Mientras no haya otra opción para moverse, para trabajar, para llevar a los hijos, la Aldama seguirá siendo testigo de estos viajes donde va toda la vida a bordo de una moto.
Monclova, Coah.- Un hombre en moto. Detrás de él, una mujer que carga a un bebé entre los brazos. Y atrás, en un remolque improvisado, otro niño pequeño, sentado entre bolsas, mochilas y sillas de plástico blanco, de esas que se usan para vender o para rentar en las fiestas.
No llevan casco todos. No hay cinturón. No hay silla especial. No hay protección. Hay, eso sí, una familia completa moviéndose en un solo viaje por la calle Aldama.
Se tomó la foto, no se hizo por morbo. Se hizo porque todos los días se ve. Porque en Monclova, en las inmediaciones del Coahuila y Texas, esta escena ya es parte del paisaje.
¿Imprudencia? Sí, sin duda. Un frenón, un bache, un carro que no los vea, y la historia cambia en un segundo. El bebé en brazos, el niño en el remolque, la mujer de lado, sin de dónde agarrarse.
¿Necesidad? También. Porque esa moto no es de paseo. Es herramienta de trabajo. En el remolque van las sillas que probablemente van a entregar, a vender, a rentar. Es la chamba del día. Es la gasolina, es la comida, es el pago de la renta.
Ahí está el dilema que nadie quiere resolver.
No es que no sepan el riesgo. Lo saben. Pero entre el riesgo y no llevar nada a la casa, muchos eligen el riesgo.
No se trata de juzgar a esta familia. Se trata de mirarnos como ciudad. ¿Cuántas veces hemos visto esta misma escena y solo volteamos a otro lado?
La necesidad no debería estar peleada con la seguridad. Pero mientras no haya otra opción para moverse, para trabajar, para llevar a los hijos, la Aldama seguirá siendo testigo de estos viajes donde va toda la vida a bordo de una moto.
Y la pregunta queda en el aire, para todos:
¿La necesidad está peleada con la imprudencia?
O ¿somos nosotros, como sociedad, los que estamos peleados con darles una alternativa?