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Las brujas de Monclova que acabaron en las mazmorras de la Inquisición

En 1748 fueron acusadas Manuela de los Santos y Josefa Duriegas por un amarre de amor con piedra imán y pelos.

En 1748 fueron acusadas Manuela de los Santos y Josefa Duriegas por un amarre de amor con piedra imán y pelos.
Fátima Gaona
ZOCALO | MONCLOVA
10-30-2026
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Monclova, Coah.- A propósito del Día de Brujas, Monclova sí tuvo brujas. Y no volaban.

Fueron dos, juzgadas por la Santa Inquisición en 1748 y enviadas prisioneras a la Ciudad de México, donde pasaron años en mazmorras.

La historia la rescata el historiador Jesús Guajardo, quien aclara que fue un caso muy sonado, muy documentado, pero también una leyenda urbana con mucho de invento.

"Fueron dos de las principales, pero eran muchas. Tenemos libros del juicio que está allá en el Archivo General de la Nación", explica.

Las protagonistas: Manuela de los Santos, alias La India Manuela, vecina del Pueblo de San Francisco, y Josefa Diruegas o Josefa de Iruegas, La Tía Pepa, de la Villa de Santiago de la Monclova. Las dos poblaciones se separaban por la Loma del Zapopan, pero había comunicación constante.

¿Cómo las descubrieron y capturaron?

Por un morralito que se cayó en la calle.

"A una de ellas se le cayó un morralito de bombasí azul, bombasí es una tela azul, y ahí estaba una piedra de imán y un atado de pelos y más cosas ahí. Dijeron, esto, esto es brujería. ¿Y a quién se le cayó? Pues a fulana de tal y fueron, oiga, y usted, pues sí, se me cayó", cuenta Guajardo.

Ahí la interrogan y delata a la otra.

"¿Y quién se lo dio a esto? Pues me lo dio mi amiga Manuela, la India Manuela. ¿Qué significa esto? No, pues es que yo quiero atraer los amores del soldado fulano de tal. Con esto me dijo, me aseguró que él se iba a enamorar de mí. Eso era y son cosas que yo creo que todavía se hacen".

Era un amarre de amor, que en 1748 era delito de fe. El caso creció y se citó a una mujer y a otra y a otra.

"¿Verdad que usted andaba con el diablo? Y ellas decían, pues hablaban otra cosa, no hablaban español. Decían no te entiendo y ah sí, usted andaba con el diablo y le ponían ahí, ella andaba con el diablo. ¿Y dónde se juntaban? No, que contestaba otra cosa y decía, ah, en el río, en el río se juntaban. Les inventaban el caso".

Guajardo no cree la versión oficial.

"Yo particularmente no creo que hayan sido que volaran, ni que fueran volando en la noche y de aquí a Bustamante iban y venían, ni que con el diablo se juntaban ahí en el río, sabrá Dios con quién se habrán juntado. Tenía cara del diablo el tipo".

Juicio de dos años y destino en CDMX

El juicio duró como dos años y finalmente las encuentran culpables. Son las que mandan prisioneras a la Ciudad de México, en donde permanecen por años encerradas.

"Las mazmorras no son como las cárceles de ahora que tienen piso, techo y todo. Eran sótanos ahí sucios que mal comían, las torturaban. En la Ciudad de México hay un museo de la tortura de lo que sucedió a ellas".

Ese tormento hoy se puede ver en la CDMX, en el Museo de la Tortura y la Pena Capital, en calle de Tacuba 15, Centro Histórico, y en el Palacio de la Inquisición, hoy Museo de Medicina de la UNAM, en Tacuba 76. Ahí se exhiben más de 72 instrumentos originales y réplicas —cepos, grilletes, jaulas, garrotes— que usaba el Tribunal del Santo Oficio del siglo XVI al XVIII. Alrededor del 70% de las sentencias eran contra mujeres.

"Muchos de los prisioneros ahí morían después de tanto sufrimiento que se pasaban años, años en los juicios. Para la época sí fue todo un escándalo, que trascendió a nivel nacional", añade.

En Monclova no hay registro de que alguien fuera quemado en la hoguera, aunque existían la picota —palo alto en la plaza donde colgaban a los que se portaban mal con los brazos para arriba y hasta les daban azotes— y el cepo —dos vigas gruesas donde metían cabeza y brazos y quedabas inmovilizado semanas o meses.

Por eso nació la leyenda urbana.

"La gente para que se durmieran los niños, las abuelitas le decían, duérmete porque si no van a venir las brujas aquellas que se llevaron a México. Era la manera de asustar o los cuentos en la noche, antes no había tele ni radio, era contar historias y esa historia se vino contando de generación en generación, pero ahora tenemos acceso a los documentos".

Hoy el expediente está en el Archivo General de la Nación, en Lecumberri. Hay libros que paleografiaron el caso, como La complicidad en Coahuila, del diplomático Gustavo Iruegas, descendiente de Josefa Diruegas, a la que llamaba La Tía Pepa.

"Pobres mujeres, no entendían lo que les estaban preguntando y nomás decían sí, sí se veía con el diablo, ella está asintiendo".

Y cierra con ironía sobre la hoguera:

"Como no hay registro de que hayan sido quemadas en la hoguera como tal, no cabe la posibilidad de que se hayan volado. Allá en la Ciudad de México, a lo mejor se vinieron volando. Aquí había registro de brujería en Bustamante, Boca de Leones, que es Bustamante, en Nadadores y aquí en Monclova, más tirándole al pueblo".

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