Con los ojos puestos en la Copa Mundial de la FIFA 2026, uno de los temas adyacentes al fútbol es la presencia de políticos locales...
Con los ojos puestos en la Copa Mundial de la FIFA 2026, uno de los temas adyacentes al fútbol es la presencia de políticos locales como público en los partidos (en específico, aquellos facilitadores del régimen que todavía esparcen el discurso demagógico de la austeridad republicana y fomentan el pobrismo como doctrina entre sus clientelas, pero ni por asomo lo adoptan ellos en su vida personal).
En los primeros 21 días del torneo, con actividad futbolística uno tras otro, habían aparecido algunos discretamente. El neo Senador Gabriel Elizondo en Monterrey, por ejemplo, en el nocturno Suecia–Túnez del 14 de junio. Otros no coahuilenses, la mayoría, en Ciudad de México. A hurtadillas algunos, o mimetizándose entre el vulgo, o en la exclusividad de un palco con acceso independiente por donde no ser tan fácilmente fotografiado.
Hasta que irrumpió un viejo conocido de la Región Norte de Coahuila: Carlos Jacobo Rodríguez, Alcalde de Piedras Negras por Morena-PT, quien fue captado en un asiento de la fila 25 del Hard Rock Stadium, en Miami, durante el partido Argentina-Cabo Verde, cuyas entradas oscilaban entre dos mil y 50 mil dólares a la venta, dependiendo del proveedor y la reventa, entre otros factores que alteran el costo final. O sea, entre 35 mil y 875 mil pesos, al tipo de cambio actual.
Ahora bien, tomando como referencia los lineamientos del Instituto Electoral de Coahuila en torno al horario laboral de un Presidente Municipal (así sea para efectos de campaña), su jornada termina a las 15:00 horas. Pero llegar de San Antonio, Texas, a Miami en vuelo directo, supone tres horas de avión, sin documentación, esperas ni retrasos. De la frontera mexicana al aeropuerto de San Antonio hay por lo menos otras dos horas. Y del aeropuerto de Miami al estadio una hora más.
Es decir, haya sido esa la ruta, o cualquier otra desde la capital de la República, Jacobo tuvo que invertir media jornada de viernes en traslado para llegar a tiempo al partido (a las 4 PM, hora del centro del país, ó 6 PM hora local en Florida), y dejar de trabajar por consecuencia.
Al día siguiente, luego de las reacciones provocadas en la opinión pública, el Alcalde mandó saludos desde Miami (mostrando la opulencia de los edificios altos a su alrededor desde un balcón de un condominio en el distrito Brickell, centro financiero de la ciudad, donde transmitió un video vía Facebook, con el banco Northern Trust de fondo).
“A mí me gusta que mi vida personal se quede personal”, dijo. Pero él y sus allegados lo publican todo en redes sociales (sin que lo anterior se trate de una concesión para el escrutinio público, aunque como tal funciona).
¿Hasta qué punto convergen la vida personal y la vida pública en la misma plataforma, de tal forma que la línea divisoria entre ambas ya no se distingue?
“Yo vengo de una familia empresarial; no crean que vivo de la política”, justificó. “Andan vueltos locos porque hemos estado diciendo que somos número uno en todo”, explicó.
Esto último, no obstante, asemeja la publicidad oficial que diseminó el Gobierno de Nuevo León a propósito del cuarto informe de Samuel García, el año pasado: “Primer lugar en todo”.
“Somos la mejor Administración de la historia”, afirmó Jacobo en su defensa. Previamente, Samuel había dicho lo mismo meses atrás: “Este quinto año de gobierno será el mejor en la historia de nuestro estado”.
“En modo party”, también como Samuel, Jacobo ha dado una buena noticia: su visa de turista para ingresar a Estados Unidos no ha sido cancelada. Algo envidiable por otros de sus correligionarios de partido y coalición en el estado.
Cortita y al pie
Se ha escrito antes en este mismo espacio: experimentamos la “Samuelización” de la vida pública, y de forma irresistible. Casi nadie puede contenerse de arrojarse a los brazos del hedonismo y egocentrismo que se vive actualmente, con Samuel García, Gobernador de Nuevo León, como estereotipo a seguir. En especial aquellos que ocupan cargos de representación popular.
Ya no se pertenecen, parafraseando a Hugo Chávez. En su libro “Generación idiota” (2023), el argentino Agustín Laje plantea la tesis del “adolescentrismo” para explicar un fenómeno que abarca de manera transgeneracional el comportamiento social.
A Jacobo le gusta la farándula. El oropel. Lo deslumbrante. El “brilli-brilli”.
Monta autos caros (que sean de lujo ya es otra cosa, y además discutible) con Gabito. Brinda junto al Nata. Comparte tiempo y espacio con Nicola Porcella. Le gusta pararse bajo el reflector donde las masas miran en un momento determinado.
No iba a dejar de hacer cosas que le satisfacen, entre los 37 y los 39 años de edad que cumplirá mientras transcurre el trienio municipal para el cual fue electo en 2024. Con sus acciones ha reafirmado que no le amilanan las críticas y no cambiará su forma de ser.
Ahora bien, ¿eso ayuda, o estorba? ¿Facilita, o perjudica?
Así sean administradores temporales, el estilo personal de gobernar está condicionado por el estilo personal de ser.
Es lo que aquí se ha conceptuado como el modelo Tania: el dominio del espacio público digital a través de la exhibición de la intimidad. La construcción de una personalidad primero y una narrativa después, con el objetivo de ser alguien en la mente de un colectivo. La exaltación de lo banal. Pequeños fragmentos de cotidianidad como espectáculo público del yo. Sin un mensaje estructurado (o tal vez la falta de estructura es el mensaje, en tiempos donde la estructura -que deriva de un orden mental- se aborrece, en aras de la inmediatez y una presunta improvisación).
Y ese modelo Tania, por lo demás, genera nuevos conflictos donde no los hay.
No pocos políticos coahuilenses, quizá por un asunto de cercanía e influencia, han seguido esa ruta en su ámbito individual. Casi nadie se opone a la idea (o a la práctica, mejor dicho): hay que entrarle al negocio de entretener; de figurar. Aunque no se tenga la habilidad para ello (lo cual se nota más que cuando sí se tiene).
La relación entonces se transforma. Unos, pasamos de ciudadanos a consumidores de contenido. Otros, a su vez, de políticos a creadores digitales (al nivel de influencers).
Y eso, lo que a simple vista pareciesen nimiedades, conduce al deterioro. La digitalización afecta a la esfera política y provoca trastornos en el proceso democrático. En otras palabras: nuestros representantes, ávidos de likes e interacciones, no se están dando cuenta de una función inconsciente: la desafección política.
La última y nos vamos
Y al final, no menos importante, las consideraciones éticas. O lo que dijo la presidenta del CEN de Morena, Ariadna Montiel, a manera de cartilla moral al inicio del Mundial: “Nosotros consideramos que quienes militamos en Morena debemos de estar con el pueblo, ojalá que ningún compañero o compañera ande ahí en el estadio, con boletos de 120 mil pesos; hay que estar con el pueblo, en el Fan Fest, que ahí podemos entrar de manera gratuita” (16-06-26).
O Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, el 14 de junio: “Con los altos costos de los boletos de los partidos del Mundial y la dificultad de costearlos por parte de la mayoría del pueblo de México, yo pienso que ningún político, del partido que sea, debería asistir a ellos”.
Aunque Messi en Miami bien vale una misa y Piedras Negras puede esperar, pues hay prioridades.