Cuando médicamente se han agotado las posibilidades de curación, los pacientes no deben quedar desprotegidos, expresó el sacerdote Salvador Guzmán.
Monclova, Coah.- Cuando médicamente se han agotado las posibilidades de curación, los pacientes no deben quedar desprotegidos ni ser abandonados, sino recibir cuidados, atención para aliviar el dolor y acompañamiento hasta el final de su vida, expresó el sacerdote Salvador Guzmán, cuestionado en relación al caso expuesto por una familia, de que la Clínica 7 del IMSS les entregó a su ser querido, al cual según les dijeron, ya no se le podía hacer nada.
El sacerdote mencionó que cuando un paciente recibe un diagnóstico irreversible y los médicos han agotado las alternativas para curarlo, el objetivo de la atención debe cambiar: ya no se trata de buscar la recuperación, sino de aliviar el sufrimiento, ofrecer bienestar y garantizar los cuidados que necesita.
Enfatizó que ninguna persona debe ser abandonada por el hecho de tener una enfermedad incurable, ya que tanto las instituciones de salud como los familiares tienen la responsabilidad de continuar brindando cuidados básicos, atención para controlar los síntomas, apoyo emocional y acompañamiento espiritual.
También consideró importante que los pacientes reciban información sobre su condición médica y puedan expresar oportunamente su voluntad respecto a los tratamientos que desean recibir, especialmente cuando todavía tienen la capacidad de tomar decisiones.
Indicó que en México existe una cultura en la que muchas familias evitan hablar de la muerte o de los diagnósticos terminales para no angustiar al enfermo; sin embargo, señaló que la persona tiene derecho a conocer su situación y prepararse para las decisiones relacionadas con su salud.
El sacerdote también se refirió a las deficiencias del sistema de salud pública, al señalar que las carencias y limitaciones en la atención provocan situaciones que afectan a los pacientes y sus familias.
Reconoció la vocación y entrega de muchos trabajadores de la Salud, que realizan su labor a pesar de las restricciones, pero consideró necesario que las instituciones mejoren sus servicios y garanticen una atención digna y de calidad para todos los derechohabientes.
Finalmente, sostuvo que el hecho de que la medicina ya no pueda curar una enfermedad, no significa que deba dejar de atender a la persona, pues el deber de cuidar, aliviar y acompañar debe mantenerse hasta el desenlace natural de la vida.