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Ser de Monclova y votar por Morena; una contradicción hasta biológica

A los monclovenses ya les desvielaron su motor económico y, con ello, el sentido de identidad y pertenencia. ¿Qué más necesitarían para abrir los ojos...

A los monclovenses ya les desvielaron su motor económico y, con ello, el sentido de identidad y pertenencia. ¿Qué más necesitarían para abrir los
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
02-19-2026
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En cansino que todavía hoy, en 2026, luego de tanto tiempo transcurrido y casi todas las etapas del proceso consumadas, haya debate tierra adentro, es decir, en Monclova y la Región Centro de Coahuila, incluso en la Carbonífera y la Norte, como de hecho lo hay, sobre quién es el culpable de la quiebra de Altos Hornos de México.

Es cuestionable que haya dudas, incluso. Que luego de la tragedia no hayamos aprendido nada. Que no estemos observando los hechos con claridad ni en su justa dimensión.

A los monclovenses ya les desvielaron su motor económico y, con ello, el sentido de identidad y pertenencia. ¿Qué más necesitarían para abrir los ojos?

Hace unos días, por si ocupaban un norte, en su multicitado libro recién publicado, Ni Venganza ni Perdón (Planeta, 2026), Julio Scherer Ibarra ofreció un testimonio que se relaciona con el tema, el cual vivió de primera mano.

“El Presidente, anticipando la quiebra de Altos Hornos, me dijo –y lo expresó públicamente, que eso es lo más importante– que fuéramos a ver a Julio Villarreal, dueño del banco Afirme y un empresario muy grande en el sector acerero. Villarreal le compraba entonces a Altos Hornos mucho material para revenderlo. Pero, casualmente, no sólo me pidió a mi ir a ver a Villarreal, le pidió a Lázaro Cárdenas Batel que fuera conmigo.

“Reitero: no lo visité a título personal, lo hice enviado por el Presidente para tratar de rescatar a la empresa, con la idea de que la comprara. Villarreal hizo un esfuerzo muy grande por tratar de salvar Altos Hornos de la quiebra, pero no lo consiguió. Alonso Ancira siempre se negó a entregarla”.

La redacción importa. Los tiempos verbales también. Se habla de “entregar” un bien que, en este caso, es propiedad privada. Por qué debería hacerlo su accionista mayoritario, de entrada. A causa de qué la extorsión oficial.

Obviando, por supuesto, el negocio que se pretendía dirigir desde el poder sin que fuese éste atribución presidencial: un cambio deliberado de dueños. Tú pierdes, tú ganas.

Como fecha en que sucedieron los hechos, Scherer Ibarra sólo menciona lo siguiente, sin precisión: “Cuando López Obrador entró al Gobierno”. Acto seguido, escribe una condicionante: “la empresa Altos Hornos, que era de Alonso Ancira, estaba en muy malas condiciones económicas”.

Y finalmente, una revelación de intenciones: “A Andrés Manuel lo que más le importaba era que fuera a quebrar”. Dicho de otra forma: confiesa que se trató de una acción, si no planeada, sí previamente calculada, con alevosía y ventaja.

Ello explica, por ejemplo, la cancelación unilateral (quién sabe si con indemnización por terminación anticipada de contrato, aunque la respuesta es obvia) de los pedidos millonarios de carbón de CFE a Micare, subsidiaria de AHMSA, con las características del mineral de la cuenca del Río Escondido que sólo Ancira Elizondo posee todavía al día de hoy, pues monopoliza las concesiones de lotes, asestándole un duro golpe financiero en plena pandemia con la intención de debilitar a la acerera.

 

Cortita y al pie

Por lo demás, Salvador Allende, aquél comunista chileno en el poder, inmolado dentro de la propia sede del Gobierno Presidencial en 1973, acuñó una frase para la posteridad: “ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”. Una cita entendible por la proclividad al riesgo que biológicamente experimentamos durante la etapa juvenil.

Parafraseando aquella sentencia, y tropicalizándola, al contexto que nos ocupa, actualmente se podría decir que ser de Monclova y votar por Morena, es una contradicción hasta biológica.

Y la explicación es muy sencilla, ya que significaría ir contra su propia naturaleza, al empoderar al grupo de aquél verdugo que mermó las condiciones sociales y económicas de una Región gracias a sus filias y fobias. Atentar contra su propia supervivencia. Biología, pues.

Otrora los monclovenses compartían características comunes con los regiomontanos, en torno al sentido del trabajo y la convivencia. Hoy, en cambio, aquello es una estepa. Hasta el carácter de su gente, festivo y solidario, se ha transformado. La idiosincrasia es otra.

Apartemos, por un momento, otros ángulos del asunto (si AHMSA es o no una empresa productiva todavía en este momento; las indemnizaciones posibles o no; la subasta; trabajadores aferrados a una cosa que ya no existirá, sin pasar página; proveedores que se beneficiarán de una eventual entrada de liquidez; la reactivación) y centrémonos en lo importante: un pueblo informado y politizado, y acaso lo más relevante: consecuente, reprobaría cualquier aspiración del emblema guinda en ese territorio. Ni Gobierno ni representantes. Para ellos, ni un vaso de agua.

 

La última y nos vamos

“Julio es como mi hermano; nos ha ayudado mucho. Él es parte de proceso de transformación”, dijo López Obrador la mañana del 2 de septiembre de 2021, al anunciar la salida de Scherer Ibarra de su Gabinete, donde se desempeñó tres años como consejero jurídico de la Presidencia.

Por ello, a confesión de parte, relevo de pruebas. Y que no haya ilusos para que no haya desilusionados.

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