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Lo que significa votar por Morena en Coahuila el 2026

La elección del próximo 7 de junio para renovar diputados locales ni es “la madre de todas las batallas” ni es “una fiesta democrática”

La elección del próximo 7 de junio para renovar diputados locales ni es “la madre de todas las batallas” ni es “una fiesta democrática”
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
04-14-2026
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La elección del próximo 7 de junio para renovar diputados locales ni es “la madre de todas las batallas” ni es “una fiesta democrática”, y mucho menos el 2027, año definitorio para el futuro del país, “pasa por Coahuila”. Todos esos lugares comunes que se mencionan a propósito del proceso electoral en curso rozan el tema por la tangente.

Renovar el Congreso del Estado es mucho más fácil que eso, y, como cada votación desde 2018, esta se reduce una vez más a la misma dicotomía: avalar la imposición centralista votando por Morena, o comportarse como coahuilenses, a la altura de las circunstancias, rechazando el intento de regresión autoritaria que se pretende implantar desde la Ciudad de México en la entidad.

A 12 años de su irrupción y luego de casi 8 en el poder, el Movimiento de Regeneración Nacional no se ha constituido propiamente como un partido. Fue llamado a gobernar, pero no es claro que sea capaz de gobernarse. Se trata de un emblema que, más allá de su lealtad al fundador, carece de señas de identidad, liderazgos eficaces y reglas claras. Su política es escenografía y centralización: concentrar todas las riendas del poder y cuidar la coreografía de los símbolos.

Morena es la coartada de su fundador. Una criatura suya hecha para él mismo. El politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez lo describe a la perfección en su libro “La Casa de la Contradicción” (Taurus, 2020): “No hay un partido en el Gobierno que construya una nueva institucionalidad, que cultive una identidad fresca, que promueva participación, sino una organización dedicada a descifrar la infinita sabiduría del guía y a recitar su padrenuestro”.

Es capricho. Incoherencia. Desprecio al conocimiento y la experiencia. Lo que Roger Bartra ha definido como “el estilo irracional de gobernar”. Versión que confirmó el finado Carlos Urzúa, primer secretario de Hacienda del Gobierno Federal “de la Transformación”, en su carta de renuncia al mismo: “En este Gobierno se decide sin deliberación razonada, sin base en la evidencia, sin anticipar el impacto de las decisiones de política pública”.

Nada ha cambiado a la fecha pese a que la Presidenta con A ya cumplió una cuarta parte de su sexenio.

María Amparo Casar en su libro “Los puntos sobre las íes; el legado de un Gobierno que mintió, robó y traicionó” (Debate, 2024), resume la gestión de Obrador “por ser una Administración en la que privan la (des)institucionalización, la ilegalidad, la impunidad, la (des)información, la incompetencia y la incongruencia”.

Cito una vez más a Silva-Herzog: “Su proyecto no es la cimentación de un poder democrático, no es siquiera el efecto bienhechor de una política social. Su proyecto responde al narcicismo de quien se mira en el espejo como si admirara una leyenda: el hombre que se concibe como el cuarto padre de la patria”. Y ahora, la mujer. Su intérprete.

El problema, afirma el autor, es que “termina siendo muy mala política aquella que se queda en teatralidad, aquella que se entrega al espectáculo de las apariencias, la que, por contar cuentos, deja de hacer las cuentas”. Esa es la trampa de la transformación.

Continúa: “Lo que ha representado es un ataque frontal a la arquitectura institucional de la República: demolición. Es difícil encontrar un espacio que se haya mantenido al margen de la embestida. Los órganos de la neutralidad, las cápsulas técnicas, los centros de investigación, los cuerpos regulatorios, no solamente reciben la agresión retórica del Presidente, sino el impacto de sus decisiones”.

“La Presidencia para Obrador es el púlpito más la chequera. Lo que el oficialismo llama la cuarta transformación es eso: una mezcla de sermones y transferencias”, define Silva-Herzog.

¿Ha cambiado algo con Claudia Sheinbaum?

 

Cortita y al pie

Como en cada elección desde 2020 en el estado, las próximas campañas que inician en 20 días para Morena-PT se tratarán de lo mismo: una narrativa de victimización, difundiendo –con los altavoces dirigidos hacia la Ciudad de México, para quien quisiera oírles y seguirles el cuento desde allá– que hay un clima represivo estatal, “intimidación”, “hostigamiento”, “amedrentamiento” y “persecución” contra sus militantes y simpatizantes.

El objetivo de la “estrategia” es sembrar la idea de asedio para justificar una eventual derrota después, antes que admitir su responsabilidad y se someta su incompetencia como grupo de poder local a valoración. Es el acostumbrado Plan V: victimizarse.

 

 

La última y nos vamos

Por ello es importante plantear a lo que nos enfrentamos en la boleta: la destrucción. La visión más elemental de la política. El poder más primitivo. Y por todo lo anterior las elecciones en Coahuila son las más fáciles de la historia contemporánea: elegir destrucción, o impedirla.

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