Las alianzas también se reconfiguraron durante estos dos años
La guerra entre la Mayiza y los Chapitos, las dos facciones del Cártel de Sinaloa, cumplió dos años y cambió de forma y de escenario. El conflicto se originó en 2024 tras el presunto secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada por Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, y su entrega a las autoridades de Estados Unidos.
Un equipo de InSight Crime viajó recientemente a Culiacán y documentó que la violencia persiste, aunque con métodos más selectivos y un epicentro que se trasladó hacia el sur del estado. La analista Victoria Dittmar y el codirector Steven Dudley, quienes recorrieron la capital sinaloense, describieron una ciudad donde el Ejército tiene presencia constante pero los enfrentamientos siguen sin control.
Durante la estadía del equipo, un jueves por la noche ocurrió una balacera en un restaurante cercano a su hotel. El objetivo era un cantante de narcocorridos cuyas letras hacían referencia a los Chapitos, según relató Dittmar a InSight Crime.
“Seguimos viendo gran parte de la violencia teniendo lugar en Culiacán”, dijo Dittmar al portal. La analista explicó que ese tipo de ataques contra integrantes o simpatizantes de la facción rival continúa de forma frecuente.
Al mismo tiempo, la presencia visible del crimen organizado disminuyó respecto a años anteriores. Los llamados punteros, jóvenes vigilantes con radios que antes custodiaban distintas zonas de la ciudad, ya no se observan, y la parafernalia narco y los narcocorridos dejaron de reproducirse abiertamente.
Para los residentes, la rutina diaria implica ahora un cálculo constante de riesgo. Comparten su ubicación entre familiares y revisan grupos de WhatsApp vecinales donde circula información no siempre verificada sobre nuevos hechos violentos.
El impacto económico fue severo desde el inicio del conflicto. Economistas citados por Dittmar estimaron que el golpe a los negocios de Culiacán superó al que dejó la pandemia de covid-19, y hoteles y restaurantes todavía operan con baja ocupación y horarios reducidos.
El enfrentamiento se concentró al principio en Culiacán, territorio original de los Chapitos. Dudley explicó al portal que esa facción llegó a sentirse dueña de la ciudad, con libertad de movimiento y gasto visible en clubes y restaurantes de alta gama.
Los combates se desplazaron ahora hacia el puerto de Mazatlán y municipios fronterizos con el estado de Nayarit. Esa zona resulta clave para el movimiento de cocaína, de precursores químicos y para las rutas terrestres hacia la frontera con Estados Unidos.
El cambio no implicó una reducción de la intensidad, sino una modificación en sus formas. Las desapariciones, un fenómeno que no caracterizó a conflictos previos en Sinaloa, se mantienen en niveles altos y se suman a ataques selectivos contra laboratorios clandestinos y viviendas vinculadas a la facción rival.
El conflicto actual es, según Dudley, el tercero de este tipo en las últimas dos décadas en el estado. Los enfrentamientos previos ocurrieron en 2008, tras la ruptura entre El Chapo y los Beltrán Leyva, y en 2017, con la escisión encabezada por un operador conocido como Mini Lic.
Las alianzas también se reconfiguraron durante estos dos años. Los Chapitos pactaron al inicio con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), aunque esa relación no está confirmada tras la muerte de Nemesio “El Mencho” Oseguera y el arresto de operadores clave de ese cartel, entre ellos uno identificado como El Jardinero.
La Mayiza, en cambio, sumó apoyos más claros para sostener la disputa. Según Dittmar, esa facción se alió con la familia Cabrera, con presencia en el estado de Durango, y con el Cártel de Guasave, liderado por Fausto Isidro Meza, conocido como Chapo Isidro, quien heredó parte de la estructura de los Beltrán Leyva.
Esa alianza convirtió a Chapo Isidro en uno de los actores con mayor proyección del conflicto. “El gran ganador de todo esto puede ser Chapo Isidro”, afirmó Dudley al portal, aunque aclaró que el desenlace todavía está en desarrollo.