Además de hacerte pagar los tamales el 2 de febrero, los muñecos en la rosca de Reyes tienen un profundo simbolismo religioso
El colofón de las fiestas decembrinas lo marca el 6 de enero cuando, según la tradición, tres monarcas originarios de distintos puntos del Oriente llegaron al pesebre en el que se encontraba Jesús para rendirle homenaje.
De acuerdo con la Biblia, los tres astrólogos seguían el augurio de una estrella, según la cual un nuevo rey se alzaría en la tierra de Judea, algo que alarmó al entonces regente de dichas tierras, Herodes Antipas.
A su paso por Belén, los también nombrados Reyes Magos hicieron ofrendas de oro, incienso y mirra, todos ellos materiales lujosos en la época y que, sin duda, sorprendieron a los habitantes de esta zona rural.
Este gesto desató una cruel persecución y asesinato de cientos de niños en toda Judea, pues Herodes no quería que otro rey ocupara su trono. Sin embargo, de forma milagrosa, Jesús logró ser escondido y sobrevivió.
La tradición de la rosca de Reyes data de la Edad Media, cuando panaderos europeos crearon una pieza con un triple significado: por un lado, su forma ovalada implica el amor infinito de Dios, los adornos las gemas de las coronas y las cosas ocultas la búsqueda en la fe.
De hecho, en un principio, las roscas no tenían figuras de niños escondidas. Dependiendo la región se ocultaban habas, monedas de oro, semillas y otras piezas cuyo significado se apegaba a la tradición litúrgica.
Los pequeños muñecos que representan al niño Jesús se agregaron siglos después, y representan precisamente la huida de José y María, guiados por un ángel, para poner sano y salvo al hijo de Dios.
Tanto el pan como la tradición llegaron a las Américas con la Colonia, asentándose como una de las principales herramientas para la evangelización de los pueblos originarios y su conversión al catolicismo.
De acuerdo con la tradición, las personas que obtienen el muñeco en la rosca de Reyes tendrán gran fortuna, pues el hallazgo de la representación del niño Jesús implica una bendición.
Hace algunas décadas, quienes lo encontraban se convertían en sus “padrinos”, por lo que tenían que vestirlo para el Día de la Candelaria, el 2 de febrero, fecha en la que también deberían ofrecer un banquete de tamales y atole.