Ninguna autoridad pudo ofrecer respuesta sobre el nombre correcto, debido a que el niño no fue inscrito en el Registro Civil por ninguno de sus padres
Ciudad Juárez.- ¿Eitan, Ethan o Eithan? La pregunta fue generalizada entre reporteros, redactores y correctores periodísticos sobre el nombre preciso del niño de año y medio, cuyo asesinato a manos de la madre, así como las agresiones previas por parte de ella y del propio padre, han colocado en estado de shock emocional a la sociedad fronteriza.
Ninguna autoridad pudo ofrecer respuesta sobre el nombre correcto, debido a que el niño no fue inscrito en el Registro Civil por ninguno de sus jóvenes padres, Vianey Esmeralda H. G. ni Bryan Adrián S. A.
Al fatal maltrato físico le agregaron los padres el desdén por el registro poblacional oficial, la indiferencia por recibir todo tipo de medidas preventivas de salud y, en general, por todos los futuros derechos ciudadanos que implica el documento registral.
La impensable y tétrica tarea de redactar el acta de defunción sin acta de nacimiento debió correr a cargo de las autoridades periciales-ministeriales, acostumbradas a todo tipo de acciones en escenas del crimen, pero prácticamente ninguna como esta. Han compartido el dolor social general.
Más dramático aún, debieron ser familiares del inocente niño quienes decidieran sobre el nombre correcto y los funerales correspondientes; desde luego, no los papás, ya presos, ni los abuelos maternos, que encubrieron a la hija a sabiendas del terrible maltrato que sufrían los dos hijos de los detenidos; en particular, Eitan.
Del niño fallecido, Vianey Esmeralda no soportaba que llorara de hambre; lo asesinó y, con la mayor sangre fría, llevó el cuerpo desde el centro de la ciudad, la colonia Fronteriza Baja, hasta Los Kilómetros, para arrojarlo dentro de una bolsa negra en un predio baldío.
Pudo deshacerse de él solo por unos días, en lo que el cuerpo fue descubierto y policías del área de Detectives de la Secretaría de Seguridad Pública, expertos en seguimientos de cámaras de vigilancia, lograron los vínculos necesarios precisamente hacia la madre y detenerla, con el respaldo fundamental de elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones.
Hubo por parte de ella todo el dolo inimaginable para deshacerse del cuerpo de su hijo, incluido su menosprecio por el acta de nacimiento.
El Diario de Juárez