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Los influencers de Morena Coahuila: la batalla cultural que no fue

No creo ser injusto al afirmar que son los comunicadores nacidos en Coahuila más destacados por su visibilidad...

No creo ser injusto al afirmar que son los comunicadores nacidos en Coahuila más destacados por su visibilidad...
Luis Carlos Plata
ZOCALO | MONCLOVA
06-14-2026
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No creo ser injusto al afirmar que son los comunicadores nacidos en Coahuila más destacados por su visibilidad y alcance que ha tenido Morena durante los últimos seis años en la entidad.

Él, de Torreón; ella, de Saltillo. Se trata de Antonio Attolini Murra y Judith Alejandra Salazar Mejorado, quienes además pertenecen a una generación que se podría considerar el relevo: 36 y 34 años de edad respectivamente.

Independientemente de su origen y trayectoria, formación o aficiones, ambos creen que la política se gana en el campo de la narrativa, y poseen habilidades natas de comunicación.

Nadie tan hábil como ellos en el partido guinda para encaminar una discusión hacia donde desean, ya sea destacando u ocultando temas en el desarrollo de un debate. No rehúyen al intercambio de ideas como deporte de contacto.

Por separado han emprendido espacios de difusión en medios alternativos con diferentes formatos pero el mismo contenido (ideas, lenguaje, símbolos y representaciones). Uno tras otro consecutivamente. Nacen. Migran. Mueren. Incluso mantienen –o mantenían– un programa de YouTube juntos con el mismo fin: dar la batalla cultural (en su acepción ideológica y axiológica).

Sin embargo, con la sufrida el 7 de junio, acumulan ya dos derrotas electorales consecutivas en ése lapso mencionado de seis años como actividad pública. Él en 2021 y 2026; ella en 2024 y 2026. Él en Torreón ambas. Ella en Saltillo las dos.

Núcleos urbanos, en teoría más receptivos a sus mensajes debido a circunstancias socioeconómicas como el acceso a internet, su plataforma de proyección. No sería lo mismo para su causa, por ejemplo, contender por un cargo de representación popular en el distrito de San Pedro de las Colonias como cabecera, el cual agrupa siete municipios de la Región Centro-Desierto, zonas eminentemente rurales donde la dinámica de interacción es otra. Es decir, las condiciones del territorio han favorecido a su tipo de mensaje político.

Aún así, él no pudo ser diputado federal ni diputado local por la vía de mayoría (no obstante, en 2023 lo incluyó el partido en la lista de plurinominales al Congreso del Estado, y alcanzó el quinto de cinco lugares del grupo parlamentario en la Legislatura que concluye este año). Ella, por su parte, no pudo ser Alcaldesa de Saltillo ni diputada local (aunque gracias a las reglas electorales obtuvo a cambio de su derrota municipal una regiduría de representación proporcional).

“Ale”, además, perdió contra un Moreira (y eso sí calienta). El mismo candidato que, pese a la crítica en su contra, ha despachado (y por amplio margen) a dos figuras emergentes de Morena –si sumamos a Antonio “Tony” Castro en 2023– en un par de elecciones consecutivas en el distrito 16.

Cortita y al pie

Pasamos –como público espectador– de los aguerridos Rodolfo Walss (Torreón), Óscar Mohamar (Saltillo) o César Flores (Monclova), sujetos de la misma generación, como abanderados de Morena, a otros más jóvenes que, como ellos, tampoco ganan elecciones.

Los primeros desaparecieron súbitamente del mapa político y, al hacerlo, dejaron vacante un espacio que fue ocupado por otra generación de candidatos. Esta última, si bien podría correr la misma suerte de sus antecesores, en la juventud tiene un aliciente para mantenerse a la zaga del poder durante más tiempo recogiendo las migajas del pastel cada tres años, si así lo desean.

La última y nos vamos

Por lo demás, la dinámica es más o menos la siguiente: ellos, “Ale” y “Atto”, creen haber advertido un punto importantísimo para la vida pública que, asumen, el resto no ha visto, y sienten la imperiosa necesidad de comunicárnoslo con la vehemencia de quien descubre “la verdad” en aras de hacer consciencia y convencer a las masas. Una serendipia, en los hechos. Ello supondría que tienen los ojos abiertos mientras los demás los tenemos vendados, o somos ciegos y necesitamos la guía de un lazarillo.

Ahora bien, ¿y si la gente, en plenitud de conciencia, tenía presente aquél referido punto importantísimo y aún así está conforme con el estado actual de las cosas?

Dicho de otra forma: ¿y si quienes tienen la vista nublada, son ellos dos?

Subestimarlo tiene un precio: la derrota política. Otra vez.

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