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Polarizo, luego existo; la acostumbrada proclividad al victimismo de Morena en La Laguna

Qué otra cosa es el periodismo, sino registro y memoria. Documentar sucesos y, en un segundo momento, encontrar una conexión lógica entre ellos.

Qué otra cosa es el periodismo, sino registro y memoria. Documentar sucesos y, en un segundo momento, encontrar una conexión lógica entre ellos.
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
03-19-2026
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Qué otra cosa es el periodismo, sino registro y memoria. Documentar sucesos y, en un segundo momento, encontrar una conexión lógica entre ellos. Luego ir más allá: reunir estadísticas a partir de las historias, y cuestionar estas últimas haciéndose las preguntas básicas para aproximarse a la verdad.

Dicho lo anterior, existe un fenómeno que se manifiesta cada proceso electoral en La Laguna desde la irrupción de Morena en el tablero político, y no lo estamos registrando: la victimización de sus actores políticos cuando se trata de elecciones estatales (nunca en las federales, ojo). Concretamente, en ambientes de nulo interés por participar (por tanto cero apasionamiento y escasa atención al desarrollo del proceso).

Si bien durante más de dos décadas, de 1996 que hubo alternancia por primera vez en Torreón, a 2018 (coincidentemente con Jorge Zermeño las dos veces al mando de la Presidencia Municipal), hubo una disputa entre el PAN y el PRI por las posiciones políticas de la región, tomando el poder unos y otros por distintos periodos, nunca esa rivalidad se desbordó a la violencia física consuetudinaria.

Algunos, los más simplistas que repiten consignas y mantienen sus emociones fanatizadas, dirán que al tratarse de lo mismo PAN y PRI, no había entonces encono en la contienda, sino simulación y concertacesión; peleas arregladas, pues. Y al irrumpir Morena, un adversario verdadero —bajo esa misma lógica fundamentalista poco analítica— se gesta de manera natural una batalla real que rebasa los límites democráticos.

Y no será que las actitudes propias de Morena, como la estrategia polarizante permanente, encaminada a la movilización reaccionaria, son combustible de lo que señalan. Qué decir de su proclividad autoritaria, o los rasgos antisociales que les llevan a infringir a su conveniencia cualquier tipo de regla mientras ésta no les favorezca.

En 2020, por ejemplo, Cristian López, a la sazón candidato a diputado local por el distrito 9 de La Perla de La Laguna (hoy director de Atención Ciudadana en el Ayuntamiento encabezado por el PRI), denunció públicamente la desaparición de su hermano y un colaborador; el hecho relatado por él involucró también a una hermana suya, y a un grupo armado cometiendo el secuestro.

En 2023, ‘Pily’ de Aguinaga, en ese momento candidata a legisladora por el distrito 10 de Torreón (hoy nuevamente precandidata única al mismo cargo), reunió a los medios de comunicación para exponer que fue atacada por un grupo de personas mientras realizaba un recorrido proselitista, suceso que involucró el uso de gasolina, piedras, palos, botellas de vidrio y armas punzocortantes.

En 2024 Shamir Fernández, esposo de la referida y candidato a la Alcaldía, denunció de igual forma, es decir, a los medios de comunicación, una agresión verbal proferida por una mujer durante un recorrido de campaña. A su vez, se dolió de acoso policiaco, de hostigamiento a militantes de Morena y PT, de retiro indebido de propaganda en bardas, y de ataques sistemáticos en redes sociales.

Este 2026, días atrás, Antonio Attolini, precandidato sin competencia interna por el distrito 11, también convocó a las cámaras y micrófonos como caja de resonancia, para quejarse de un robo (sin especificar de qué) cometido en casa de su hermano (ubicada en un fraccionamiento privado).

En esta ocasión, sin embargo, se adelantó varios meses el relato; la narrativa victimista. El cálculo político no parece ser el mejor, pues aún faltan 47 días para que inicien oficialmente las campañas, y 80 para la jornada electoral, así que tanta anticipación ante hechos que pretenden despertar emociones y conducir a reacciones, provocará un nulo efecto en la agenda.

 

 

Cortita y al pie

Cabría cuestionar, de entrada, por qué no sucede lo mismo en la Región Sureste, o incluso en la Norte (que es problemática por su natural condición fronteriza).

El manual en La Laguna es más o menos el mismo: lonas robadas, espectaculares vandalizados, actos de intimidación, agresiones físicas, detenciones ilegales. Casos que, después de las elecciones, terminan en nada. O por lo menos nada serio.

Un patrón de comportamiento que apunta hacia dos objetivos: generar la percepción de que la preferencia electoral es tan amplia, y prácticamente irreversible, que se les pretende ganar a la mala con tretas y jugarretas ante la falta de aceptación. Y, por otro lado, pavimentar el camino a una eventual derrota, justificándose así ante la opinión pública, patrocinadores y dirigentes centralistas, de que pierden debido a las condiciones adversas, no a la incapacidad propia.

Es Morena; no existe ni habrá autocrítica ni respeto por la inteligencia colectiva.

 

 

La última y nos vamos

Por lo demás, ninguno de quienes usaron la carta del victimismo logró en su día un crédito inmediato, mucho menos la victoria. Por qué, entonces, recurrir a la misma.

 

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