Rebeca Almanza acaba de anunciar que venció el cáncer.
Monclova, Coah.— Está contenta, radiante, con el listón rosa en el pecho. Rebeca Almanza acaba de anunciar que venció el cáncer. Del 2014 al 2026.
“Fui paciente de Pablo Garza Ramos. Este año, el 20 de julio me dieron el alta”, dice entre risas y ojos brillosos, durante la marcha del IMSS.
¿12 años, cómo fue?
“No lo puedo comparar con otro, es el primero que paso. Estuvo cabrón. Fue muy difícil”.
Rebeca cuenta que la vida la preparó sin querer. Vivió el cáncer pegadito con dos comadres entrañables.
“Según yo era la fuerte. Ellas tenían cáncer. Ya se me murieron ambas. Cuando me sale a mí, tristemente ya me sabía el camino”.
Y le dio. “Pues ese camino tocó”.
Hoy su alegría es doble y agridulce. Mientras ella cierra su ciclo, su familia enfrenta otra batalla: un bebé de 2 años, con un tumor en la cabeza.
“Mi familia está muy triste, tenemos un bebé con un tumor. Gerardo Dael, oren por él, yo soy su tía abuela. Su cuadro está muy feo, pero tengo esperanza de que mi niño va a salir de esto. Va a ser de esas anécdotas que luego platicamos y no nos creen”.
¿El consejo para quien hoy está en la lucha?
“Que le echen ganas, todo lo humanamente posible. Lo demás, déjenselo a Dios, en la fe que tengan. Pero todo lo que está en sus manos, que lo hagan. Si les dicen que anden de maroma tres días, ándense de maroma”.
Ella tiene su propia fe: “Yo creo firmemente en una hierba que se llama Nim y lo digo recio, a mí el Nim me tumbó el cáncer. Yo lo tuve en muchas partes y aquí andamos”.
Quedan los estragos. “Te duelen los huesos, te agotas. Estos días nublados para la chaviza son románticos, para mí son reumáticos. Tienes que aprender que ya el bulevar no es para ti, búscate una vereda para que camines a tu paso”.
Rebeca recuerda cómo la detectaron, casi por hacer un favor.
“Me detectaron en octubre. Mi sueño era ser pastelera. Ferlin Yazaray me inscribió a unos cursos de la presidencia en Mendoza Berrueto. Al tercer día llega un señor: ‘traigo el camioncito para que vayan a hacerse las mamografías, en octubre’. Le faltaban tres gentes para que le pagaran. Yo de buena gente dije ‘ay pobrecito, para hacerle el favor’. Me hago la mamografía y al otro día ya estaban los del DIF en mi casa, que me presentara en Uneme Dedicam”.
Su hermana mayor, Araceli —abuela de Gerardo Dael— fue su ángel.
“No me soltó. Caminé con ella, aunque lloraba por allá, aquí era mi fuerza. Toda mi familia me respaldó. Éramos más y con ella se sostenía. Y nos hicimos bien”.
Hoy, 12 años después, Rebeca tocó la campana.