Sin embargo, aunque muchas de las marchas transcurrieron con normalidad, los incidentes violentos concentraron la atención de la jornada en París, Lyon, Marsella y Lille, donde se produjeron hechos graves. En estas dos últimas ciudades, manifestantes irrumpieron en sus respectivos ayuntamientos.
El Ministerio del Interior informó que hasta las 15:00 horas (13:00 GMT) fueron detenidas 272 personas.
En París, varios cientos de personas se enfrentaron a las fuerzas de seguridad en la plaza de la República antes del inicio de la manifestación principal. En la zona, manifestantes con el rostro cubierto se enfrentaron a las fuerzas del orden y prendieron fuego a varios automóviles.
La cabecera de la marcha autorizada llegó posteriormente a la plaza de Clichy, siguiendo el recorrido previsto, mientras otros grupos se desplazaron por la capital sin autorización. Uno de ellos intentó llegar hasta el Palacio del Elíseo, en una zona expresamente prohibida para manifestaciones.
Para hacer frente a estos grupos incontrolados, las autoridades activaron la CRS 8, una unidad especializada en la lucha contra la violencia urbana.
En Lyon, la situación se agravó en la céntrica plaza de Bellecour, donde una oficina de turismo fue saqueada e incendiada. Los enfrentamientos entre grupos violentos y la policía, que utilizó gases lacrimógenos y un cañón de agua, se sucedieron en varias oleadas. Los bomberos encontraron dificultades para acceder al lugar y apagar las llamas, mientras los alborotadores vandalizaban comercios.
En Marsella, decenas de manifestantes forzaron las puertas del Ayuntamiento y entraron brevemente en el vestíbulo, donde causaron daños e hicieron pintas, antes de ser desalojados por la policía. Durante el incidente, un busto de Marianne, símbolo de la República francesa, fue derribado y sufrió desperfectos.
“Es inaceptable utilizar este tipo de reivindicaciones para entrar, romper y destruir el cemento que nos une como nación”, declaró el alcalde, Benoît Payan, a BFMTV, y calificó a los violentos de “tontos útiles de la extrema derecha”, al considerar que sus acciones refuerzan su discurso político sobre la inseguridad.
En la segunda ciudad más grande de Francia también se produjeron daños en comercios y en una comisaría de la policía municipal.
El alcalde, independiente de izquierdas, afirmó que el presidente francés, Emmanuel Macron, le garantizó el envío inmediato de refuerzos policiales. En concreto, dos compañías adicionales de antidisturbios.
El primer incidente grave de la jornada se produjo a primera hora en Ruán, donde un incendio que afectó la fachada de un edificio universitario es investigado como un posible acto criminal.
Las autoridades también denunciaron incidentes en Rennes, Toulouse y Angers, entre muchas otras ciudades, incluidos ataques contra las fuerzas de seguridad, saqueos e incendios de mobiliario urbano.
En previsión de un aumento de los incidentes, el ministro del Interior, Laurent Núñez, movilizó a 10 mil policías y gendarmes para esta jornada en todo el país, de los cuales 5 mil fueron destinados a París.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, tenía prevista una reunión de la célula interministerial de crisis a las 17:00 horas (15:00 GMT).
En la cabecera de la marcha parisina iba el líder de La Francia Insumisa y candidato a la Presidencia francesa, Jean-Luc Mélenchon, a quien la líder ultraderechista y también rival por el Elíseo, Marine Le Pen, señaló por “legitimar la violencia” y buscar “precipitar al país en el caos”.
Su delfín, Jordan Bardella, afirmó que los responsables de los incidentes eran los “profesionales del caos” y acusó a la extrema izquierda de desacreditar las reivindicaciones sociales. Por su parte, Mélenchon criticó la cobertura televisiva de los disturbios y destacó el carácter pacífico de numerosas concentraciones.
Una movilización heterogénea
La convocatoria surgió de un video viral publicado en TikTok a comienzos de septiembre y ganó apoyo ante el aumento de los precios de la gasolina y del costo de la vida.
Sus promotores buscaron recuperar el impulso del movimiento de los ‘chalecos amarillos’ de 2018 y 2019, que marcó el primer mandato del presidente francés, Emmanuel Macron. La fecha del 17 de octubre cobró fuerza en redes sociales después de un video publicado el 7 de septiembre.
La movilización reunió a estudiantes, trabajadores, jubilados, agricultores, activistas climáticos y militantes antifascistas. Varias figuras del movimiento original de los ‘chalecos amarillos’ respaldaron la convocatoria, que también coincidió con las protestas estudiantiles iniciadas en septiembre para reclamar mejores condiciones educativas.