Samantha Reyes tenía 6 meses sin trabajo y muchas ganas de salir adelante. Su novio, Juan Ramón, no solo la apoya, le ayuda a montar el puesto y a vender.
Monclova, Coah.- Cuando Samantha Reyes, de 22 años, se quedó sin empleo hace seis meses, no contaba con un local ni con un capital para emprender. Contaba con el apoyo de su pareja, Juan Ramón López, de 26, y con la idea de vender café en la calle.
Tras la noticia, Reyes reconoce que lloró y se preocupó, pero decidió no quedarse de brazos cruzados. Su novio le propuso salir adelante en conjunto. “Vamos a hacerlo juntos”, le dijo, y desde entonces la pareja trabaja codo a codo en el proyecto.
La participación de López, aseguran, va más allá de un apoyo ocasional. Él se encarga de montar el puesto, cargar y instalar el equipo, además de atender, vender y cobrar a los clientes. “Es mi socio”, afirma Reyes sin titubeos.
Los fines de semana, la pareja se instala en la calle de la Fuente, casi esquina con Hidalgo, donde atiende pedidos entre sonrisas y tazas de café.
Ambos cuentan con una formación profesional distinta al giro del negocio. Reyes cursa el último semestre en la Escuela Normal y está por convertirse en maestra, mientras que López es contador público. Durante el fin de semana, sin embargo, cambian el título por el mandil.
El puesto es pequeño, pero ofrece una carta variada: café americano, latte, matcha para quienes buscan opciones más saludables y frappés para los que prefieren algo dulce y frío.
“Es como esos cafés famosos, pero en la calle y más económico”, explica Reyes, quien asegura que su producto no tiene nada que envidiar a las grandes cadenas.
En esta dupla, los papeles están claros: ella aporta la sazón, la sonrisa y las ideas; él, las manos y el esfuerzo físico. Juntos demuestran que, para sacar adelante un negocio, a veces basta con una buena idea, trabajo constante y la compañía adecuada.