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En silencio centro de Fe, Esperanza y Amor

Clausurado por una investigación de homicidio, las instalaciones del centro de rehabilitación “Fe, Esperanza y Amor” permanecen bajo el resguardo.

Clausurado por una investigación de homicidio, las instalaciones del centro de rehabilitación “Fe, Esperanza y Amor” permanecen bajo el resguard
Vecinos del lugar dicen que desde el día del asesinato de Martín Lira, no se ha visto a nadie en el lugar.
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
05-11-2026
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Monclova, Coah.- Clausurado por una investigación de homicidio, las instalaciones del centro de rehabilitación “Fe, Esperanza y Amor” permanecen bajo el resguardo de la Fiscalía General del Estado, tras registrarse la muerte del interno Manuel Lira, de 41 años, que fue víctima de un ataque letal perpetrado por sus propios custodios.

El recinto, ubicado en la colonia Óscar Flores Tapia, se convirtió en una escena del crimen el pasado miércoles, cuando dos sujetos con funciones de “padrinos” agredieron físicamente a Lira, bajo el pretexto de someterlo, sin embargo, los resultados de la necropsia desmintieron de forma contundente la versión inicial de un fallecimiento por causas naturales.

El informe forense detalló un cuadro de violencia extrema: fractura de esternón, hemorragias pulmonares masivas y múltiples lesiones en el tórax y abdomen, concluyendo que la causa del deceso fue una hipoxia severa derivada de un traumatismo pulmonar.

Mientras la Agencia de Investigación Criminal mantiene el perímetro delimitado con cintas de seguridad, el entorno del anexo luce desierto. La incertidumbre se ha extendido hasta la figura del responsable del centro, el pastor Valentín Bustos Cabrera, quien actualmente se encuentra en calidad de no localizado y según reportes judiciales, ha promovido un Juicio de Amparo para evitar su detención.

Hasta el momento, las autoridades han logrado cumplimentar el arresto de cuatro individuos: dos empleados administrativos y dos internos que presuntamente participaron en los hechos.

“No se ha vuelto a ver a nadie, ni en el centro ni en la casa del pastor; desde el día que mataron al muchacho, todo quedó en silencio”, relató una residente de la calle Viesca, quien por seguridad solicitó el anonimato.

Pese a que el sector era frecuentado por personas con problemas de adicciones, los habitantes de la zona señalaron que los ruidos provenientes del establecimiento eran parte de la cotidianeidad, lo que impidió identificar los gritos de auxilio de la víctima como una señal de alerta inmediata.

“Escuchábamos gritos constantemente, pero como realizaban servicios religiosos y había mucha gente internada, pensábamos que era el ruido normal de sus actividades. Nunca imaginamos que puertas adentro estarían asesinando a alguien”, comentaron los vecinos.

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