“He ido a las fábricas, a las minas, y no nos quieren dar trabajo en ningún lado”.
Monclova, Coah.- Francisco Javier Rueda Hernández, de 51 años, es originario de Monclova y durante años se empleó en Múzquiz. Sin embargo, una herida que comenzó con un simple clavo y las complicaciones derivadas de la diabetes terminaron por costarle una pierna.
“Fue con un clavo, lo pisé en la casa, se me infectó. Por la diabetes”, cuenta mientras permanece de pie sobre una sola pierna, bajo el puente vehicular ubicado en las inmediaciones de la Clínica 7 del IMSS.
Hace tres o cuatro años le amputaron la pierna. Desde entonces, asegura, no ha podido conseguir un empleo.
“He ido a las fábricas, a las minas, y no nos quieren dar trabajo en ningún lado”, dice.
Hace dos años llegó a Monclova en busca de una oportunidad. Su familia se quedó en Múzquiz.
“Me vine solo. Me da pena estar atenido. Tengo que trabajar. Mis hermanos están allá, mi esposa y mis hijos se quedaron allá. Tengo mucho que no voy”.
En Monclova le prestaron un tejabán rumbo a Santiago de la Monclova, donde actualmente se queda.
Su rutina comienza cada mañana en el bulevar, donde pide apoyo a los automovilistas. Cuando el sol se vuelve más intenso, cambia de lugar y se dirige a un Oxxo, donde vende mazapanes y banderitas.
“En la mañana vengo aquí, en la tarde me voy al Oxxo a vender mazapanes y banderitas. Cuando ya me da el sol aquí, me voy para allá”.
Permanecer tantas horas de pie también representa un esfuerzo para él.
“Se cala uno mucho aquí. Salen ampollas, se cansa uno todo el día parado con un solo pie”, relata.
A pesar de las dificultades, reconoce que en Monclova ha encontrado apoyo.
“La gente aquí sí colabora y ayuda muy bien. Cuando me pongo en la Industrial, también me apoya comprando un dulce”.
Francisco asegura que no busca recibir despensas ni dinero del Gobierno. Lo que pide es una oportunidad para seguir trabajando.
“Que me dejen seguir trabajando ahí en el Oxxo, aquí. Hace falta trabajo para las personas con discapacidad. Uno va a las fábricas y ya no te lo dan”.
No quiere regresar a Múzquiz con las manos vacías. Por ahora, prefiere permanecer en Monclova, vender dulces y esperar a que alguien se detenga para apoyarlo.