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Rafael Iracheta: Toda una vida entre locomotoras y rieles

La vida de un ferrocarrilero entre locomotoras, rieles y el silbato del tren, forman parte de su vida cotidiana.

La vida de un ferrocarrilero entre locomotoras, rieles y el silbato del tren, forman parte de su vida cotidiana.
Rafael Iracheta Flores, ex ferrocarrilero.
Yesenia Caballero
ZOCALO | MONCLOVA
11-08-2025
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Frontera, Coah.- La vida de un ferrocarrilero entre locomotoras, rieles y el silbato del tren, forman parte de su vida cotidiana y que los llena de muchas alegrías y satisfacciones, más cuando desde pequeño estás involucrado en ello.

Un ejemplo de ello es Rafael Iracheta Flores, ex ferrocarrilero de 71 años, a quien su mirada se le ilumina al hablar de su infancia cuando vivía entre los trenes, pues asegura que el taller de Ferrocarriles de México era su patio de juegos.

“De niño jugábamos entre los talleres de los tinacos, yo tendría unos cuatro años cuando llegamos a la colonia Occidental, del lado del ferrocarril, pues yo vivía en Nava con mi familia, pero al llegar aquí yo me llené de emoción, pues en ese entonces, todo eso, dijo señalando el área de Ferrocarriles de México, era nuestro patio”, cuenta con mucha alegría.

Comentó que entre los recuerdos que más atesora está una vieja fotografía tomada frente a la máquina 1399, una de las locomotoras de vapor que Ferrocarriles Nacionales de México dejó en los patios de Ferrocarriles en Frontera antes de dar paso a las eléctricas y diésel.

“En esa foto aparezco con una vianda, pues le llevaba lonche a mi padrino, don Francisco Amaya y me acuerdo muy bien que él me dijo, “Órale, póngase el guante, póngase la vianda para la foto del recuerdo”, y eso fue hace ya unos 60 años”, señaló.

Comentó que él disfrutaba tanto estar ahí, que pasó de ser un niño que jugaba entre rieles a formar parte del mismo sistema ferroviario que marcó su infancia, pues ingresó a Ferrocarriles donde trabajó 25 años como garrotero de carga y mixto.

“Toda mi vida ha sido el ferrocarril y no hay noche que no sueñe con los trenes, con los cabuses y con los compañeros que ya partieron, pues son recuerdos que uno no olvida, porque recordar es vivir”, dijo con un una sonrisa.

Recuerda las tradiciones

Comentó que otra de las cosas que más recuerda son las tradiciones que acompañaban a los trabajadores del riel, pues antes, cuando moría un ferrocarrilero, lo velaban y lo subían a una plataforma adornada con asientos y sus familiares iban ahí hasta el panteón, donde los despedían con respeto y mucho cariño.

Ferrocarrilero de corazón, comentó que dos de sus hijos continúan el legado familiar, pues uno es maquinista, Rafael Iracheta Contreras, y el otro, Marco Antonio, es garrotero de patio, contó.

“El maquinista desde chiquito me pedía que lo llevara en el tren y a él le tocó ver, oler el vapor, sentir el movimiento y de ahí nació su gusto por el ferrocarril por eso lleva 15 años de servicio”, comentó con gran orgullo.

Finalmente, Rafael aconsejó a las nuevas generaciones de trabajadores del riel que se cuiden mucho, que no expongan su vida, pues este es un trabajo muy peligroso, ya que aseguró, “uno nunca sabe si regresa, puede haber una caída o un choque, por eso siempre hay que estar alerta”.

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