Autoridades al cuidado de la fauna destacan la importancia de crear conciencia sobre el manejo de especies exóticas, evitando que sean confinadas
Guadalajara, Jal.- Los recientes aseguramientos de animales exóticos, como monos araña y cachorros de tigre en el Área Metropolitana de Guadalajara, han encendido las alarmas en Jalisco.
Lo que antes se exhibía de forma clandestina en mercados físicos hoy se ha mudado al entorno digital, consolidando una práctica ilegal y al alza: la adquisición de fauna silvestre a través de plataformas de mensajería encriptada.
En este mercado negro digital, la biodiversidad se reduce a un catálogo interactivo. Un león se oferta desde 60 mil pesos; un mono capuchino, en 52 mil. Cocodrilos, tigres y erizos completan una lista con precio, fotografía y opción de envío a domicilio. No se trata de comercios regulados, sino de grupos cerrados de Telegram y WhatsApp, espacios privados y prácticamente imposibles de rastrear por las autoridades.
Las redes sociales se han convertido en un terreno de profunda contradicción para la conservación ambiental. Al respecto, Luis Alberto Cayo Cervantes, titular de la Unidad de Acopio y Salud Animal de Tlajomulco (UNASAM), advierte sobre este fenómeno:
“Las redes sociales siempre van a ser, como digo yo, un arma de doble filo; si lo canalizamos bien pues muy bueno, y si no, podemos adquirir muchísimos ejemplares de manera ilegal que eso repercute completamente al ecosistema”.
Aunque existen convenios de colaboración con algunas plataformas públicas para bajar contenido ilícito, los grupos de mensajería instantánea representan un auténtico agujero negro para la fiscalización ambiental. Los traficantes aprovechan el blindaje de las aplicaciones para operar redes internacionales que rápidamente conectan con compradores locales en la entidad.
“También existen redes ilegales, obviamente, que normalmente está ahorita de moda en grupos cerrados de WhatsApp, Telegram y páginas privadas en Facebook“, explica Cayo Cervantes, detallando la complejidad para rastrear estos delitos: “Con el caso de WhatsApp, grupos cerrados, y Telegram, que también son súper cerrados, no puede meterse nadie a revisar qué está pasando por el hecho de la confidencialidad”.
Detrás de cada transacción económica hay un ejemplar extraído de su hábitat natural y un sistema de sufrimiento que suele concluir en el confinamiento de patios residenciales o jaulas domésticas.
A pesar de la existencia de marcos jurídicos que sancionan el tráfico de especies, especialistas insisten en que el combate de fondo es cultural, pues ningún entorno urbano cuenta con la capacidad de satisfacer las necesidades biológicas de un animal salvaje.
Con información de Telediario