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‘No hay trabajo para los discapacitados’, vive Javier de la caridad

Desde que perdió un pie hace tres o cuatro años, ha sido difícil para él encontrar un trabajo

Desde que perdió un pie hace tres o cuatro años, ha sido difícil para él encontrar un trabajo
Javier Rueda Hernández, su rutina es todos los días la misma, en la mañana pide caridad en el bulevar, cuando aprieta el sol, se mueve.
Fátima Gaona
ZOCALO | MONCLOVA
10-09-2026
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Monclova, Coah.- Francisco Javier Rueda Hernández, tiene 51 años, es de Monclova, se empleaba en Múzquiz y perdió una pierna por pisar un clavo, hoy vive de lo que la gente le da.

“Fue con un clavo, lo pisé en la casa, se me infectó por la diabetes”, cuenta parado en un solo pie, bajo el puente vehicular en las inmediaciones de la Clínica 7 del IMSS.

Hace tres o cuatro años le amputaron la pierna. Desde entonces no ha podido colocarse en ningún trabajo.

“He ido a las fábricas, a las minas, y no nos quieren dar trabajo en ningún lado”, dice.

Llegó a Monclova hace dos años buscando una oportunidad, dejó a su familia en Múzquiz.

“Me vine solo, me da pena estar atenido, tengo que trabajar. Mis hermanos están allá, mi esposa y mis hijos se quedaron allá, tengo mucho que no voy”.

Aquí le prestaron un tejabán rumbo a Santiago de la Monclova, es donde se queda.

Su rutina es todos los días la misma, en la mañana pide caridad en el bulevar, cuando aprieta el sol, se mueve.

“En la mañana vengo aquí, en la tarde me voy a vender mazapanes y banderitas. Cuando ya me da el sol aquí, me voy para allá”.

El cuerpo le cobra factura.

“Se cala uno mucho aquí, salen ampollas, se cansa uno todo el día parado con un solo pie”, dice.

A pesar de todo, reconoce que Monclova le ha respondido mejor que su tierra.

“La gente aquí sí colabora y ayuda muy bien. Cuando me pongo en la Industrial, también me apoya comprando un dulce”.

No pide despensa ni dinero del gobierno, sólo que lo dejen trabajar.

“Que me dejen seguir trabajando aquí. Hace falta trabajo para las personas con discapacidad, uno va a las fábricas y ya no te lo dan”.

De la misma manera, Francisco asegura que no quiere regresar a Múzquiz con las manos vacías, prefiere seguir aquí, parado en un pie, vendiendo dulces, esperando que alguien se pare a darle una moneda.

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