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El Mundial en la ‘subsede’: hasta parecen nuevos, 449 años y no conocen Saltillo

Luego de dos partidos del Mundial disputados en el estadio BBVA de los Rayados de Monterrey (de cuatro totales que le corresponden en el calendario de 104, justo es decirlo)...

Luego de dos partidos del Mundial disputados en el estadio BBVA de los Rayados de Monterrey (de cuatro totales que le corresponden en el calendario de
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
06-23-2026
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Luego de dos partidos del Mundial disputados en el estadio BBVA de los Rayados de Monterrey (de cuatro totales que le corresponden en el calendario de 104, justo es decirlo), el balance ya se puede hacer con conocimiento de causa, y no es muy distinto a la proyección publicada en este mismo espacio el 29 de enero, a propósito de la participación –por llamarle de alguna manera– de Saltillo como convidado de piedra bajo el concepto “subsede”: “La fiebre mundialista, el virus desbordante, sintetizado en una economía derramada, puede que no sea más que un sueño guajiro, o, en el mejor de los escenarios, una planeación mal enfocada”.

Y así ha sucedido.

Parecía un asunto de actitud; de hospitalidad; de mostrarse como gente abriendo sus zaguanes para dar posada como anfitriones, sacando a orear las mantas y sacrificando animales de patio para dar la bienvenida a otros, pues los hoteles y restaurantes no se darían abasto.

Que no se nos notase lo ranchero. Lo penoso. Lo ultramontano. Lo rancio. Esa fue la indicación de hoteleros y restauranteros locales hacia la comunidad la víspera del Mundial en Guadalupe. La expectativa era atender miles de güeros dispuestos a dejar sus dólares al costo que sea, a cambio de lo que quisieran venderles.

Algunos incluso disfrazando a sus empleados de “mexicano”, o peor aún, de “mexicana alegría”, ya se frotaban las manos esperando a las hordas de clientes compuestas por una masa sin rostro de turistas internacionales y saltillenses del meritito Saltillo, conviviendo en francachela en torno a sus televisiones mal configuradas y departiendo vivazmente alitas y boneless, cubetas o jarras (se ha fijado que no existe una comida típica de la ciudad casi 450 años después) mientras observaban un infumable Haití contra Escocia, o un Austria versus Jordania.

¡Pero si esto no es Monterrey, compadre! Hasta parecen nuevos. Ni allá está sucediendo, cuantimenos acá.

El turismo de Pueblos Mágicos, de por sí escaso, está bajo mínimos desde que inició el evento deportivo pese a que inició el verano, la temporada alta.

El estadio de los Saraperos (ese club del que sólo se acuerdan sus aficionados y villamelones durante la inauguración de la temporada) registró el jueves, día del partido entre México y Corea del Sur, la entrada más baja en 30 años.

Los restaurantes ni el Día del Padre repuntaron sus ventas.

La realidad es que los juegos del 14 y 20 ni siquiera se acercaron a lo escrito aquí hace cinco meses: “Si bien va, atraerán visitantes focalizados, no una oleada de larga estancia “desquehacerada” y con tarjeta bancaria en mano. De Jalisco y Ciudad de México, las otras sedes mundialistas en el país, ninguno llegará. Turismo nacional se antoja difícil por igual”.

Mañana miércoles 24 se desarrolla el tercero y el lunes 29 de junio el último y único de la fase final. No se vislumbra un panorama diferente.

Se sabía. “El turista mundialista, por lo demás, suele tener estancias cortas, reducidas a la obvia entrada al estadio el día del partido y una breve participación en la zona que suele ser preparada con antelación por el comité que organiza, a fin de concentrar multitudes en dicho espacio (por lo general una explanada o un andador) y no estresar el área urbana de las ciudades con marabuntas”.

“El paseante idealizado es, en los hechos, más cercano a un hooligan que a un ornitólogo amateur que visita el Museo de las Aves”.

“Nadie piensa, por ejemplo, en ir a las aguas termales de San Joaquín o a santiguarse frente al Santo Madero, mucho menos internarse a las dunas de yeso ni a las pozas del desierto para la foto de Instagram, o visitar ataviado con sombrerito de Indiana Jones un viñedo de un expolítico local con millones de litros de agua concesionada, en la Región Sureste”.

Existen causas ajenas a la ciudad, como que Túnez, Japón, Suecia, Corea del Sur y Sudáfrica, selecciones que arribaron a Nuevo León, no son equipos que convoquen aficionados de otros países ajenos al que representan, como es el caso de Brasil o Portugal, Argentina o España.

Y que las condiciones no son las mismas de 1986, año del último Mundial en nuestro país (aquél sí completamente en suelo nacional), cuando las selecciones de Portugal e Inglaterra se hospedaron y concentraron a la sazón en el Camino Real de Saltillo. Monterrey entonces, cabe señalar, no tenía la infraestructura urbana y desarrollo económico que tiene ahora y que, básicamente, inició en los primeros años de la década de los noventa. Por ello salpicó a la capital de Coahuila.

Hoy es completamente diferente.

Cortita y al pie

Y luego están los factores intrínsecos. Galerías de “farderas” y “ratas” tapizando paredes y cristaleras de los locales en el centro de Saltillo a manera de muro de la vergüenza. Nuestras huellas de identidad local. Aderezando el entorno múltiples locales en venta y renta por todo el municipio, y como colofón un aeropuerto “internacional” que apenas carbura luego de cinco años sin recibir vuelos comerciales.

Deje usted las malas caras endémicas que verán; toparse con un negocio netamente saltillense supondría entrar en esa dimensión desconocida que representan sus horarios de atención al público. No hay formalidad alguna ni ganas de ceder o atender. No se diga ya servir.

Las letras de bienvenida en las entradas y salidas de la urbe, con motivos mundialistas, invitan a adentrarse en algo que simplemente no existió.

La última y nos vamos

Por lo demás, no deja de sorprender que casi 449 años después aún no conozcan al saltillense pura sangre, de cepa. Sí, es verdad que se trata de un sujeto insondable y difícil de trato (no porque represente una dificultad por sí mismo, un acertijo encerrado dentro de una incógnita, sino por “batalloso”).

Resulta inconcebible que siendo tan evidentes, no sepan sus gustos (por lo gratis) y aficiones (si son gratis, mejor) y que no identifiquen sus pasiones (el automóvil y la vida en torno a él) y hábitos sociales (salir a ver y a que lo vean; cuando sale).

No gastar, no salir, y lo más importante: no generar una ganancia para otros. Esa trifecta rige su vida.

 

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