Bajo la premisa de que la resistencia no es sinónimo de resignación, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) presentó su más reciente reflexión sobre el proyecto denominado “Común”.
San Cristóbal de las Casas, Chiapas – Bajo la premisa de que la resistencia no es sinónimo de resignación, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) presentó su más reciente reflexión sobre el proyecto denominado “Común”. En el texto titulado “Muchos modos, varias generaciones y un trabajadero”, el Capitán Marcos describe cómo la organización comunitaria está reconfigurando la relación con la tierra en Chiapas.
El documento subraya la transición simbólica y material de los territorios zapatistas: fincas que antaño servían exclusivamente para la cría de ganado al servicio de los “poderosos” han sido recuperadas para transformarse en espacios de cultivo de maíz destinados al consumo de las familias campesinas.
El “trabajadero”, como han bautizado a estos espacios, funciona como un crisol donde conviven al menos seis lenguas —incluyendo el castellano— y, sobre todo, donde convergen diversos saberes agrícolas. “En lugar de resignarse, de rendirse, pues se organiza”, señala el texto, destacando que el sitio es también un “luchadero” donde la colectividad prima sobre el beneficio individual.
Uno de los puntos centrales del escrito es la descripción de cómo las distintas tradiciones agrícolas regionales se enriquecen al encontrarse:
– La valoración de los recursos: Mientras que campesinos de zonas con grandes extensiones de tierra suelen limpiar el monte eliminando ramas y maleza, quienes provienen de Los Altos de Chiapas —acostumbrados a trabajar en espacios reducidos de 25 metros cuadrados— recolectan cada ramita (“chibirico”) para convertirla en leña. Este material resulta fundamental para enfrentar las heladas y garantizar la cocción de alimentos, transformando lo que algunos consideran “basura” en un recurso vital.
– Adaptación técnica: El Capitán Marcos ilustra cómo las técnicas de cosecha (tapisca) difieren según la geografía. Mientras unos utilizan costales para cargar las mazorcas debido a la estrechez de sus terrenos, otros crean “montoncitos” estratégicos en las parcelas, un método que inicialmente desconcierta a quienes están habituados al trabajo a pequeña escala.
El texto fue acompañado por material audiovisual que documenta el día a día en estas tierras recuperadas: se observa el uso de maquinaria, faenas de siembra, recolección de leña por parte de mujeres y reuniones masivas de hombres y mujeres.
Con esta narrativa, el EZLN busca poner de relieve que el proyecto “Común” no es solo una estrategia de subsistencia, sino un espacio donde la diversidad cultural y los distintos modos de vida se integran para fortalecer la resistencia frente a los desafíos del presente.