Productoras y productores de los valles del Yaqui y Mayo apuestan por cultivos que requieren menos agua y ofrecen mayor rentabilidad, como parte de una estrategia para enfrentar la escasez hídrica y fortalecer la actividad agrícola.
Ante las condiciones de sequía y la disminución en el almacenamiento de las presas, el campo de Sonora avanza en un proceso de reconversión productiva que busca sustituir cultivos tradicionales por alternativas con menor demanda de agua y mejores oportunidades de comercialización.
En el ciclo agrícola Otoño-Invierno 2025-2026, más de 32 mil hectáreas que antes se usaban para sembrar trigo ahora se destinaron a cultivos como: cártamo, canola y girasol, porque se adaptan mejor al clima actual.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural respaldó esta estrategia mediante apoyos dirigidos a productoras y productores de la región.
Entre los ciclos 2024-2025 y 2025-2026 se destinaron más de 150 millones de pesos para impulsar la reconversión agrícola, beneficiando a más de mil 200 productores y una superficie superior a las 30 mil hectáreas.
Especialistas del sector destacan que la incorporación de cultivos oleaginosos permite reducir el consumo de agua por hectárea, disminuir la presión sobre los distritos de riego y mantener la productividad agrícola en escenarios de menor disponibilidad hídrica.
Además, estos productos cuentan con una demanda constante en las industrias alimentaria y aceitera, lo que brinda mayor estabilidad comercial y oportunidades de ingresos para las familias dedicadas a la agricultura.
La estrategia también contempla la evaluación de cultivos especializados de alto valor agregado. Entre ellos destaca el trigo sarraceno, utilizado para la elaboración de harina libre de gluten y con creciente demanda en mercados internacionales.
Asimismo, la canola ha mostrado resultados favorables en la región, con rendimientos competitivos que confirman su potencial productivo bajo las condiciones agroclimáticas de Sonora.
La reconversión productiva se consolida como una alternativa para fortalecer la sostenibilidad agrícola, optimizar el uso del agua y mejorar la rentabilidad de las actividades rurales.
Con la validación de nuevos cultivos y el acompañamiento técnico a los productores, esta estrategia busca construir un modelo agrícola más resiliente, capaz de responder a los desafíos climáticos y garantizar mejores condiciones para las próximas generaciones del campo mexicano.