Si no son elegantes cuando ganan, cuantimenos cuando pierden.
Si no son elegantes cuando ganan, cuantimenos cuando pierden.
Nunca reconocen derrotas, uno de los pilares de la renovación periódica del poder público, por tanto de la democracia en sí misma. Ergo, no son democráticos, sino autócratas, déspotas y autoritarios. Pero también falsarios y fundamentalistas, dogmáticos. Si la realidad no se ajusta a sus prejuicios, peor para la realidad.
Así se conducen, así son ellos, los políticos de presunta izquierda, representados en el caso que nos ocupa por los emblemas Morena y PT, y ese mismo talante han exhibido luego de la derrota histórica encajada el 7 de junio en Coahuila por un margen que no deja lugar a dudas, desplegando una narrativa de fraude en su contra, no sólo postelectoral sino increíblemente iniciada 4 horas antes de cerrar las casillas en la jornada de votación, cuando todavía había tiempo para intentar revertir la tendencia negativa.
Además usan una palabra dominguera para generar la percepción (entre los ilusos, naturalmente) de que tienen todo bajo control, estudiado e identificado: “QR Gate”. Un concepto que intenta retrotraer a la mente del colectivo aquel financiamiento irregular con tarjetas Monex en la campaña presidencial de 2012, por citar un ejemplo.
Pero nada tiene que ver una cosa con otra, en los hechos. Y nada sustancial representa la verbalización del término “QR Gate” en la entidad, ya que los resultados del conteo distrital emprendido el miércoles de la semana pasada confirmaron y revalidaron la paliza en las urnas.
Y no fue cualquier ejercicio: dos mil 158 actas recontadas, de cuatro mil 319 totales. Lo habitual, pues. Los errores de captura en 19 casillas fueron corregidos con el cómputo.
Inclusive su candidata por el Distrito 16 de Saltillo, Alejandra Salazar, el miércoles por la noche, durante una transmisión en vivo desde Facebook a la conclusión de la jornada de recuento distrital de votos, reconoció: “Casi no hubo gente obligada a votar por alguien”.
“Estuvimos recontando los votos y me pude dar cuenta que, contrario a lo que yo pensaba, había muy poca gente obligada; a ver, yo estoy hablando de mi Distrito”, explicó en un largo video denominado “fin de la temporada electoral”, de 43 minutos de duración, tiempo que usa para reflexionar y hacer “un recuento de los daños”.
No hubo evidencia física en los paquetes electorales, pues. La realidad se impuso a sus prejuicios.
“Estoy muy triste con el resultado final, en el que la gente decidió que continuara el PRI”, manifestó en esa charla sin ánimo de lucro, “completamente casual platicando”, como ella misma denominó.
Decidir, fue el verbo utilizado con conocimiento de causa. Tanto, que lo recalcó: “Hubo gente de Morena que decidió no salió a votar porque le dio pereza”. “Hubo gente que le valió. No entiendo. De verdad no entiendo”, recriminó.
Sin embargo, a esa incomprensión dubitativa vino después un episodio completamente distinto, el sábado por la noche.
En la coyuntura de presentar una impugnación en las oficinas del Instituto Electoral de Coahuila, “Ale” publicó otro video para manifestar que se trató de “una elección que fue operada de la manera más tramposa, a través de un sistema de códigos QR”.
“Esta elección que se llevó a cabo de una manera evidentemente fraudulenta se tiene que anular”, expuso.
Y así, 72 horas después, cambió la versión. Como si se tratase del autorretrato de “Las dos Fridas”, de Kahlo: la dualidad de su identidad.
Cortita y al pie
Primero fue Ariadna Montiel, quien, insultando la inteligencia de los coahuilenses, dijo el día de la elección por la noche que todos los sufragios por la coalición ganadora “fueron pagados”. Todos, sin excepción. “Tomaron la decisión política de que ningún voto fuera gratis”. Algo a todas luces fuera de lugar.
Horas más tarde, el representante de Morena ante el Consejo General del IEC, Arturo Braña, directamente ninguneó al estado: “Coahuila no es el corazón ni el pulso del país. Representa apenas un soplo de 2.5% en el inmenso huracán que es la lista nominal de electores. Pensar que México marcha en la dirección de Coahuila no es sólo iluso, es un contrasentido”.
Paulatinamente una combinación de ambos argumentos fue propalada días después a espacios de vocería nacional pro 4T (aquellos que dan la batalla diaria –según ellos– insertados en medios convencionales de comunicación con propaganda afín al régimen para tratar de aplicar un gaslighting a la colectividad).
La última y nos vamos
Por lo demás, para el anecdotario queda media docena de boletas rayadas con consignas que han circulado por las redes sociales de los fanáticos y resentidos, las mismas todo el tiempo, para “demostrar” algo que sistemáticamente no sucedió.
Administrar la derrota, se llama el juego. De eso se tratarán las siguientes semanas.