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Del horror a la pantalla: el caso Jodi Hildebrandt, la historia real detrás de La Influencer Siniestra

El caso de maltrato infantil que perturbó a la sociedad norteamericana y al mundo

El caso de maltrato infantil que perturbó a la sociedad norteamericana y al mundo
La Influencer Siniestra; La Historia de Jodi Hildebrandt, serie estrenada por Netflix a fines de 2025.
Grupo Zócalo
ZOCALO | MONCLOVA
01-07-2026
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Ciudad de México.— Detrás de los videos pulidos y los discursos sobre valores familiares que acumulaban millones de visualizaciones en YouTube y Instagram, se escondía un caso de abuso infantil que hoy es analizado por audiencias en más de 190 países, el mismo alcance territorial que tienen los casos que Netflix elige convertir en serie.

La Influencer Siniestra; La Historia de Jodi Hildebrandt, serie estrenada por Netflix a fines de 2025, reconstruye un caso real ocurrido en Utah, uno de los estados con mayor presencia de creadores de contenido familiar per cápita en Estados Unidos.

El documental expone cómo Jodi Hildebrandt, terapeuta y coach de crianza asociada a comunidades mormonas, construyó una autoridad profesional durante más de una década, período en el que ofreció asesoramiento a familias que pagaban cientos de dólares mensuales por sus programas de “disciplina consciente”.

Esa legitimidad no nació solo de sus credenciales, sino de su visibilidad: Hildebrandt amplificó su mensaje a través de colaboraciones con influencers familiares que superaban el millón de suscriptores, un alcance comparable al de algunos canales de televisión por cable en EE. UU.

El punto de quiebre llegó cuando se hizo pública su relación con Ruby Franke, creadora familiar y mom vlogger cuyo canal familiar (8 Passengers) había documentado más de 10 años de vida doméstica, incluyendo rutinas escolares, conflictos familiares monetizados y castigos a los pequeños que desatarían críticas en 2020, bastante antes de este caso judicial.

Qué pasó: de Ruby y las denuncias de abuso infantil agravado a sus propios hijos, a los esquemas de control de Jodi

Tanto Hildebrandt como Franke enfrentaron seis cargos de abuso infantil grave cada una. En agosto de 2023, un hijo de 12 años de la familia Franke huyó de la casa donde estaba bajo el cuidado de Ruby Franke y Jodi Hildebrandt y tocó la puerta de un vecino visiblemente desnutrido, con laceraciones y vendajes improvisados en muñecas y tobillos, solicitando comida y agua.

Poco después, la policía encontró a su hermana de 10 años también maltratada y con signos de abuso físico y emocional. En declaraciones recogidas en la docuserie Devil in the Family: The Fall of Ruby Franke, la niña (Shari Franke) relató que debió ayudar a limpiar la sangre de su hermano tras una paliza severa y describió humillantes castigos y episodios de violencia de los que en los felices contenidos de YouTube no había siquiera un indicio.

La investigación posterior reveló que al menos dos menores habían sido sometidos durante meses a aislamiento, restricción de alimentos y castigos físicos (como “curarlos” con pimientas y sal), prácticas que ambas adultas justificaban como métodos de disciplina y corrección moral. La propia Franke reconoció en su sentencia haberles arrebatado todo lo que era “suave, seguro y bueno”, dañando sus “almas tiernas”.

Las denuncias incluyeron múltiples cargos de abuso infantil agravado, sustentados en evidencia médica, testimonios y registros escritos encontrados en el domicilio de Hildebrandt. Durante el proceso judicial, se documentó que las acusadas habían utilizado un lenguaje terapéutico y religioso para presentar los castigos.

En 2024, tanto Hildebrandt como Franke se declararon culpables y fueron condenadas a penas de prisión que, en conjunto, pueden extenderse hasta 30 años, según la legislación del estado de Utah. Por su parte, el exesposo de Franke, Kevin Franke, obtuvo la custodia total de sus hijos menores en marzo de 2025 y viene reclamando públicamente por reformas legales que protejan a menores involucrados en contenido digital.

El caso revela un dato inquietante: durante años, ninguna autoridad intervino pese a que los niños estaban expuestos públicamente, lo que refleja una laguna regulatoria que afecta a miles de menores influencers en Estados Unidos, donde no existe una ley federal específica que proteja a niños en redes sociales.

El impacto se amplificó con debates legislativos y el estreno de documentales y series en plataformas de streaming, que llevaron el caso a una audiencia global y lo instalaron como un antecedente clave en la discusión sobre infancia e influencia digital.

El vínculo con la fe mormona y cómo Jodi desarticuló el núcleo familiar de Ruby

Jodi Hildebrandt se presentaba públicamente como una terapeuta y coach de crianza vinculada a la religión mormona ya que dirigía ConneXions, una siniestra organización respaldada por esas creencias. Los exmiembros de sus programas se referían a la palabra “secta” para describir aquel programa en el que aislaba a las personas de sus familias si no cumplían con sus estrictos y distorsionados estándares de “verdad”.

Su maquiavélico plan no fue improvisado: las víctimas cuentan que, ella convertía un espacio de sanación en una celda de manipulación “en la que ella era la única que tenía la llave”. Los testimonios indican que utilizaba esquemas de control emocional similares a los documentados por el FBI en casos de abuso psicológico sistemático. Bajo la premisa de enseñar a los niños a ser “autogobernados”, se implementaron prácticas extremas como la privación de las necesidades básicas como castigo.

En 2022, la situación en la familia Franke se volvió aún más extrema tras la colaboración con la terapeuta en cuestión, con quien Ruby creó un podcast y cuentas en redes bajo el nombre Moms of Truth.

Siguiendo las sugerencias de Hildebrandt, Ruby se separó de su esposo Kevin Franke y se mudó con varios de sus hijos a la casa de Jodi en Ivins, Utah, a 300 millas de su hogar original; una decisión que marcó un antes y un después en la dinámica familiar. Esto causó que Kevin perdiera la comunicación con sus hijos.

Shari Franke, la hija mayor, describió la relación entre su madre y Hildebrandt como “incómodamente íntima” y tóxica, señalando que Hildebrandt parecía querer a Ruby solo para ella, lo que alteró profundamente la estructura de apoyo de los menores. El impacto emocional fue tan severo que Kevin Franke demandó a Hildebrandt por la inflicción intencional y negligente de angustia emocional tanto para él como para sus hijos.

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