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La construcción de la opinión pública en el proceso electoral; el repetitivo caso Coahuila

Puede usted mostrarse ajeno e indiferente a la política y las elecciones locales para renovar periódicamente cargos públicos.

Puede usted mostrarse ajeno e indiferente a la política y las elecciones locales para renovar periódicamente cargos públicos.
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
02-10-2026
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Puede usted mostrarse ajeno e indiferente a la política y las elecciones locales para renovar periódicamente cargos públicos. No enterarse qué acciones ejecutan u omiten sus representantes populares (incluso ni siquiera saber quiénes son estos) y tampoco interesarse por quién aspira a qué cosa en un momento determinado del calendario.

Y está en su derecho, aunque no es lo ideal.

Pero dos sucesos que suelen repetirse cada que hay procesos electorales en Coahuila pueden darle una idea, un norte, sobre lo que se avecina; y cuando los identifique, incluso sin conocer el contexto, sabrá que pronto habrá votaciones en el horizonte.

Se trata, en primer lugar, del aumento en cascada de las quejas acerca de servicios públicos principalmente, o situaciones urbanas que representan una molestia en la esfera individual para alguien que se identifica como un vecino del sector, por llamarle de alguna manera. Exageradas. Magnificadas. Con el ánimo de servir como ariete.

Estas, no obstante, no se realizan por los canales que la autoridad correspondiente ha dispuesto con anticipación para recabarlas y atenderlas en privado, pues en una democracia es normal que puedan presentarse, sino a través de los medios de comunicación que utilizan el espacio radioeléctrico, es decir, radio y televisión, en concreto noticieros de programación regional o programas que sirven de puente con la autoridad; aquellos que centran su contenido en las denuncias ciudadanas (así les llaman). El objetivo es que se ventilen y circulen con un enfoque y tratamiento específico, y todo mundo se entere.

El otro acontecimiento es más complejo, sin embargo sucede casi simultáneamente: a partir de publicaciones en Facebook (nunca otra red social, pues ahí está el público objetivo a quien se dirigen), cuentas de usuario que simulan ser medios de comunicación o comunicadores alternativos (cuya activación, crecimiento e influencia ocurre precisamente durante los procesos electorales), en exclusiva (ya que nadie más reporta los incidentes que a continuación voy a comentarle) exponen casos de supuestos secuestros que están ocurriendo en la ciudad (por lo general Saltillo) mediante rapto de mujeres y niños utilizando vehículos en movimiento, acompañados en algunas ocasiones por imágenes fuera de contexto. Nunca se sabe quiénes son, ni se conocen hechos claros o verificables por otras vías. Aún así, por sí misma, la información es llamativa, morbosa y alarmante.

Entonces cualquiera puede inferir a partir de ella el clima de inseguridad que reina en el Municipio (pongamos que habla de la capital, como casi siempre), contrario a las estadísticas oficiales y percepción de seguridad. El mensaje ha sido inoculado: cualquiera podría experimentar una situación de inseguridad como esa; todos estamos expuestos por el simple hecho de deambular en pijama por la calle. Su impacto es alto.

Ahora bien, a fin de secundar la ‘noticia’ y multiplicar su alcance con más visualizaciones entre los grupos de amigos y seguidores de otros usuarios de Facebook, decenas de cuentas participan comentando e interactuando en un tono casi siempre crítico al PRI-Gobierno y políticos identificados con el emblema, como responsable único de los presuntos hechos, ineficaz para resolver problemas, o corrupto por excelencia.

Esto sucede varias veces a la semana. Sistemáticamente.

En ambos ejemplos mencionados la finalidad es una, idéntica: generar opinión pública. O sea incidir en la agenda política con esos comentarios propalados aparentemente por personas de a pie, iguales a uno, y empacados como mensajes al auditorio, o posteos que no pocas veces alcanzan viralidad.

No quiere decir que no existan quejas reales, ni que deba censurarse el derecho a la protesta, por supuesto, sin embargo lo relatado no es un proceso orgánico, genuino, sino uno construido con conocimiento de causa y manipulado.

 

Cortita y al pie

Alguno podría decir, en defensa del modelo de comunicación relatado líneas arriba, que no es extraño ver más quejas en temporadas donde habrá cambios de autoridades, ya que el pueblo politizado calcula que su participación organizada pueda cambiar el panorama político y mover el tablero. Por eso guardan sus herramientas para usarlas en ese momento, que es cuando más daño causan al sistema contra el cual se dirigen.

“A un Príncipe le es necesario tener al pueblo de su lado: de lo contrario, no tiene remedio en la adversidad”, escribió Nicolás Maquiavelo en El Príncipe. O como dijese Ortega y Gasset en su libro Rebelión de las Masas: “El Estado es, en definitiva, el estado de la opinión”.

 

La última y nos vamos

El trasfondo, por lo demás, radica en quién forma y moldea la opinión pública, a partir de ventilar los temas de la comunidad en una arena donde se baten dos bandos en una reyerta por documentar la realidad y alterarla para obtener un efecto en las masas como dinámica social.

Todo es relato. Narrativa. Decirle a la gente qué pensar y cómo actuar en consecuencia.

Engañar, a secas.

 

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