Radio en vivo

mon_divider

Chiriwillos en Saltillo, el fenómeno que nos retrata como sociedad

En más de una ocasión en este mismo espacio se ha desarrollado una premisa: el saltillense tiene una idea de sí mismo que no corresponde con la realidad...

En más de una ocasión en este mismo espacio se ha desarrollado una premisa: el saltillense tiene una idea de sí mismo que no corresponde con la rea
Luis Carlos Plata
ZOCALO | MONCLOVA
01-18-2026
Regresar

En más de una ocasión en este mismo espacio se ha desarrollado una premisa: el saltillense tiene una idea de sí mismo que no corresponde con la realidad, sin que se trate lo anterior de un prejuicio, o un sesgo de confirmación.

También aquí, por otro lado, se ha dado cuenta de un fenómeno recrudecido de 2019 a la fecha: la migración de miles de sureños a la ciudad para residir en ella y establecerse a partir de un empleo remunerado.

Entre ambos comportamientos sociales ha surgido -se podría decir que de manera natural- un punto de tensión: la proclividad, de los primeros hacia los segundos, por nombrarles “chiriwillos”.

El término que no es propio sino impostado de Nuevo León para referirse a personas migrantes del sur del país que no comparten las mismas características genéticas, culturales y socioeconómicas, tiene por intención diferenciarse; quien lo profiere busca segregar, incluso fustigar. Identificarles como colectivo desde una posición ajena, como tercero que observa, significa para el que se reconoce como norteño expresar en voz alta no ser uno de ellos ni como ellos. Apartarles.

Por ello cabría preguntarse, de entrada, de dónde nace la imperiosa necesidad por rechazarles, y si no representa más bien una proyección de su propia personalidad, al estar más cerca de ellos de lo que se cree.

“Chiriwillo” es una expresión peyorativa. No nos confundamos al validar la justificación de la ‘carrilla’ sana o el ‘cotorreo’ norteño. O cuestiónese usted qué pensaría un saltillense pura sangre de que un hidalguense o un veracruzano, su vecino para efectos prácticos, lo estereotipase como pijamero huevón de malos modos y malencarado que no se saca las manos de las bolsas, o se baña una vez a la semana. ¿Verdad que duele?

Es verdad: se rechaza lo que se desconoce, al fuereño; constituye un patrón de conducta inherente al ser humano. En este caso, sin embargo, el objeto del desprecio saltillense son la clase trabajadora de la metrópoli.

¿Esto quiere decir, en sentido contrario, que los émulos de Manuel Acuña ya no laboran lo suficiente?

No necesariamente, pero es notoria la presencia de los no nativos en suelo local, dentro del espacio público, desempeñando actividades comerciales de todo tipo, o prestando servicios. Asimismo, una cantidad importante de centroamericanos y caribeños residentes, se suman a la diáspora de extracomunitarios que diariamente producen algo con su esfuerzo. No están encerrados en sus casas, sin movilidad social. No llegaron para vivir de las dádivas gubernamentales “universales” (si ese fuese el escenario, podrían recibirlas en su suelo nativo sin necesidad de trasladarse a un territorio agreste donde además el costo de la vida es mayor).

Esta semana se incrustó de manera poco espontánea el tema en la opinión pública. Su motivación –aparentemente- fue la agenda estatal mediante la Dirección para Prevenir la Discriminación en Coahuila, quien se posicionó a través de un comunicado para informar que, en lo conducente, será sancionado quien insulte (pues así se ha definido: como insulto con carga discriminatoria) a otros usando el despectivo “chiriwillo”. El recordatorio de la pena vigente que supone prisión, a todas luces desmedida, tiene por objetivo desestimar la práctica, más que censurar, perseguir o encarcelar. 

Entonces, como reacción a la noticia, se presentó una escalada inmediata de comentarios (a través de mensajes a radiodifusoras o televisoras locales como tópico de moda, amén de publicaciones en Facebook principalmente) en contra de coartar el derecho a insultar que tienen los nacidos en El Valle de las Montañas Azules, reivindicando en el fondo una estética superior; un asunto de epigenética, por increíble que parezca.

Pareciera que no se conoce la historia contemporánea de Saltillo.

Previo al arribo de miles de trabajadores provenientes del Altiplano, quienes llegaron al Municipio para enrolarse con GM en la década de los ochentas del siglo pasado, ya había ocurrido una emigración interna silenciosa desde poblaciones relativamente cercanas como Concepción del Oro y Mazapil, en Zacatecas, o Matehuala en San Luis Potosí, y particularmente la despoblación de los ejidos de Ramos Arizpe donde se acostumbraba relacionarse y procrear con sus congéneres de parentesco cercano.

Sin considerar que se trata de un territorio eminentemente Huachichil. Su origen étnico, conocido y explorado, es ése, anterior a la llegada de otros nómadas: los tlaxcaltecas.

Cortita y al pie

Por lo demás, hablamos de un Municipio que oficialmente se precia de un puñado de glorias añejas, todas las cuales murieron por lo menos hace 50 años la más reciente y, ¡oh sorpresa!, mayoritariamente tampoco tenían origen endémico saltillense como denominación de origen.

O pregúntese usted, fuera de la política, qué figuras en el ámbito de la ciencia, el deporte o las artes, por citar algunas disciplinas, destacan allende las fronteras de San Juan de la Vaquería.

Los últimos resabios de grandeza datan de un siglo atrás. Luego todo es inactividad, resistencia y desgano. Aceptémoslo: a últimas fechas, Saltillo no ha sido tierra fértil para las actividades creativas, lúdicas e intelectuales. A contracorriente de la realidad, en cambio, el bombardeo propagandístico centrado en la idea de ser “la mejor ciudad para vivir”, y sus falsos triunfalismos, pueden contaminar la percepción que se tiene de la comunidad.

La última y nos vamos

Y la ironía es que al exhibirles a ellos, los “chiriwillos”, quienes indirectamente han llegado a enriquecer esa dinámica urbana, nos retratamos a nosotros mismos.

Videos en Tiktok