Tiene 60 años, a punto de cumplirlos. Cuenta que se perdió a los cuatro años y desde entonces camina. Vive en la colonia San Francisco, con su hermana Elena.
MONCLOVA, COAH.— Enmascarado, con ropa viejita pero limpia, a veces con bocina para bailar, a veces sin ella, recorre el cruce del bulevar Pape con Ejército Mexicano.
Reparte estampas de la Virgen de Guadalupe y la palabra de Dios.
En los negocios lo conocen y lo quieren. Le dicen de cariño “El Güero”.
“¿Nombre?”
“Ángel Cabrera García Quintero. ¿Y a qué te dedicas? A luchar, amo a Dios y a las estrellas”.
No pide. Bendice.
“No, yo camino”, dice cuando le preguntan en qué crucero trabaja. “Dios es amor. Dame tu mano”.
Tiene 60 años, a punto de cumplirlos. Cuenta que se perdió a los cuatro años y desde entonces camina. Vive en la colonia San Francisco, con su hermana Elena.
“Hijo de María Aurrita García... y el Quintero...”, intenta explicar su apellido. “Tengo a mi hermana Elena, con ella vivo”.
No fue a la primaria. Fue a la iglesia. Y de ahí agarró su misión.
“Amar a Dios y amar al que ama a Dios, amar al mundo. Y el que ama al mundo ama a las personas que es Jehová. Jehová hizo la Biblia y las estrellas y la luna”.
Sobrevive como puede. A veces en la calle, a veces en las iglesias.
“¿Y de qué sobrevives? A veces me pongo en la calle y en las iglesias”.
¿La máscara? Es su escudo. Dice que de chico se cayó de la casa donde vivía. Se golpeó la cabeza. La máscara lo protege y lo distingue.
“Aquí vengo o paso, yo paso. No traigo Biblia, pero Dios es amor. Yo antes era hermano y me comencé a enfermar”.
Carga flores para dejar en algún altar. Va y viene a Castaños, donde tiene familiares. Pero su base es el Pape. Ahí lo cuida la señora Perales, dice, que lo ayuda desde pequeño.
“Ella me ayuda desde pequeño. Me iba a hacer todo Monclova. Monclova y Castaños”.
Habla de brujas que espantan en la noche en el bulevar. Dice que a él no lo asustan.
“Que le den espacio porque en la noche espantan las brujas. Las brujas te hacen brujería y te avientan. Y yo no, a mí no me asustan. Yo camino de los cuatro años hasta grande”.
Se despide como llegó: bendiciendo.
“Es una bendición para ti, mi amor. Amén. Te quiero mucho. Bye”.