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La relatividad de un voto en Saltillo: el caso Hurtado

Qué debe hacer una persona que pretende participar en política como candidato para algún cargo público, presentarse a elecciones eventualmente...

Qué debe hacer una persona que pretende participar en política como candidato para algún cargo público, presentarse a elecciones eventualmente...
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
06-18-2026
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¿Qué debe hacer una persona que pretende participar en política como candidato para algún cargo público, presentarse a elecciones eventualmente, y lo más importante: obtener un voto de sus vecinos en Saltillo?

¿Cómo se conquista a esos seres ultramontanos que habitan el Valle de las Montañas Azules? ¿Cuáles credenciales presentarles para obtener su confianza, pero al mismo tiempo no parecer desesperado, oportunista, advenedizo, o hambreado a secas, y recibir entonces una respuesta negativa?

Se trata de una sociedad difícil. No porque lo sea por sí misma como característica intrínseca, al ser exigente y crítica con un alto grado de politización, sino por su idiosincrasia proclive a la apatía.

Históricamente, el voto que se busca en Saltillo apela a la meritocracia del personaje protagonista en cuestión, aunque también al hambre del sujeto pasivo de la relación; el votante, pues.

Es muy sencilla la ecuación: demostrar algún mérito como carta de presentación, difundirlo mediante propaganda personalizada, y lucrar con la necesidad colectiva formando clientelas agradecidas.

No ha sido probada otra forma de convencer a las masas a casi 450 años de fundada la ciudad. “He hecho algo por alguien. Mírenme: soy bueno”. A eso se reduce el juego.

En la capital de Coahuila, el 7 de junio hubo 28 candidatos buscando la preferencia de la ciudadanía, sumando los cuatro distritos que comprende la territorialidad, y el número de partidos políticos que postularon candidatos individuales o por coalición.

De ellos, cada uno en la esfera de sus posibilidades económicas e intelectuales, hubo un aspirante que lo intentó con la receta tradicional antes mencionada, con mucho tiempo de anticipación: José Alberto Hurtado, de Morena-PT.

Repartió carnita, huevito, albertitos, mercaditos (instaló), dormitoritos (dispuso), camioncitos (estacionó), bachecitos (tapó).

Todo lo anterior desinteresadamente (ajá), aunque no dudó en recordárnoslo en plena época proselitista, enumerando uno a uno los apoyos entregados, vinculando el entonces presente propagandista con el pasado asistencialista. Y la fórmula sin embargo no resultó.

Hurtado Vera en el Distrito 15, logró 19 mil 68 votos por Morena, mil 225 por el PT, y mil 341 como coalición (ambos emblemas cruzados al mismo tiempo).

Para dimensionar y contrastar sus resultados, usaremos el ejemplo de “Chepina”, como se hace llamar Josefina Flores, quien sin invertir un solo clavo la víspera de comenzar el proceso electoral (y sin mayor experiencia que haber participado como candidata a diputada federal en 2024), en el Distrito 13 obtuvo 23 mil 774 papeletas cruzadas por Morena, 950 por el PT, y 758 como coalición (los dos a la vez).

Dicho de otra forma: alcanzó 4 mil votos más que Hurtado, a comparación. Y lo hizo en la demarcación más priista de Coahuila (probablemente lo sea del país), además.

Otra ironía radica en que ella no era técnicamente candidata de Morena, sino representante del PT, y aún así los votos los registró en la casilla guinda. Y finalmente cabe señalar la inversión oficial.

Según lo reportado a Fiscalización del INE, Hurtado Vera gastó 1 millón 512 mil pesos en la campaña, y Flores Jiménez, por su parte, informó a la misma autoridad haber erogado sólo 993 mil pesos.

Cortita y al pie

Hurtado viste igual todos los días: misma combinación de ropa, como un Mark Zuckerberg de la política local. Es la representación de la imagen que quiere mostrar ante un hipotético electorado a fin de ser identificado y recordado así.

Puso espectaculares por todo el municipio. Un total de 25 su primer año legislativo (2024), y una cantidad superior en el segundo (2025).

De vez en cuando regala burritos de hielera, cuece y envasa frijoles, carga cajas de frutas y verduras, y vende tinacos a precio de mayoreo ferretero. Todo aderezado con pasteles, botanas, refrescos, dulces, piñatas, roscas y juguetes para repartir.

Es el proveedor del hogar. Porta sombrero, como dicta el cánon actual después del éxito del Movimiento del Sombrero de Carlos Manzo en Michoacán, aunque ya lo reivindicaba previo a que se volviese popular hacerlo, al presentarse a la primera sesión del Congreso del Estado con la guaripa sucia del extinto Armando Guadiana.

Como se publicó en este mismo espacio el 8 de enero, sus acciones y principalmente su promoción política, van enfocadas a la madre mexicana que lucha por cuidar su economía; o al estereotipo como ama de casa, más bien.

El target group al que se dirige, es ese: aquél que casualmente, yuxtapuesto como lista nominal, corresponde al grupo poblacional que mayoritariamente participa en cada jornada electoral.

Se trata de la meritocracia representada en el papel de yerno perfecto, a fin de llegar a ocupar una posición de poder. Pero Saltillo, para su mala suerte, no buscaba matrimonio ni era una hija casandera.

La última y nos vamos

Por lo demás, no existe otra forma explorada, por lo menos no en lo local, de mostrarse como político profesional ante el gran público. En descargo de lo anterior, a nadie que se presenta con fines electorales en la capital de Coahuila se le presta atención más de 30 segundos si no trae algo en las manos para ofrecer.

“Canastear” es el segundo verbo que más representa a la ciudad, después del primero en la lista: simular.

Y no, tampoco funciona.

 

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