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La elección que todos consintieron con su silencio

Treinta días de campaña electoral en Coahuila. Ni uno más ni uno menos.

Treinta días de campaña electoral en Coahuila. Ni uno más ni uno menos.
Luis Carlos Plata
ZOCALO | MONCLOVA
06-07-2026
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Treinta días de campaña electoral en Coahuila. Ni uno más ni uno menos. Hubo entonces lo de siempre: recorridos casa por casa y simulación de recorridos casa por casa, reparto de propaganda utilitaria en cruceros, candidatos bailando, o haciendo desfiguros para congraciarse con el electorado así sea por vergüenza ajena.

No faltaron los que comen en puestos callejeros o cocinas económicas dando un tour de changarrismo al público al que se dirigen, ni los que juegan a los oficios para mimetizarse con el pueblo trabajador, demostrando habilidades manuales que no poseen.

Tampoco faltaron los intrépidos que reproducen tópicos de temporada: quienes suben a la caja de un tráiler para saludar desde ahí a un transportista, arriesgando su integridad física, o a una escalera desvencijada de una obra en construcción para alcanzar algo a un albañil que trabaja en un segundo piso. Lugares comunes en movimiento.

Abordar ancianos en bancas de parques o plazas se ha vuelto deporte estatal, y acaso la especialidad de la casa: a los puesteros y mercaderes de los tianguis y mercados sobre ruedas, quienes no tienen más remedio que posar para las cámaras de los aspirantes locales, fungiendo una y otra vez como escenografía de ciudadanos, por ausencia de estos en el espacio público.

La gente que tiene la fortuna —o el infortunio, según se vea— de toparse con algún contendiente durante el mes de campaña, les recibe o les escucha por educación y consideración, o porque siente un compromiso moral cristiano, no por empatía o afinidad política.

Así transcurren los días hasta llegar al punto en que nos encontramos: la jornada electoral.

Hasta aquí, sin embargo, se advierte una situación que a nadie pareciera importar: no hubo debates entre los 384 candidatos en ninguno de los 16 distritos. Ni convocados por el árbitro ni por algún tercero interesado. Es más, ni siquiera emplazados por ellos mismos, que representa el punto importante a tratar: quienes aspiran a parlamentarios optaron por no parlar entre ellos.

Afectados de afasia, pasaron por alto que una campaña electoral es un hecho íntegramente verbal, y que formarán parte de grupos parlamentarios en el mejor de los casos.

“Que hablen las urnas”, dirán algunos en defensa del sistema. No obstante, el voto también es mudo.

Cuando se menciona que las urnas han hablado, o se han expresado, ello significa que los ciudadanos ya no tienen voz. El elector la cede y, al otorgarla, se despoja de ella. Se queda afónico.

Por otro lado, al abstencionista se le pide cívicamente que se calle. “Si no votas, no te quejes”. Pero quien no vota, consiente. La abstención es también una opinión. Una ratificación del orden establecido. La población no electoral es mayoritaria pese a que, si hay poca participación, se corre el riesgo de deslegitimar las elecciones. El votante, por su parte, las valida. Compra sus reglas.

El truco está en otra parte: la democracia participativa también tiene por función hacer callar de antemano a la gente que pudiera quejarse de no haber sido escuchada.

Cortita y al pie

Como religiosamente sucede cada proceso electoral desde 2020 en la entidad, en las últimas horas a partir del cierre de campañas e inicio de veda electoral, Morena Coahuila echó a andar una narrativa de victimización, difundiendo —con los altavoces dirigidos hacia la Ciudad de México, para quien quisiera oírles y seguirles el cuento desde allá— que hay un clima represivo en el estado, ‘intimidación’, ‘hostigamiento’, ‘amedrentamiento’ y ‘persecución’ contra sus militantes y simpatizantes.

El objetivo de la “estrategia” es sembrar la idea de asedio para justificar una eventual derrota después, antes que admitir su responsabilidad y se someta su incompetencia como grupo de poder local a valoración.

Es el Plan V: victimizarse.

Ha sido probado con anterioridad que, por sí mismo, el ánimo de polarizar, llamar la atención a toda costa y provocar reacciones, no genera los votos necesarios para ganar una elección. Ahora bien, si ya se sabe y ha sido experimentado antes, ¿por qué lo siguen haciendo como recurso único de notoriedad?

Esta vez, sin embargo, la opinión pública dominante ya no les acompaña. El abandono desde CDMX es evidente. Lo fue, en los hechos, y lo es, en la agenda pública. Nadie mete un hombro. No hay las acostumbradas consignas chairas plagadas de dogmas, por no decir ignorancia y demagogia. Ninguno llegó para echar montón y ni siquiera tuvieron cara para pedir el absurdo antidemocrático de otras ocasiones, llamado “voto masivo por Morena”.

La última y nos vamos

Ni “el 2027 pasa por Coahuila” ni se trata de “una fiesta democrática”.

Por lo demás, en el estado existe una casta de personajes que aparecen cíclicamente cuando nadie los extraña o necesita, en específico durante las elecciones huérfanas de diputados locales que se instauraron en 2008 y hoy cumplen su mayoría de edad. Ellos, los que cada tres años aparecen en la boleta, volverán al proceso de criogenización. Serán congelados, pues, a la medianoche.

En otros tiempos, a Purón le costó la vida su asistencia a un debate entre candidatos a legisladores, en Piedras Negras. Ahora ni debates hubo y a nadie pareció importar eso. Ni siquiera a los candidatos.

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