Durante 36 años, José Juan Alvarado Mendoza trabajó en la Coquizadora de la Siderúrgica 1 de Altos Hornos de México.
Monclova, Coah.- Durante 36 años, José Juan Alvarado Mendoza trabajó en la Coquizadora de la Siderúrgica 1 de Altos Hornos de México. Como miles de obreros, esperaba llegar a los 60 años para retirarse con tranquilidad, pero el cierre de la empresa cambió por completo el rumbo de su vida.
La pérdida del empleo no sólo lo obligó a desempeñarse en cualquier oficio para sobrevivir; también le arrebató la estabilidad económica que había construido durante décadas y deterioró su salud física y emocional.
“Nos cambió la vida a todos”, acota.
Cuando las operaciones de AHMSA comenzaron a detenerse a finales de 2022, José Juan era comisionado de seguridad en su departamento. Fue testigo del deterioro de la empresa hasta un punto impensable: ya no había agua ni siquiera en los baños para que los trabajadores pudieran asearse al terminar la jornada.
“Como encargado de seguridad me tocó decirle a la gente que ya no fuera, que ya no se podía trabajar. Nos mandaron a nuestras casas.”
Al principio aún existía la esperanza de que la situación fuera temporal y de recuperar las semanas de salario pendientes. Sin embargo, conforme pasaron los meses, comprendió que tendría que buscar cualquier alternativa para sostener a su familia.
“Le hice de todo”, recuerda.
Lavó automóviles, limpió patios, pintó casas y consiguió un empleo temporal en el área de carga y descarga de camiones en una tienda de autoservicio. También aceptó cualquier trabajo eventual que le permitiera llevar algo de dinero a casa.
Pero aún así no fue suficiente.
Las deudas comenzaron a acumularse y tuvo que desprenderse poco a poco del patrimonio que había reunido tras más de tres décadas de trabajo.
“Desde el 2022 empezamos a vender cosas. Vendí las pantallas, el refrigerador, hasta la estufa. También vendimos los tanques de gas. Nos quedamos cocinando en una parrillita eléctrica.”
El golpe económico vino acompañado de un fuerte impacto emocional.
José Juan reconoce que la ansiedad y la depresión derivadas de la incertidumbre terminaron afectando incluso su salud.
“Me enfermé. Yo estaba más rellenito y perdí muchos kilos. La preocupación por las deudas, por no saber qué iba a pasar con nosotros, fue lo que más nos afectó.”
Con 57 años cuando perdió su empleo, sabía que las oportunidades laborales serían escasas.
Aún así, siguió aceptando cualquier trabajo que apareciera mientras esperaba cumplir la edad para pensionarse. Actualmente recibe una pensión parcial, ingreso que reconoce es insuficiente, por lo que continúa realizando trabajos ocasionales para complementar el gasto familiar.
“Una chambita que sale, la agarramos.”
Considera que uno de los daños más profundos que dejó el colapso de AHMSA fue la migración de miles de trabajadores jóvenes, quienes se vieron obligados a abandonar Monclova para buscar oportunidades en otras ciudades.
“Los trabajadores jóvenes ya no están aquí. Muchos tuvieron que irse porque tenían familias pequeñas que mantener.”
José Juan recuerda que antes del cierre los obreros gozaban de estabilidad económica y prestaciones que les permitían vivir con tranquilidad.
“Nos seguían pagando nuestro salario, las vacaciones y las prestaciones. Estábamos bien.”
Hoy, además de buscar ingresos para sobrevivir, continúa participando en las manifestaciones frente a las instalaciones de AHMSA para exigir el pago de los finiquitos de los aproximadamente 14 mil trabajadores afectados.
“Aquí no hablamos por unos cuantos. Hablamos por todos los trabajadores. Seguimos aquí porque lo único que pedimos es que nos paguen lo que por derecho nos corresponde.”
A casi cuatro años del cierre de la siderúrgica, José Juan asegura que poco a poco comienza a recuperar algo de tranquilidad gracias a la pensión, aunque reconoce que las secuelas económicas y emocionales de perder el empleo que sostuvo a su familia durante 36 años permanecerán para siempre.