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Chayoteros todos: el asedio a los medios de comunicación en Coahuila; a quién sirve

Vivimos en tiempos de locura colectiva. Tanto en público como en privado, tanto en el mundo digital como en el analógico...

Vivimos en tiempos de locura colectiva. Tanto en público como en privado, tanto en el mundo digital como en el analógico...
REDACCIÓN
ZOCALO | MONCLOVA
07-02-2026
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“Vivimos en tiempos de locura colectiva. Tanto en público como en privado, tanto en el mundo digital como en el analógico, las personas se comportan de un modo cada vez más irracional, frenético, rebañego y, en definitiva, desagradable. Las consecuencias de ello pueden constatarse a diario en las noticias, pero por más que veamos los síntomas, no alcanzamos a descubrir las causas”.

El párrafo anterior, extraído de la introducción al libro “La masa enfurecida” (2019) de Douglas Murray, aplica perfectamente -sin moverle una coma, de hecho- a lo que experimentamos en Coahuila en estos momentos a propósito del acoso sistemático a los medios de comunicación que, de unos años a la fecha, es la constante sin que exista una explicación lógica para entender cómo llegamos hasta ese punto.

O tal vez sí la hay: los políticos de extracción petista y morenista principalmente, pese a ser una minoría irrelevante para la agenda pública estatal aunque siguiendo las directrices del panorama nacional, ya se quedaron estacionados en el insulto facilón a la prensa (por condensar en una sola palabra el ejercicio de la comunicación que se realiza de manera profesional) para explicar o justificar su fracaso.

Un recurso que, a fuerza de repetirse, se desconoce para qué lo utilizan específicamente en el ámbito que nos ocupa.

A estas alturas, de tanto uso machacón y sobado desgaste, ya no se sabe si es catarsis, proyección, deseo reprimido, represalia, amenaza, coacción, vilipendio, calumnia, polarización, o todas las anteriores al mismo tiempo. No ganan posiciones de poder con ello, si acaso eso persiguen, como ha sido comprobado una y otra vez desde su irrupción en el espacio público.

Un episodio acaecido durante las votaciones del pasado 7 de junio (Día de la Libertad de Expresión, irónicamente) resume el estado actual de las cosas: la entonces candidata de Morena-PT por el Distrito 16 de Saltillo, Alejandra Salazar, a media calle y a media jornada electoral, afuera de una casilla, fustigando a los comunicadores -como ella, por cierto- que le hacían redondel cual si se tratase de una domadora:

“A ti te pagan chayote hermanito”, enderezó contra un reportero y su camarógrafo de una televisora local. “Tienes razón: a ti no te llega el chayote que reciben tus jefes”.

“Oye: ¿no les da vergüenza ser así de chayoteros?”, encaró al grupo, y al grito de ¡Fuera!, encabezó -junto a presuntos colonos azuzados por la situación- la retirada de los comunicadores.

“¡La rebelión de la prensa!”, dijo socarronamente; “al menos también estamos haciendo algo histórico para que la gente de Coahuila se dé cuenta en qué se gastan sus impuestos”.

Naturalmente la excandidata puede expresar lo que piensa, cree, juzga, o sencillamente a su derecho convenga. Pero el fenómeno es más profundo que un arranque individual de frustración y cólera. Se trata de una cruzada política por el control de la narrativa valiéndose de cualquier objeto a su alcance. Así, la víspera de las referidas elecciones, como setas en un bosque lluvioso aparecieron por generación espontánea múltiples páginas de Facebook (cuentas, sería un término más preciso) que simulan ser vehículos de comunicación con sede en Coahuila, al usar en su nombre palabras con el fin de ser identificadas así. Alrededor de 60, aunque tranquilamente pueden ser más.

Casi ninguna resiste una verificación o ejerce un mínimo de rigor periodístico, y debido a su irrupción en masa es difícil dar seguimiento a cada una, enfocadas en aparecer -por un tema de algoritmo- en el muro de usuarios radicados en Coahuila, sin que nadie las haya solicitado. Su objetivo se aproxima más a confundir con el ruido que a clarificar con la información. Por consecuencia, intentan invisibilizar -sin éxito- a otros medios de comunicación cuya línea editorial no favorece a sus intereses.

 

 

Cortita y al pie

Si bien “la era postmoderna se define por la desconfianza hacia los grandes relatos”, como escribió en 1979 el filósofo francés Jean-François Lyotard, y predomina, además, la fragmentación, atomización, y una pluralidad de pequeñas narrativas, nunca como hoy tanta gente había tenido tanto acceso a tan diversa y enorme provisión de información. Y nunca se había consumido tanta.

Existe la creencia de que cualquiera puede ser su propio comunicador autosuficiente, y producir sus contenidos. “Las innovaciones tecnológicas y la globalización de la información ha provocado el caos por acumulación de mensajes”, escribió la española Pilar Bravo en su libro, “Columnismo y sociedad; los españoles según Umbral” (2005).

Pese a ello, el objetivo, dos décadas después de focalizado el problema, sigue siendo arrinconar a los medios convencionales.

Un ejemplo: esta semana el equipo de propaganda y desinformación que le sirve al régimen federal a través de múltiples comunicadores que brotaron con el arribo al poder de Morena en 2018, a coro, a manera de nado sincronizado (incluida la propia Alejandra Salazar), crucificaron en sus espacios digitales al periodista Ciro Gómez Leyva como acto concertado que inició con la visita de Israel Vallarta a su programa de radio; personaje que funge como esbirro de la 4T contra ciertos comunicadores desde su liberación anticipada de la cárcel. O para eso fue liberado, más bien.

 

 

La última y nos vamos

Por lo demás, en Coahuila transitamos esa misma ruta: si dices tal o cual cosa eres chayotero; si no lo haces, también.

En su libro “Diarios” (2002), otro español, Arcadi Espada, ensaya una idea que 24 años después, responde a la pregunta sobre cuál es el sentido del periodismo en la actualidad: “No hace mucho un periodista norteamericano del New York Times me decía que lo único que en realidad le queda al periodismo, ante la avalancha de informaciones y la falsa aceleración de acontecimientos, es to make sense (encontrar sentido) a los sucesos del mundo y de la vida”.

Tan sencillo como eso. De tal forma que si hoy nos preguntásemos a quién sirve un constante golpeteo a los medios de comunicación en Coahuila, tengo una respuesta: a ninguno. Ni siquiera a quienes propinan los golpes, pues el sinsentido que resulta no es para unos cuantos, sino para todos al mismo tiempo.

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