Los millonarios son una casta extraña. Con las necesidades básicas resueltas de manera vitalicia, sin la obligación de cumplir con un empleo semanal...
Los millonarios son una casta extraña. Con las necesidades básicas resueltas de manera vitalicia, sin la obligación de cumplir con un empleo semanal y repetitivo para buscarse la papita diaria, sin extenuantes jornadas laborales que les abotaguen los sentidos e impidan tener espacio y claridad mental para pensar y ocuparse de otros asuntos, poseen tanto tiempo libre que pueden invertir en jugar golf o pádel, hacer cursos de jardinería o espiritualidad, ir de compras o por mimosas, practicar pilates o yoga, entre otros tópicos y estereotipos harto sobados.
Tania Flores, en cambio, una mañana se despertó y decidió pelear con el Gobernador en turno.
Pero no se confunda: eso no la vuelve valiente, sino irresponsable.
Lo que inició como hobby de rica “desquehacerada”, al quedarse sin cargo público en 2024 luego de perder la reelección en el municipio de Múzquiz (aunque con la vida arreglada gracias a los multimillonarios contratos por carbón que le adjudicó la Comisión Federal de Electricidad de 2021 a 2024, estimados en seis mil millones de pesos en conjunto con su hermano y el consorcio de empresas de “La Floriza”), evolucionó a obsesión primero, y a despropósito después.
La idea que peligrosamente no abandona su psique, hoy, rueda rodando, la tiene –desde el sábado por la noche– en prisión preventiva en el Cereso de Saltillo dos años después de activada. Su pasatiempo se convirtió entonces en lastre, más que modus vivendi.
¿Quiere decir lo anterior que se trata de una presa política y enfrenta las represalias de su actuar arrebatado?
No. El punto es la obcecación y su consecuencia: perder la capacidad de razonar claramente debido a una idea fija. O dejar de ver el bosque por mirar un árbol.
Hace algún tiempo, mediante una de sus consuetudinarias transmisiones en vivo a través de Facebook, voz aguardentosa exclamó que dedicaría todo su tiempo y esfuerzo en la cruzada. A partir de ahí todo han sido menciones, retos, amenazas y denuncias al objeto de su deseo.
No sé si alguien –por lo menos en su círculo cercano– haya advertido algo a todas luces notorio: el clima caluroso afecta a sus sentidos, y la percepción que tiene de la realidad; sus brotes acontecen durante el estío. Y nosotros, como espectadores, atestiguamos un asunto de salud mental convertido en la exhibición pública del “Yo”.
No es la única ni la última persona en resentirlo, sólo que ella lo magnifica debido a su proclividad por hacer de su cotidianidad espectáculo público. Ninguno la fuerza; es el estilo personal histriónico.
Si no es así, el periodismo existe para documentarlo, pues el affaire de su detención no es la primera ocasión en que, literalmente al calor político, acaba envuelta en una trifulca.
Basta recordar un episodio de 2024, el 17 de mayo, a propósito de la campaña para la reelección frustrada en el Ayuntamiento de Múzquiz: terminó con suero intravenoso en una clínica de aquellas tierras, luego de horas de zafarrancho ininterrumpido en las calles del municipio. Contra unos y contra otros. Contra todos al mismo tiempo.
O la detención del pasado 9 de junio en una carretera de la Región Carbonífera, arresto, y posterior show en el Congreso del Estado; este último, se repitió en la sesión del día 30 con asonada incluida.
Entre otros antecedentes, aunque estos en invierno, figuran la provocación que incitó en la Plaza de Armas, durante un evento público del Gobierno del Estado el 6 de enero, y un requerimiento previo, el 17 de diciembre de 2025, para comparecer en Saltillo vía un citatorio judicial que desobedeció, y por consecuencia fue trasladada con el uso de la fuerza pública a la capital, haciendo de ello un espectáculo.
Cortita y al pie
Ahora bien, y por qué nadie se cuestiona –puestos a cuestionar la relación de Tania con terceros– por qué no se comporta como una fiera contra Manuel Bartlett, o cuál es el origen de la relación comercial que mantuvieron por tres años, acaparando de CFE recursos públicos como ningún otro “proveedor”.
Ahí si tiene mucho tino y tacto para tratar el tema. O mejor aún, para evitarlo. Curioso, por decirlo de alguna manera.
La última y nos vamos
Tania Flores no respira, ebulle. No hace política sino arguende ahí donde se presenta. Nada construye; lo suyo es entretenimiento chatarra en directo. Tampoco es una Juana de Arco ni una Simone de Beauvoir contemporánea.
Si en “El invencible verano de Liliana” (Cristina Rivera Garza, 2021) su protagonista tiene una epifanía: empezar una nueva vida, en el irascible verano de Tania ésta explota en la canícula, sin metáforas de por medio.
“En lo más profundo del invierno aprendí al fin que había en mí un invencible verano”, escribió Albert Camus en El Verano (1953).
A Tania, en cambio, el verano simplemente la descoloca. Y el invierno también.