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Chano, el papá luchón (que se embolsa mil millones por carbón)

Hagamos un ejercicio de revisionismo histórico, pero a la inversa.

Hagamos un ejercicio de revisionismo histórico, pero a la inversa.
Luis Carlos Plata
ZOCALO | MONCLOVA
04-28-2026
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Hagamos un ejercicio de revisionismo histórico, pero a la inversa.

¿Se imagina usted a Venustiano Carranza, ese prócer de la Patria, publicando en su Facebook que su esposa, la señora Virginia Salinas, no le echó lonche (a la usanza del obrero que realiza labores manuales exhaustivas y por tanto requiere alimentarse con suficiencia, de preferencia con preparaciones abundantes realizadas en el hogar) antes de irse al trabajo?

¿Concibe a otro político de prosapia, Francisco I. Madero, postear desde su Instagram que, como su cónyuge no sabe cocinar, se fue a cenar a casa de su madre donde sí es bien atendido y consentido (más allá del complejo Freudiano del personaje)?

¿Puede visualizar, por ejemplo, a Eulalio Gutiérrez Ortiz grabando un video de TikTok para mostrar el momento en que le cocina Hot Cakes a su hijo menor (a falta de madre o mujer que lo haga por ser su obligación, y los micromachismos incluidos en un relato que aparenta ser “buenaondita”)?

Sería inconcebible, desde luego. Inviable. 

Ahora bien, esos grados de separación desproporcionada entre los citados presidentes de la República coahuilenses, y nuestro protagonista de los episodios referidos: José Feliciano Díaz Iribarren, Alcalde de Sabinas, Coahuila, no sólo reflejan el cambio generacional (o la involución y decadencia del quehacer político, según se vea), sino una forma de entretener al gran público mientras lo importante sucede en otra parte.

¿Por qué lo anterior es relevante?, se preguntará usted.

Se trata de un asunto de comunicación política interesante. “Chano” se presenta ante la cámara como un tipo campechano; uno de los nuestros, podría decir alguien. Exalta los arquetipos y estereotipos del nativo de la Región, así es fácil para un habitante de la Carbonífera proyectarse en los sketchs que reproduce a fin de caer bien y lograr visibilidad (bailando, cantando en su camioneta, preparando carne asada, desayunando en restaurantes de la localidad). Sin embargo lo relevante está en otra parte: mientras “Chano” distrae con lives (transmisiones en vivo) y giveaways (rifas), se está embolsando mil millones de pesos en contratos por carbón mineral con la Comisión Federal de Electricidad, y de eso nadie levanta una ceja siquiera.

“Chano” no es un papá luchón que cocina en casa para sus hijos pequeños, ni un esposo humilde que se matrimonia en las bodas comunitarias junto al pueblo, ni un hombre deconstruido que plancha su propia camisa, ni un ranchero que cambia sus botas ya muy gastadas por otras nuevas que le regalaron en vista de las penurias que pasa el pobre.

No. José Feliciano es carbonero.

En octubre del año pasado, como se publicó en este mismo espacio, los hermanos de “Chano”, Sergio Armando y Lucio, de apellidos Díaz Iribarren, fueron adjudicados por CFE con 642 millones 287 mil 476 pesos a través de la sociedad mercantil Comercializaciones Industriales Dizna, S.A. de C.V., y él mismo, José Feliciano, con otros 358 millones 299 mil 778 pesos mediante la razón social SCI Edificaciones, S.A. de C.V., de la cual simuló salir como accionista el 31 de diciembre de 2024 (a escasas horas de asumir el cargo de Presidente Municipal), sin embargo se protocolizó el acto hasta el 11 de mayo de 2025, luego de cinco meses como edil.

Si bien no existe una relación directa de conflicto de interés, pues no es el Ayuntamiento de Sabinas quien lo compra, a nadie regalan mil millones de pesos sin favores a cambio ni relaciones públicas de por medio, máxime cuando la rectoría del negocio pasó a manos estatales.

Cortita y al pie

Ganó por 104 votos de diferencia en 2024, abanderado por el Partido Verde. Nadie lo vio venir, pero “Chano” es una figura local siguiendo las formas e idiosincrasia de la sociedad a la que pertenece: apelando a la religiosidad, al estilo de vestir, al género, a la edad en que la generalidad considera deben gobernar las personas, y con constructoras listas para lo que se ofrezca más adelante (Constructora Diora, SCI Edificaciones) y negocio propio (Papelera y Materiales de Sabinas), como dictan los cánones.

La suya no es una historia de Pedro Almodóvar y su relación con las mujeres de su familia, estilo “Todo sobre mi madre”, sino simple  exposición diaria. Por lo demás, que la gente piense aquello es transparencia, dice más del público espectador, afecto a las telenovelas de bajo presupuesto donde protagoniza un galán de lonchería, que del Alcalde. En el fondo el problema es más grave: se van normalizando cosas y perdiendo la conciencia crítica ciudadana en pos del entretenimiento adaptado a redes sociales en los tiempos que se viven.

El fenómeno representa, en todo caso, un reality show, jamás una caja de cristal; el dominio del espacio público digital a través de la exhibición de la intimidad. La construcción de una personalidad primero y una narrativa después. Ser alguien en la mente de un colectivo. “El show del yo” que describe la argentina Paula Sibilia en su libro “La intimidad como espectáculo” (2008) y que parte de una premisa: hoy la megalomanía y excentricidad no padecen la misma demonización que antes, cuando se consideraban enfermedades mentales o desvíos patológicos de la normalidad ejemplar.

La última y nos vamos

Con la experiencia de “La Floriza” en Múzquiz, cabría preguntarse qué tiene la tierra negruzca de la Región Carbonífera de Coahuila que puros políticos fantoches produce.

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