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¿Se puede 'caer' la mollera? Esto dice la ciencia detrás de esta creencia popular

Una fontanela hundida no es un daño en el cráneo, sino un signo clínico que puede indicar falta de líquidos en bebés.

Una fontanela hundida no es un daño en el cráneo, sino un signo clínico que puede indicar falta de líquidos en bebés.
¿Se puede caer la mollera? Lo que dice la ciencia | Especial
Excelsior
ZOCALO | MONCLOVA
12-31-2025
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La idea de que “la mollera se cayó” combina miedo, tradición y urgencia en un solo diagnóstico popular que, durante generaciones, ha pasado de boca en boca en distintas regiones del mundo, especialmente en América Latina. 

Para muchas familias, esta frase explica de inmediato el decaimiento de un bebé, su llanto inconsolable o un cambio visible en la parte superior de su cabeza. Sin embargo, la ciencia médica aborda este fenómeno desde una perspectiva muy distinta a la de algunas costumbres arraigadas.

¿Qué es realmente la “mollera”?

La “mollera”, médicamente conocida como fontanela, es una membrana flexible ubicada en la parte superior del cráneo del bebé, donde varios huesos craneales aún no se han fusionado. Lejos de representar un defecto o una zona frágil, esta estructura es esencial para el desarrollo infantil, como explica MedlinePlus. 

La fontanela cumple dos funciones clave: permite que el cráneo del bebé se comprima ligeramente durante el parto y, aún más importante, facilita que el cráneo se expanda conforme el cerebro crece con rapidez durante el primer año de vida. Gracias a esta flexibilidad, el cerebro puede desarrollarse sin restricciones.

De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría (AAP), el punto blando no se “desploma” ni se mueve de forma independiente. Está diseñado para ser resistente y adaptable, no frágil. 

La AAP también aclara que los cambios en la apariencia de la fontanela son previsibles y, en la mayoría de los casos, benignos. Su forma puede variar según la postura del bebé, el llanto o su estado de hidratación, factores que pueden malinterpretarse fácilmente como algo grave si no se cuenta con información médica.

Mito vs. evidencia: ¿puede realmente “caer” la fontanela?

Uno de los mitos más extendidos sostiene que la fontanela se cae por cargar mal al bebé, por un destete repentino, por una succión intensa del biberón o incluso a causa de un susto. Sin embargo, la evidencia científica contradice por completo estas ideas.

Según la AAP, no existe ningún mecanismo anatómico por el cual la fontanela pueda caerse o colapsar hacia adentro por sí sola. Los huesos del cráneo están unidos por suturas firmes y tejido conectivo especializado. 

Lo que los cuidadores perciben como una mollera “caída” suele ser, en realidad, una fontanela hundida, que no es un diagnóstico en sí mismo, sino un signo clínico que requiere evaluación.

Este matiz es clave: no se trata de una lesión local ni de un problema mecánico, sino de una señal de que algo ocurre en el equilibrio interno del organismo del bebé.

Lo que la medicina sí reconoce sobre la fontanera hundida

Datos publicados por Healthy Children, y AAP, señalan que una fontanela visiblemente hundida se asocia con mayor frecuencia a la deshidratación. 

La depresión de la fontanela se encuentra entre los principales signos de alerta, especialmente cuando se presenta junto con otros síntomas como:

• Disminución en la cantidad de orina

• Boca o labios secos

• Letargo, irritabilidad o decaimiento

• Ausencia de lágrimas al llorar

Estas señales no deben evaluarse de forma aislada, sino como parte de un conjunto que ayuda al pediatra a determinar la gravedad del cuadro.

¿Por qué la deshidratación altera la apariencia de la fontanela?

La deshidratación reduce el volumen de líquidos que circulan en el cuerpo. En los bebés, cuyos tejidos son especialmente sensibles a los cambios en el balance hídrico, esta disminución puede manifestarse en alteraciones físicas sutiles pero visibles.

Cuando el cuerpo pierde líquidos, la membrana de la fontanela puede verse ligeramente hundida. Esto no implica daño ni desplazamiento alguno, sino un reflejo temporal del estado de hidratación, comparable a la piel seca o a la disminución en la producción de lágrimas.

La AAP subraya que este signo siempre debe interpretarse dentro de un contexto clínico completo y nunca como una señal única o definitiva.

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