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‘Aún despierto pensando voy de primera’

Faustino fue uno de los miles de trabajadores que quedaron sin empleo tras el cierre de operaciones de AHMSA en diciembre de 2022.

Faustino fue uno de los miles de trabajadores que quedaron sin empleo tras el cierre de operaciones de AHMSA en diciembre de 2022.
Faustino Silva hizo lo inimaginable para sobrevivir tras el cierre de AHMSA, enfrentándose a su propia depresión.
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
07-11-2026
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Monclova, Coah.- A sus 17 años, cuando gran parte de lo que hoy rodea la Siderúrgica 2 era apenas monte, Faustino Aguilar Arocha comenzó una vida que jamás imaginó terminaría de golpe.

Caminaba hasta la planta porque no había transporte. Con el paso del tiempo aprendió oficios, formó una familia, compró una casa, viajó por el país y vio crecer a sus hijos gracias al trabajo que durante 42 años le dio Altos Hornos de México.

Hoy, casi cuatro años después del colapso de la empresa, sigue esperando el finiquito que nunca llegó.

Faustino fue uno de los miles de trabajadores que quedaron sin empleo tras el cierre de operaciones de AHMSA en diciembre de 2022. Su último turno fue el de segunda.

“Nos dijeron que nos retiráramos. La empresa todavía estaba produciendo, las bandas seguían llevando mineral al Alto Horno, pero para nosotros todo terminó ese día”, recuerda.

Durante más de cuatro décadas trabajó en distintos departamentos: Peletizadora, Equipo Móvil, Mantenimiento Auxiliar y BOF. Aprendió mecánica diésel, mantenimiento de montacargas y locomotoras, primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar. También conoció el trabajo extremo, soportando temperaturas cercanas a los 50 grados en áreas de vaciado, protegido apenas por el equipo antiflama y una careta de aluminio.

“Era mucho calor, mucho polvo, pero éramos gente de mucho aguante”, dice con orgullo.

‘AHMSA nos dio todo’

Para Faustino, AHMSA no fue únicamente un empleo.

“Nos dio todo. Casa, carro, viajes, ahorros, aguinaldos, utilidades, préstamos. Era una vida holgada.”

Recuerda cuando los hijos de los obreros estudiaban carreras universitarias gracias al salario de sus padres; cuando las vacaciones eran una realidad y no un lujo; cuando cada diciembre recibían ahorro, aguinaldo y prestaciones que permitían hacer planes.

Tan sólo en 2021, entre ahorro, aguinaldo, vacaciones y préstamo, recibió alrededor de 165 mil pesos.

“Ese año todavía alcanzamos esa bonanza. Después vino la caída.”

También recuerda la convivencia dentro de la planta. En la hora del almuerzo todos compartían los alimentos.

“El que no llevaba lonche, le decíamos: acércate, aquí sobra. Todos comíamos de lo mismo.”

Cada 12 de diciembre celebraban a la Virgen de Guadalupe con matachines, tamales y barbacoa. Eran tiempos, dice, en que los obreros se sentían orgullosos de pertenecer a una empresa reconocida internacionalmente.

“Éramos privilegiados. En hoteles, bancos, comercios. Cuando decías que eras de AHMSA, te trataban diferente.”

El golpe más duro

Pero el cierre de la empresa cambió su vida en cuestión de días.

Al principio recibieron pagos semanales de mil o mil 500 pesos. Después dejaron de llegar.

Con 57 años, Faustino salió a recorrer las calles con un paquete de solicitudes de empleo, enfrentándose a una realidad que jamás imaginó.

“Nadie quería contratarme porque ya estaba muy grande.”

Sin dinero ni siquiera para el transporte, caminó buscando una oportunidad mientras la depresión comenzaba a hacer estragos.

“Bajé ocho kilos. Nomás pensaba que ya no tenía trabajo.”

Finalmente, encontró empleo como guardia de seguridad en distintas dependencias, hasta cumplir los 60 años y poder tramitar su pensión.

“La pensión ayuda a sobrevivir, pero no es lo mismo. La vida cambió 180 grados.”

Un duelo que sigue abierto

Aunque el tiempo ha pasado, el duelo no termina.

Hay mañanas en las que todavía despierta convencido de que debe ir a trabajar.

“Me levantaba y mi esposa me preguntaba: ‘¿A dónde vas?’. Y luego reaccionaba... ya no estaba en AHMSA.”

En su casa aún conserva la ropa antiflama, las boletas de pago y otros recuerdos de una etapa que marcó su vida.

“Yo pienso que todo esto es un sueño... una pesadilla.”

Faustino asegura que el impacto emocional del cierre cobró una factura muy alta entre sus compañeros.

Afirma que, hasta ahora, 82 ex trabajadores de AHMSA han fallecido, principalmente por infartos, embolias o cáncer, mientras que dos más se quitaron la vida.

“La gente dice que eso no tiene que ver con AHMSA, pero claro que sí. La depresión enferma.”

Cada cierto tiempo se reúne con un grupo de ex obreros en un restaurante para platicar, recordar los viejos tiempos y mantenerse unidos mientras siguen esperando el pago de su finiquito.

“Cuando cobro mi pensión y veo a un compañero batallando, le doy 500 pesos. Porque yo también pasé por eso.”

Agradecido, pese a todo

A pesar del dolor, Faustino no guarda rencor hacia la empresa donde trabajó prácticamente toda su vida.

“Yo estoy agradecido con AHMSA. Me dio mi casa, me dio mis recuerdos, me dio todo lo que tengo.”

También reconoce el apoyo que durante varios meses recibieron miles de trabajadores por parte de la cadena Merco, que entregó despensas únicamente presentando la ficha de empleado.

“Hicieron lo que no pudieron hacer los gobiernos.”

Sin embargo, cuando observa las instalaciones abandonadas de la siderúrgica, admite que ya perdió la esperanza de verla producir nuevamente.

“La empresa cada día está más deteriorada, más saqueada. Ya nadie la va a querer.”

Y mientras el tiempo sigue avanzando, él conserva algo que ni la quiebra pudo quitarle: el orgullo de haber pertenecido a una generación de hombres que construyó, con acero, sudor y sacrificio, una parte de la historia industrial de Monclova.

 

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