Alerta acerca de las señales de violencia que se deben identificar para frenar el círculo de violencia que puede llegar a consecuencias extremas
Monclova, Coah.- Frente a casos de violencia extrema que sufren mujeres de Monclova y la Región Centro, la coordinadora del Centro de Atención Externa a Refugio Coprovvi, Esmeralda Mata, pidió a las mujeres romper el silencio y buscar ayuda, como parte crucial para ponerse a salvo junto a sus hijos.
A pesar del trabajo realizado por instituciones y asociaciones civiles, la violencia contra mujeres parece no tener tregua, pues la estadística señala que 7 de cada 10 mujeres en México sufren algún tipo de maltrato, y la cifra va en aumento. La también psicóloga llama a las víctimas y a la sociedad a identificar las señales de violencia y dejar de juzgar a quienes atraviesan por estos ciclos.
¿Cuál es la realidad que enfrentan actualmente las mujeres en materia de violencia en esta región?
La realidad es preocupante. Si partimos de las estadísticas nacionales, siete de cada diez mujeres en México han sido víctimas de algún tipo de violencia, y lamentablemente es un fenómeno que continúa en aumento, a pesar del trabajo que realizan organizaciones de la sociedad civil, instituciones y dependencias gubernamentales.
Es importante entender que la violencia no se limita únicamente a la relación de pareja o al entorno familiar. Hablamos de una violencia estructural que se presenta en prácticamente todos los espacios donde una mujer se desarrolla: en la familia, en el trabajo, en la escuela, en la política y en la vida pública.
¿Qué tipo de apoyo reciben las mujeres cuando llegan a Coprovvi?
Nuestro modelo de atención contempla acompañamiento psicológico, asesoría jurídica, asistencia social y, cuando el caso lo requiere, protección mediante el refugio. Contamos con un refugio especializado para mujeres cuya vida se encuentra en riesgo y que además no cuentan con una red de apoyo que pueda brindarles protección. No sólo resguardamos a la mujer, sino también a sus hijas e hijos, porque muchas veces ellos también corren peligro.
Es decir, ¿el refugio se utiliza cuando la vida de la víctima está en riesgo?
Exactamente. Son casos donde existe un riesgo alto y la mujer no tiene familiares o personas cercanas que puedan ofrecerle un espacio seguro.
En esas circunstancias podemos brindar resguardo para salvaguardar su integridad y la de sus hijos.
¿Ha cambiado el perfil de las mujeres que buscan ayuda? ¿Existe algún perfil específico?
La violencia no distingue edad, nivel económico, escolaridad, religión, cultura ni condición social. Cualquier mujer puede convertirse en víctima de violencia. Sin embargo, la población que atendemos con mayor frecuencia se encuentra entre los 18 y los 40 años de edad, principalmente mujeres jóvenes que viven violencia dentro del entorno familiar y que, además, cuentan con pocas o nulas redes de apoyo.
¿Por qué muchas mujeres carecen de esas redes de apoyo? ¿Se debe a prejuicios sociales?
En realidad, la mayoría sí tiene familiares o personas cercanas.
El problema es que muchas veces esas personas no representan una verdadera red de apoyo. Lo que suele existir es juicio, críticas y poca empatía. Con frecuencia escuchamos frases como: “Está ahí porque quiere”, “Si no se va es porque le gusta” o “Es un asunto de pareja”.
Es muy fácil opinar desde afuera sin comprender todo el proceso psicológico que vive una mujer inmersa en un ciclo de violencia.
En redes sociales es muy común leer ese tipo de comentarios cuando se conoce un caso de violencia, lamentablemente todavía existe la idea de que la mujer permanece con su agresor porque quiere, cuando en realidad detrás existe un mecanismo muy complejo.
Ninguna mujer inicia una relación esperando ser maltratada, los agresores, al principio, suelen mostrarse como personas amables, responsables, carismáticas y socialmente aceptadas.
La violencia nunca comienza con un golpe, empieza de manera gradual mediante el control, la manipulación y el aislamiento.
Poco a poco la mujer pierde su autonomía, se distancia de su familia y amistades y termina atrapada dentro del ciclo de violencia. Por eso resulta tan importante comprender este fenómeno antes de emitir juicios.
¿Cuáles son esas primeras señales de alerta que muchas veces pasan desapercibidas?
La primera es el control, el agresor no llega golpeando, primero busca ganar la confianza de la mujer, hacerla sentir especial y convencerla de que todo lo que hace es por amor y las primeras conductas suelen parecer inofensivas.
Por ejemplo, decirle que ya no salga sola porque puede pasarle algo, pedirle compartir su ubicación, cuestionar a sus amistades o sugerirle que deje de frecuentar a determinadas personas.
Muchas mujeres interpretan esas conductas como muestras de cariño o protección. Sin darse cuenta, comienzan a ceder espacios de libertad.
¿Qué otras “banderas rojas” deberían identificar las mujeres?
Aparecen las descalificaciones constantes, comentarios sobre la forma de vestir, el cuerpo, la apariencia o los gustos personales.
Frases como “Te ves mejor con esa ropa”, “No uses falda”, “No me gusta que hables con esa persona”, parecen comentarios sin importancia, pero forman parte del mismo proceso de control.
Después llegan formas más abiertas de hostilidad, el agresor comienza a responsabilizar a la víctima de sus propios enojos, le hace creer que si él perdió el control fue porque ella hizo algo mal.
La mujer termina convencida de que, si cambia su comportamiento, la violencia desaparecerá, pero eso nunca ocurre.
La violencia continúa escalando hasta manifestarse con agresiones verbales, empujones, restricciones para salir de casa, control económico y posteriormente violencia física.
El problema es que muchas de estas conductas están tan normalizadas socialmente que incluso personas especializadas pueden tardar en identificarlas.
¿Qué consecuencias tiene para una mujer vivir violencia durante mucho tiempo?
Una de las principales consecuencias es que la sociedad suele pensar que la mujer “se acostumbró” al maltrato, pero esa afirmación es incorrecta.
Lo que ocurre es un proceso psicológico mucho más complejo. Muchas víctimas desarrollan lo que se conoce como indefensión aprendida.