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Coahuila, un estado de huevos

Si en pleno 2026 el dilema de la humanidad fuese planteado en Coahuila: ¿qué fue primero; el huevo, o la gallina?

Si en pleno 2026 el dilema de la humanidad fuese planteado en Coahuila: ¿qué fue primero; el huevo, o la gallina?
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
04-23-2026
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Si en pleno 2026 el dilema de la humanidad fuese planteado en Coahuila: ¿qué fue primero; el huevo, o la gallina?, la contestación del enigma sería muy sencilla en nuestro contexto contemporáneo, a juzgar por su omnipresencia en el espacio público de un tiempo relativamente corto a la fecha: ¡el huevo, por supuesto!

Coahuila es un estado de huevos (aunque algunos podrían decir, con razón o sin ella, que también de gallinas). En la entidad los blanquillos —que por igual pueden ser rojos— ocupan un lugar de privilegio. No es exagerado afirmar que toda interacción política con los ciudadanos, en el campo y en la ciudad, supone una tapa de por medio. No me refiero solamente al oficialismo estatal que los reparte con chaleco verde o sin él, gratis o a cambio de una cuota de recuperación, en la coyuntura de un proceso electoral o sin este, sino de cualquier aspirante a vivir del erario que pretenda presentarse ante sus vecinos o la comunidad con algo en las manos para poder ser recibido, independientemente del emblema o color que represente. Ese algo, siempre son huevos.

No se trata de un mensaje de virilidad subrepticio; en este caso, que falten o que sobren, por tal motivo los regalan o venden a bajo costo y en ese centro de la polis en el estado, denominado “mercadito”. No existe un trasfondo más allá de la inmediatez.

Si el huevo ha sido considerado en diversas culturas (celtas, griegos, egipcios, hindúes y chinos, por citar las más destacadas) el germen de la creación del Universo, en Coahuila su distribución roza tangencialmente la idea, ya que sirve para perpetuar al régimen en el poder, o es catalizador de cambio que, más bien, significaría alternancia. Pero nunca faltan huevos en la ecuación.

Si en la tradición china el caos que dará origen al mundo, tiene la apariencia del huevo de gallina (y contiene las fuerzas del Yin y el Yang en su interior), en Coahuila ese huevo de gallina es el centro de la democracia representativa y participativa que proveerá gobernantes y políticas públicas. La que sean.

Ahí no acaba el asunto. El concepto de vuelta a la vida que representa la primavera en el paganismo, adoptado por la Pascua cristiana, se basa en huevos que prometen resurrección; un volver a empezar. En Coahuila, para no variar, existe un parangón. “No le agarren los huevos al PRI”, decía jocosamente Lenin Pérez Rivera de la UDC (actualmente su aliado) en pretérita campaña de 2017. Hoy la permanencia de su partido político local, irónicamente su renacimiento, depende en mayor o menor medida del producto de gallina y agarrarle los huevos al PRI.

Cortita y al pie

Por lo demás, ¿cuánto huevo es capaz de comer Coahuila?

Vaya donde vaya, el menú de desayunos no se compone de otra cosa. En los hogares forman parte de la dieta diaria por partida doble: almuerzos y cenas. En los supermercados, particularmente los días de quincena, es común ver a cientos de personas, unas tras otras, saliendo de las tiendas con frenesí cargando kilos de huevos independientemente de su perfil sociológico y nivel económico. La dinámica se repite cada fecha de pago.

Situándonos en una línea del tiempo, el slogan del Rubenato fue “Aquí se sonríe” y posteriormente “Un Estado con energía”; el del Miguelato, por su parte, “Fuerte, Coahuila es”. Manolo dice que vamos “Pa’delante” pero en la práctica somos un estado de huevos.

La última y nos vamos

Muchas toneladas después, prodigados de huevo, llegaremos a las campañas electorales y en 45 días a las votaciones.

Nada en contra de su valor nutricional, sin embargo reducir a este la deliberación de los asuntos públicos, en este caso la renovación del Poder Legislativo, supone que no hay —ni habrá— ideas, si bien por sí misma la implementación de la estrategia estatal “Huevo y leche” (se quebraron la cabeza para titularla, al parecer) ya es una idea puesta en operación.

¿En la era de la modernidad líquida (Bauman, dixit) es posible crear vínculos sólidos a partir de adquirir una tapa de huevo a menor costo?

¿A la sociedad del cansancio (Byung-Chul Han, dixit) le motivan unas carteras de huevo subvencionado en un porcentaje de su valor?

La respuesta, claramente, no radica en la gratuidad. Lo cotidiano, por ser demasiado conocido, es desconocido, decía Hegel.

El huevo tiene como finalidad la perpetuación de la especie. Es el símbolo de la renovación periódica de la naturaleza.

En Coahuila, no obstante, es una forma de ideología.

 

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