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Sifuentes, el señalado por El Grande en Narcocracia

El jueves fue liberado a la circulación “Narcocracia; El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México” (Grijalbo, 2026)...

El jueves fue liberado a la circulación “Narcocracia; El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México” (Grijalbo, 2026)...
Luis Carlos Plata
ZOCALO | MONCLOVA
09-27-2026
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El jueves fue liberado a la circulación “Narcocracia; El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México” (Grijalbo, 2026), libro de la periodista Anabel Hernández. El documento periodístico se presenta dos años después de su antecesor: “La historia secreta; AMLO y el Cártel de Sinaloa” (Grijalbo, 2024), de la misma autora.

Sin ser necesariamente una continuación, hay un vínculo entre ambos trabajos que sirve como hilo conductor: la relación casi simbiótica entre políticos y delincuencia organizada en el país. Una élite económica y criminal transversal a todos los partidos que han tenido poder algún día. “Cuando el crimen impone las reglas, la narcocracia sustituye a la democracia”, define Anabel.

Narcocracia es el testimonio en primera persona de Sergio Villarreal Barragán, alias “El Grande”, narcotraficante originario de Torreón (1969), transcrito por ella y secuenciado e intercalado con la interpretación que hace de los hechos relatados, poniéndolos en contexto y ampliándolos con mayor información para su mejor identificación y comprensión.

Nace de una entrevista realizada durante 2024, en Estados Unidos, luego de su participación como testigo colaborador en el juicio contra Genaro García Luna en Nueva York, en la cual explica su trayectoria por orden cronológico: desde su nacimiento e infancia en Torreón Jardín, hasta su captura en 2010, pocos meses después del evento canónico en su vida, representado por la muerte de Arturo Beltrán Leyva, su último jefe y a quien rinde pleitesía post mortem.

Y aquí viene lo interesante. Narcocracia, a diferencia de su obra predecesora, incluye a políticos coahuilenses en la trama. En específico a uno de ellos: José de Jesús Raúl Sifuentes Guerrero, de San Pedro de las Colonias.

La relación entre Villarreal Barragán y Sifuentes Guerrero data de principios de la década de los noventas, siendo entonces el primero agente de la Policía Judicial de Coahuila y el segundo subprocurador de la Procuraduría General de Justicia del Estado, en Torreón (1991-1993).

En 1992, Sifuentes fue quien le promovió y apoyó para participar en una convocatoria de la Procuraduría General de la República para ingresar a la Policía Judicial Federal, e irse a la Ciudad de México.

Y ahí comenzó la ruta delincuencial que progresivamente fue in crescendo y para “El Grande” duró casi dos décadas. A Coahuila regresó posteriormente como “jefe de grupo” de la PJF en Ciudad Acuña, Piedras Negras, Saltillo y Torreón.

Cito textualmente un párrafo del documento periodístico que alude a Sifuentes: “yo le regalaba pollo, le regalaba fruta que me daban los fayuqueros, le compraba su relojito, no un Rolex, pero regalos de ese tipo. Aprendí cómo se aceitaba la maquinaria. Cuando Sifuentes o alguno de los jefes me decían que iban a tener una fiesta, me pedían ayuda: “oye, tengo una fiesta, consígueme esto”. Yo les entregaba botellas de Don Pedro grandotas o de whisky, las compraba con lo que ganaba de la corrupción y se las regalaba. Yo estaba bien con ellos y a mí nadie me molestaba: no iba a las oficinas, ni pasaba lista, ni nada. No me quería ir a la Ciudad de México, el subprocurador Sifuentes me insistió y me apoyó con ese nuevo comienzo de mi vida”.

Por separado, Anabel Hernández afirma: “el exsubprocurador Raúl Sifuentes Guerrero, quien se beneficiaba de las dádivas de Sergio Villarreal provenientes de la ilegalidad, continuó su propia carrera”.

Y ahí menciona que, rueda rodando, llegó a ser nombrado en 2025 titular de la Unidad de Inteligencia Financiera del Gobierno de Coahuila, recalcando una responsabilidad entre sus atribuciones: “combatir el lavado de dinero”.

Esa oficina, en los hechos, no tiene dicha capacidad ni ninguna otra. Es como el gato de Schröedinger: está viva y muerta al mismo tiempo. La UIF fue concebida para acalambrar a opositores, no obstante acalambra más una máquina de toques en la cantina.

Cortita y al pie

La contribución más reciente de Sifuentes al sistema fue la elección local de 2013 por la Presidencia Municipal de Torreón. Con su campaña por Movimiento Ciudadano dividiendo el voto opositor (en el Ayuntamiento gobernaba el priísta Eduardo Olmos, cabe señalar), generó un boquete de votación suficiente para que Miguel Riquelme, a la sazón candidato del PRI, ganase por una diferencia mínima pese a que las encuestas de preferencia, semanas atrás de la jornada electoral, marcaban una ventaja considerable a favor del abanderado panista, Jesús de León Tello.

Aquella hazaña ha sido recompensada con creces.

Sigue Infraestructura y Transporte, S.A.P.I. de C.V., empresa de la familia de Sifuentes, se convirtió en uno de los principales beneficiarios de adjudicaciones durante la gestión de Román Alberto Cepeda en Torreón (214 millones de pesos entre 2022 y el 31 de enero de 2025) por supuesta recolección de escombro, como en su día fue señalado en este mismo espacio.

“Yo creo que México es un país de corrupción, no nomás nosotros, que pertenecimos a alguna corporación policiaca o militar. Todos queremos arreglar algo con dinero. Así era el México de antes y el de ahora. Ése es el México donde uno se acostumbró a crecer, a vivir, donde uno aprende a ver la corrupción como algo normal, como un estilo de vida”, reflexiona “El Grande”.

La última y nos vamos

En el desarrollo del libro hay otros fragmentos interesantes que se vinculan con Coahuila, como anécdotas con capos locales como Juan Chapa Garza, Pancho León, El Chino Lam (Alfonso Lam Liu), o confesiones como que “El Z-40 organizaba carreras de caballos en Saltillo”.

La moraleja que deja Narcocracia es que el sistema político es inevitablemente un ecosistema plural, donde cohabitan chicos buenos y chicos malos. Así, para que existan Gabrieles Elizondos tienen que existir necesariamente Raules Sifuentes.

Este último, sin embargo, fresón a comparación de otros coahuilenses con influencia y poder más reciente en la línea del tiempo, que ya no tocaron en su etapa de esplendor estatal a “El Grande”, por eso no aparecen citados en la obra.

Pero esa es otra historia.

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