “un palero del más rancio y corrupto conservadurismo”); los extitulares del INE Luis Carlos Ugalde (“un personaje lamentable”) y Lorenzo Córdova (“cuyo nombre es preferible olvidar”); los intelectuales Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín (“reclutados por el régimen oligárquico”); los periodistas Ciro Gómez-Leyva, Carmen Aristegui y Carlos Loret; los empresarios Claudio X. González, Roberto Hernández, Alberto Baillères y Eduardo Tricio.

Con los hombres de negocios de México siempre ha tenido una relación tirante. A muchos los incluye en el “grupo compacto” que se benefició de la privatización de compañías estatales en la época de Carlos Salinas de Gortari. También les reprocha que, en las elecciones de 2006 —su primera campaña presidencial—, se aliaran al PRI y al PAN para hacerle un fraude. Misma historia en 2012, segunda campaña presidencial y segundo fraude, según su versión. Hasta 2018, cuando por fin ganó la elección y vino un reacomodo en torno al nuevo poder. Allí surgió la insólita cercanía de López Obrador con quienes, dice él, le hicieron la guerra: Salinas Pliego, Slim, Baillères, Tricio. “Más de la mitad de los que se lanzaron en contra nuestra ya han cambiado su actitud”, escribe. De hecho, comparte que Tricio, cabeza de Grupo Lala, “en un acto de autenticidad inusitado”, le “ofreció disculpas hace no mucho”. “Ciertamente, no a todos se les puede tachar de canallas”, dice.

Los empresarios

Slim, cabeza de Grupo Carso, el hombre más rico de México, se convirtió en un gran aliado de López Obrador en el ámbito empresarial. El dirigente le reconoce su adhesión, aunque lo hace de manera ambigua. Por un lado, sostiene que el magnate “respeta la figura presidencial, no se apasiona tanto por lo electoral” y, aunque ambos piensan distinto, Slim “actúa con prudencia”. Por otro lado, al hablar de la privatización de empresas en el salinismo, dice que Slim —que adquirió Telmex— y Roberto Hernández —Banamex— han competido entre sí “en cuanto a tráfico de influencias se refiere”. López Obrador cuenta que, antes de conocerse el resultado de la elección de 2018, los “potentados”, desesperados por cerrarle el paso, intentaron convencer a Slim de volverse candidato presidencial, propuesta que el magnate rechazó. “Era y sigue siendo un hombre de negocios y, por cierto, nada tonto”, concede el dirigente. Sin embargo, le lanza un reclamo al empresario por “trastabillar” cuando criticó la decisión de su Gobierno de cancelar el Aeropuerto de Texcoco.

López Obrador formó una alianza con los empresarios al llegar a Palacio Nacional. Fue cuando se acercó a Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, también ubicado entre los más ricos de México. Llegaron a llamarse mutuamente “amigos”. Pero la relación se fracturó hasta el rompimiento de estos días, en que el magnate dirige sus canales contra el exmandatario, Morena y el Gobierno de Sheinbaum. López Obrador revela que, antes de la elección de 2018, cuando todo apuntaba a su triunfo, sostuvo una reunión con Salinas Pliego y otros hombres de negocios en las oficinas de TV Azteca, donde, dice, les advirtió que no les daría un trato especial en su Gobierno.

López Obrador atribuye el distanciamiento con Salinas Pliego a su “fascinación desmedida por la obtención de dinero”, su “ambición enfermiza por lo material” y su “necesidad de fama y poder”. “Desde que lo conocí era bronco, vengativo y reaccionario, pero me llamaba la atención que se trataba posiblemente del multimillonario que más leía en el país, y, desde luego, más inteligente que ahora, cuando empezó a involucionar”, describe. El diferendo está relacionado con la manera en que el Gobierno de López Obrador forzó a que el conglomerado empresarial del magnate liquidara adeudos atrasados con el fisco. El exmandatario sopesa que, además de eso, Salinas Pliego “se embelesó con el internet”, donde ha encontrado una base de apoyo incluso para una posible candidatura presidencial. “Pobre Ricardo, ojalá y rectifique”, dice López Obrador, “que no caiga por entero en la autocomplacencia”.

El mismo tono condescendiente lo utiliza con el expresidente Peña Nieto, a quien reconoce por no dejarse tentar por los empresarios que le pidieron meterse a la elección de 2018 para frenar a López Obrador. El dirigente morenista lo describe como “un subordinado más de la élite dominante, quizá no perverso, pero limitado y frívolo”. Apunta que, en una conversación privada, Peña Nieto le dijo con pesar que los empresarios eran muy traicioneros, pues lo habían dejado caer cuando él los había ayudado. “[Llegaron] al extremo de convertirlo en el payaso de las cachetadas”, reflexiona López Obrador. “Sin embargo, en abono a Peña”, apunta, “hace poco le pregunté a un multimillonario mexicano, requetebién informado, sobre quién era el expresidente más rico; ni siquiera parpadeó y me contestó de inmediato: Salinas”.

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