La ausencia total de ideología política es también una forma de ideología.
La ausencia total de ideología política es también una forma de ideología. En ese contexto (endémico de Coahuila, a juzgar por el contexto histórico y su impermeabilidad a factores externos que influyan en él, o le contaminen, según se vea) se desarrollará la elección de diputados locales de junio próximo.
Quedan entonces sólo 4 meses para calentar el ánimo social de un proceso que inició hace 58 días pero nadie sabe de su existencia. Y no sucederá. Plan con maña, evidentemente, pues el comportamiento electoral es una ciencia exacta. Y si se aplican y replican los mismos ingredientes a la fórmula cada seis años, el resultado no debe ser distinto ni variar mucho.
En ese sentido, la jornada electoral huérfana en el calendario es una de nuestras creaciones y tradiciones más representativas como estado (que además no involucra el sacrificio de animales –aunque esto último puede ser discutible). Pero igual de importante resulta la disciplina institucional a la que, consciente o inconscientemente, terminan plegándose todos y unificándose como una masa.
Me explico. En todo el tiempo previo al inicio formal de las campañas, y que constituye, en realidad, el de mayor exposición ante un eventual público, no ha existido algo más para presentarse ante los hipotéticos votantes, que los mercaditos a bajo costo. Nada nuevo bajo el sol, por lo demás, pues la política en México es asistencialismo disfrazado de servicio social y voluntariado. Apostolado judeocristiano que se acerca más al clientelismo.
El de Alberto, de Gabriel, de Gerardo, de Alejandra, de Edna, las brigadas de Luz Elena, el mandadito de Memo, las verduras a peso de Tomás, inclusive, low cost, las tortillas de Poncho, o high cost, la carne molida de Tony.
Al focalizarse en lo pragmático, no obstante, las opciones políticas, pese a ser distintas entre sí, son profundamente conservadoras. No hay alternativas disruptivas ni que piensen fuera de la caja o apuesten a replantear, desde las reglas del juego hasta las formas de comunicar un mensaje político. No se diga ya modificar la sustancia: la legislación estatal (materia de trabajo para cualquier aspirante a diputado local, básicamente) y, por ende, la organización social, sus problemas y aspiraciones.
Ahora bien, esas medidas (o estrategias, si se le quiere llamar así) ¿crean capital social? ¿Redes de colaboración?
Es decir, la persona que recibió una rebanada de sandía gratis, ¿ha obtenido con ello el estímulo suficiente para garantizar su participación electoral y decantarse, frente a una boleta en la soledad de la mampara, por la opción que le ofreció la fruta en una servilleta mientras le grababa para alimentar su cuenta de Facebook?
¿En la era de la modernidad líquida (Bauman, dixit) es posible crear vínculos sólidos a partir de adquirir una tapa de huevo a menor costo, o recibir un corte de pelo militar gratuito?
¿A la sociedad del cansancio (Byung-Chul Han, dixit) le motivan unas tarimas con cartones de leche subvencionada en un porcentaje de su valor, o frijoles cocidos en envase transparente?…
Y si no es por ahí, por dónde.
Cortita y al pie
¿En qué momento la política en Coahuila, otrora de próceres de la patria que encabezaron procesos históricos de verdadera transformación, generales revolucionarios, y a últimas fechas concertacesión partidista (muy distinto a la concertación), se redujo al mercado sobre ruedas?
Al tianguis. El trueque. Las pulguitas. El ambulantaje.
Algunos podrán decir que, al hacerlo, aterrizó a las masas. Que ya no es coto privado de los grupos de presión o el círculo rojo, por tanto la muchedumbre manda. Demagogia, a secas.
Otros, en defensa del modelo, dirán que atiende las necesidades inmediatas y resuelve demandas que se reflejan en el bolsillo de los ciudadanos. Tal vez.
Por otro lado, es un tema de identidad local y costumbres identificadas y explotadas, más que necesidad apremiante: si los políticos no le llevan algo (material, desde luego) a la gente, no los reciben. En ese círculo (vicioso, o virtuoso, según se vea) nos hallamos desde tiempos inmemoriales.
Si bien cada elección tiene circunstancias particulares y momentos coyunturales, el proceso electoral de 2026 para renovar el Congreso del Estado, pase lo que pase, ya está definido. Y también es un asunto de idiosincrasia.
La ausencia total de expectativas es también es otra forma de expectativa.
La última y nos vamos
Nada en contra del comercio local y minorista, y su contribución a la economía circular, sin embargo, reducir a este la deliberación de los asuntos públicos, en este caso la renovación del Poder Legislativo, supone que no hay –ni habrá– ideas.
Si bien por sí misma la implementación de la estrategia mercadito ya es una idea puesta en operación, no existe la intención de ventilar asuntos públicos de la polis en la contienda, más allá de la inmediatez: el bache reparado, la silla de ruedas donada, la mochila regalada, la rebanada de pan compartida…
Y eso, reducir la lista nominal al marchante de mercadito, es, en el fondo, la concepción que se tiene del habitante de la entidad. Dicho de otra manera: lo que ven en el horizonte aquellos ojos políticos –por así decirlo– y cómo actúan en consecuencia.
No hay otro futuro posible, y eso es una desgracia.