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El juego de las apariencias; los 18 inexistentes empresarios de Saltillo que ‘defraudó’ “Lady Relojes”

A quién importa el proceso electoral de Coahuila cuando tenemos a #LadyRelojes.

A quién importa el proceso electoral de Coahuila cuando tenemos a #LadyRelojes.
Luis Carlos Plata
ZOCALO | MONCLOVA
03-05-2026
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A quién importa el proceso electoral de Coahuila cuando tenemos a #LadyRelojes. El tema local, por si mismo, es explosivo periodísticamente, dinamita en cualquier contexto: una joven de 23 años, (con un hijo de 8), exhibicionista y sin escrúpulos, de clase baja, defraudando a 18 “empresarios” mediante la venta de joyería, relojes en este caso, apócrifos, a precio de originales, mediante el arte de la persuasión en gimnasios de la localidad; ese templo moderno del hedonismo.

No uno ni dos, sino 18 afectados, y por un monto que supera extraoficialmente los 5 millones de pesos como dividendo. Más allá del morbo y la intriga por su detención ocurrida el lunes, incluso la chunga, el caso de manera natural entró a la opinión pública y plantea una relación desigual: la astucia de ella, residente de Ramos Arizpe, concretamente de la extensa y populosa Manantiales del Valle, y el presunto poderío económico de los otros, originarios de Saltillo (y varones, no género neutro). Todo esto, reitero, en el imaginario colectivo.

Ese desequilibrio convierte entonces a “Lady Relojes” en un personaje de la cultura popular como vengadora de aquél colectivo que, por lo menos en la Región, genera poca confianza y credibilidad: los potentados, autodenominados “empresarios”; aquellos que deben las tarjetas de crédito, las colegiaturas, las letras del coche, el mantenimiento del fraccionamiento, y la hipoteca de la casa.

Además hay telenovelas de Televisa que lo explican. Concretamente dos: Teresa y Rubí, por ejemplo. Misma sinopsis: la chica guapa, en situación de pobreza, que odia su condición y para salir de ella encuentra en la manipulación de los hombres acaudalados una ruta rápida de escape.

Un coctel poderoso y atractivo, en resumen.

Sin embargo, el juego no es limpio y lineal, sino bordeado de apariencias. Si en el plano nacional el régimen en el poder abusa en su narrativa del concepto “pueblo” (quién es, en realidad, y cómo podría unificársele en una sola voluntad) para disfrazar o justificar cualquier tropelía, en Coahuila su símil son los “empresarios” con idénticos fines. 

En el estado, para bien o para mal, todo lleva “empresarios”. No obstante la misma pregunta podría plantearse: quiénes son tales “empresarios”, y por qué puede usarse la palabra como comodín.

En Saltillo, como toda metrópoli en ciernes, sobresale una burguesía urbana que vive tentada por los bienes de consumo pero no tiene ahorros; tiene acceso al lujo, aunque dificultades inmensas para costeárselo. Es la clase media y sus limitaciones, o el ciclo de pagar deudas que le permiten dejarse ver de vez en cuando aspirando a ser lo que no es, bajo la lógica de que cualquiera puede situarse en la escala social y abrirse las puertas a través de las maneras y las apariencias. 

Ahí radica el epicentro del fenómeno. Y es, en pocas palabras, el negocio de la simulación: unos, ser “empresarios”, y otra, “Lady Relojes”, tener una vida de oropel que no existe en realidad, como es usual en redes sociales.

Cortita y al pie

Si Stieg Larsson inventó a “la chica del dragón tatuado” en su trilogía Millennium, en Ramos Arizpe tenemos a “la chica de la medusa tatuada”; la que dobló a la clase (por llamarles de alguna manera) empresarial de la Región Sureste de Coahuila (que no se compara con los industriales de Nuevo León, ni en ingresos ni en pujanza, pero en esa dirección apunta).

Cobijas en mano, salió de las celdas municipales de Ramos Arizpe ayer por la tarde, donde estuvo retenida 48 horas por faltas administrativas (amenazas y cohecho a la autoridad, ninguna de las cuales, de hecho, se tipifica como faltas administrativas, sino como delitos).

La narrativa cambió: de víctima a victimaria; a fin de cuentas, como escribiese Jean Paul Sartre, todo mundo somos mitad víctima, mitad cómplice. Le salvó la cercanía del 8 de marzo.

La última y nos vamos

Por lo demás, el asunto supone como trasfondo cultural otro caso de maternidad infantil y embarazo adolescente (considerado así, en menores de 20 años de edad): a los 15 años. Pese a que la estadística ha disminuido en la última década (por factores en algunos casos ajenos al contexto estatal) Coahuila no abandona los primeros lugares nacionales en la materia, a la saga de Chihuahua.

Y una historia del falso concepto “empoderamiento” que producen las fantasías digitales de internet.

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