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Recuerda Celorio las historias de su literatura;recibirá el Xavier Villaurrutia

Ahonda el escritor sobre su libro Mentideros de la Memoria, libro galardonado con el premio

Ahonda el escritor sobre su libro Mentideros de la Memoria, libro galardonado con el premio
Foto: Zócalo | Agencia Reforma
Agencia Reforma
ZOCALO | MONCLOVA
07-02-2023
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Ciudad de México.- Como escritor y académico de la lengua, Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948) utiliza la palabra “privilegiado” con todas sus letras, frontalmente, y con esa suerte de gozo sólo reservado para quienes saben que, por una razón u otra, la vida les ha sonreído bien.

Tal vez ningún otro adjetivo podría describir mejor la situación de un amante y estudioso de la literatura hispanoamericana que, ya sea en las aulas, los congresos o en las cantinas, ha tenido la oportunidad de tener charlas, risas, polémicas, abrazos y tragos con algunos de los mejores escritores de su siglo.

¿Quién, si no un privilegiado, podría haber compartido una ponencia con Julio Cortázar, un café con Juan Rulfo, cubas libres y música tropical con Umberto Eco y charlas extensas en La Habana con Eliseo Diego y Dulce María Loynaz?

Esta sensación de maravilla constante atraviesa las páginas de Mentideros de la memoria (Tusquets), su libro más reciente, como un compendio de anécdotas que, aunque se leen confesionales y personalísimas, lo excluyen del centro de los relatos.

“No quise ser nunca el protagonista de estas memorias. Es interesante, porque es un libro autobiográfico, como toda memoria, pero en esta autobiografía, que es una autobiografía más de lectura que de vida, el protagonista no es el autor, sino los protagonistas son los escritores a los que hago referencia”, explica en entrevista.

“Yo me convierto en una especie de testigo de estos acontecimientos, un testigo privilegiado”, abunda.

El libro, que este año ganó el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, que recibirá el próximo 11 de julio a las 19:00 horas en el Palacio de Bellas Artes, lleva en la portada, con acierto, una fotografía de la extensa biblioteca de Celorio, como una declaración de a quién se deben esas memorias.

“No hablo de escritores de mi generación, ni de ninguna manera trato de meterme yo de contrabando en ese elenco, sino más bien es un libro de tributo admirativo a los escritores de la segunda mitad del siglo 20 que tanto alimentaron mis lecturas, mi visión del mundo, de la literatura, y a quienes tuve el privilegio de conocer en muchos casos”, expone.

“Empecé a husmear en mis recuerdos a propósito de la relación tan privilegiada que tuve, por diversas circunstancias, de conocer a algunos escritores, algunos nada más de paso, otros a tratarlos más cercanamente, otros a ser amigos de ellos y otros, en algunos casos, como el de Juan José Arreola, a ser su alumno”, detalla.

Como un proyecto nacido durante la pandemia de Covid-19, cuando cada martes se reunía virtualmente con amigos para leerles anécdotas, cada capítulo está desprovisto de tapujos, algo que, a decir de su autor, no abunda en la tradición literaria del idioma.

“En la tradición de lengua española, las autobiografías no han tenido mucha importancia ni mucha significación, porque hay un pudor en la historia de la literatura mexicana e hispanoamericana y, también, en buena medida, en la española, que impide hablar de la vida privada”.

Celorio, quien se inscribe dentro de la corriente de la autoficción, se reconoce como un autor memorioso, como lo demuestra la trilogía conformada por Tres lindas cubanas (2006), El metal y la escoria (2014) y Los apóstatas (2020).

No obstante, como en aquellos libros, donde la historia de su familia sirve para ilustrar la Historia, con mayúscula, de su tiempo, aquí sus memorias del trato con escritores ponen por encima las reflexiones sobre su obra.

Un ejemplo de ello es el de Cortázar, a quien Celorio admira desde joven y a quien tuvo oportunidad de presentar, en su calidad de director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en su mítica conferencia en el Auditorio Justo Sierra en 1983.

Al siguiente capítulo, Celorio -quien confiesa que dividió su vida en “antes de J. C. y después de J. C”.- narra una escapada romántica en París, como miembro de la Asociación Internacional Julio Cortázar, donde la literatura es la verdadera protagonista, al poner al centro del relato a la ciudad que el argentino describió en Rayuela.

Así, las noches en el Bar Siqueiros con Gabriel García Márquez, una noche de fiesta con Umberto Eco en el Bar León y una última comida con Augusto Monterroso, ayudan a perfilar, a través de momentos cálidos, las cualidades literarias de los autores.

No obstante, las memorias no siempre pueden ser luminosas

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