Quizá recuerde usted el 6 de junio de 2017 en Saltillo, fecha de la multitudinaria marcha postelectoral denominada “Coahuila Digno”...
Quizá recuerde usted el 6 de junio de 2017 en Saltillo, fecha de la multitudinaria marcha postelectoral denominada “Coahuila Digno”, con eco en otros municipios del estado posteriormente.
Había entonces -como nunca antes y nunca después- un ánimo social de cambio político en la entidad. Pero aquello, visto a la distancia, no significó un parteaguas, sino una expresión popular condensada en un momento histórico, pues las aguas de la participación y preferencia volvieron a su cauce paulatinamente.
Situémonos ahora en el presente, a 7 días de la única elección que se celebrará en México: la de diputados locales en la entidad.
Lo mismo que hace 9 años representó desdoro, es decir, nula alternancia y hegemonía del PRI-Gobierno, al paso del tiempo adoptó un cariz de fortaleza estatal, envidia allende las fronteras, y orgullo tierra adentro: la continua demostración de que, gracias a un modelo de organización eficaz y eficiente para ganar elecciones aún en circunstancias adversas, en Coahuila ‘no entra Morena’ (entendido así: como agente extraño que ingresa del exterior como un virus, desde el centro del país, no como elemento natural que se reproduce desde adentro del propio sistema).
Quién lo hubiese imaginado: la irrupción de los guindas en el tablero político nacional (y particularmente su rápida descomposición y demostración de ineptitud) restauró el status quo en el tablero político estatal (y no sólo eso: lo potenció) de 2018 a la fecha.
Exceptuando las elecciones federales presidenciales de 2018 y 2024, donde la tendencia nacional impulsó la cosecha mayoritaria de diputaciones y a su fórmula de mayoría para el Senado en Coahuila, el resto de procesos han sido un desastre para la causa de Morena, aún estando en plenitud (como 2021, por ejemplo).
En 2008 y 2014, año de las elecciones huérfanas como la que actualmente se desarrolla, hubo blanqueada en el marcador (20 a 0 y 16 a 0 respectivamente), aunque sin Morena todavía en la boleta. No obstante, su emblema no ha sido un valor agregado ni referencial para revertir esa tendencia.
En 2020, ya en el poder federal, el PRI-Gobierno repitió la dosis, y en 2023 sucedió lo mismo pese a que a la sazón había votaciones de Gobernador, mismas que convocan una mayor participación ciudadana que desajusta los números bastantes para ganar una contienda de ‘estructuras’.
El récord que sí le corresponde al régimen en el poder como Obradorato, por tanto, es 32-0 en contra, y podría llegar a 48-0 con los resultados del 7 de junio, pues el proceso electoral a punto está de llegar a su clímax con la jornada del próximo domingo, y las masas hoy no acompañan su narrativa. Tampoco el momento en la agenda pública les favorece.
Ante dicho escenario, el recurso fácil es proclamar que no existe la democracia en Coahuila, y la victimización final para maquillar la derrota.
El reclamo estridente (algunas veces legítimo, muchas veces exagerado-teatralizado) que busca incitar el resentimiento social primero y el voto después, no es secundado en la medida necesaria para un cambio político. En Coahuila no existe un cansancio ni un hartazgo en contra de una parcialidad política por sí misma, ni entre la sociedad civil organizada ni entre quienes no se involucran en asuntos públicos.
Lo anterior no es positivo ni es negativo. Simplemente es.
El camino correcto para granjear aceptación política sería sondear, escuchar, entender, y a partir de ahí construir un discurso consecuente. No al revés: llegar con una bandera de algo y pretender sumar adeptos a la causa que dice representar el trapo.
Sin embargo lo primero cuesta tiempo y esfuerzo que nadie está dispuesto a invertir. Lo segundo, en cambio, se pretende consumar de manera exprés, durante las campañas electorales, en el plazo establecido estrictamente para ello.
Y está demostrado: no se puede. Así no funciona el juego.
Cortita y al pie
El fenómeno ha llegado a extremos insospechados. En la semana, el dos veces candidato perdedor a la gubernatura del estado, Guillermo Anaya (incitador entre otros del “Coahuila Digno”), se congratuló en la tribuna de la Cámara de Diputados de que Morena no ganará un solo distrito por mayoría de votos en Coahuila (sin mencionar que quien los ganará todos, de acuerdo con esa misma interpretación, es la coalición PRI-UDC, y sin mencionar tampoco que peligran las prerrogativas estatales del PAN, su partido, al no alcanzar el porcentaje de votación mínimo exigido según la proyección).
Otro caso digno de estudio es Lenin Pérez, líder de la UDC (y también participante de aquél “Coahuila Digno”), quien pasó de sugerir “no le agarren los huevos al PRI”, y parafrasear “no hay PRI que dure 100 años ni pueblo que los aguante”, a proclamar que “hoy toca defender a Coahuila”, o “poner Coahuila por delante” (de intereses partidistas y personales, bajo esa interpretación), ¡aliándose con el PRI!
La última y nos vamos
El punto a deliberar es que las debilidades de 2017 son las fortalezas de 2026, o cómo una misma situación puede ser apreciada de diferente forma. El relativismo moral.
Si no sucede nada extraordinario en los próximos siete días, el 48 a 0 le respira en la nuca a la 4T.
@luiscarlosplata