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Bad Bunny en el Super Bowl: un manifiesto cultural más que un concierto

El evento donde Bad Bunny no buscó agradar a todos, sino ocupar un espacio históricamente ajeno sin renunciar a su idioma ni a su estética.

El evento donde Bad Bunny no buscó agradar a todos, sino ocupar un espacio históricamente ajeno sin renunciar a su idioma ni a su estética.
El medio tiempo del Super Bowl protagonizado por Bad Bunny fue, sin duda, uno de los más comentados y vistos en la historia reciente del evento. Fotos: EFE
Grupo Zócalo
ZOCALO | MONCLOVA
02-11-2026
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Ciudad de México.- El medio tiempo del Super Bowl protagonizado por Bad Bunny fue, sin duda, uno de los más comentados y vistos en la historia reciente del evento. No solo por tratarse del primer artista latino en encabezar el espectáculo, sino porque convirtió el escenario más visto del mundo en una vitrina de símbolos, códigos y relatos profundamente latinoamericanos. Sin embargo, más allá del impacto histórico y visual, el show dejó una sensación ambigua: emocionó más por lo que representó que por lo que se escuchó.

La producción fue impecable. La escenografía apostó por lo cotidiano antes que por lo monumental: una boda, comida, música, cuerpos en movimiento… una fiesta a la que fueron invitados las estrellas, también internacionales, Lady Gaga y Ricky Martin . No hubo traducción ni concesiones para el público angloparlante. La cultura latina no se explicó; simplemente estuvo ahí, ocupando el centro del espectáculo. En ese sentido, el show funcionó como un manifiesto cultural más que como un concierto tradicional.

La emoción del medio tiempo no vino de la voz ni de la interpretación musical, sino del relato visual. Fue un espectáculo que se sintió más desde el reconocimiento que desde la admiración artística. Ver elementos familiares -la celebración colectiva, el caos festivo, la estética del barrio- provocó una respuesta emocional que no dependió del canto, sino de la identidad compartida. No se trató de conmover por la excelencia vocal, sino de generar un “aquí estamos”.

En este contexto, la música funcionó como atmósfera. Las canciones acompañaron el relato, pero no lo guiaron. La voz no fue el eje emocional del show; lo fueron el cuerpo, el movimiento, la imagen y el simbolismo. Escuchar fue secundario; mirar fue esencial. Esto explica por qué, para muchos espectadores, la experiencia fue visualmente poderosa pero musicalmente irregular.

Bad Bunny nunca ha construido su proyecto desde el virtuosismo vocal, y el Super Bowl no intentó corregir eso. Su dicción -arte deliberada de su concepto artístico- y su interpretación en vivo quedaron en un segundo plano frente a la magnitud del mensaje. Aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué tanto peso tiene hoy el talento vocal en los grandes escenarios?

En contraste, durante el medio tiempo del Super Bowl de 2024, Alicia Keys tuvo un quiebre vocal notable al inicio de If I Ain’t Got You. Este error técnico, posiblemente derivado de un esfuerzo excesivo, fue corregido en las versiones oficiales subidas a YouTube por la NFL, lo que generó debate sobre la postproducción y la exigencia de perfección.

Con artistas como Alicia Keys, de “escuela tradicional”, parece inevitable exigir una ejecución impecable; por ello fue duramente criticada por desentonar en su presentación. A Bad Bunny, en cambio, se le evalúa con otros parámetros. No porque la voz haya dejado de importar, sino porque el fenómeno pop actual privilegia la capacidad de representar, de generar conversación y de encarnar a una comunidad por encima de la ejecución técnica.

@nfl IF I AIN’T GOT YOOUUUUU ❤️ #aliciakeys #usher #applemusichalftime #nfl #superbowl ♬ original sound - NFL

El peso de la representación

Sin embargo, es probable que Bad Bunny-latino y sin una formación vocal clásica- haya tenido que esforzarse el doble para llenar un espacio que históricamente “no le pertenece”. Cuando un artista angloparlante se sube al escenario del Super Bowl, simplemente ofrece un concierto. Cuando lo hace un artista como Bad Bunny, carga con las expectativas de toda una región y de un idioma.

A diferencia de otros artistas latinos que “cruzaron” al mercado anglo adaptándose, como Shakira o Ricky Martin cantando en inglés, Bad Bunny se mantuvo fiel a su idioma y a su estética original. Ocupar un espacio que durante décadas ha funcionado como templo de la cultura dominante estadounidense exige, entonces, un esfuerzo estratégico y una seguridad capaces de sostener la propia identidad sin cuestionar el derecho a estar ahí.

El Super Bowl como multiplataforma

El Super Bowl ya no es solo un escaparate musical; es una plataforma política, cultural y simbólica. En ese terreno, Bad Bunny jugó con claridad y contundencia. No cantó para demostrar, sino para ocupar un espacio históricamente negado. No buscó agradar a todos, sino ser fiel a una identidad colectiva que rara vez ha tenido este nivel de visibilidad global.

Aun así, es válido reconocer la distancia entre el logro histórico y la experiencia artística. Celebrar que el show haya sido uno de los más vistos de la historia no implica idealizar la actuación ni renunciar al juicio crítico. Se puede sentir orgullo sin devoción, reconocimiento sin conmoción.

El medio tiempo de Bad Bunny no nos pidió que lo escucháramos mejor, sino que nos viéramos reflejados.Y aunque eso no sustituye a la música ni a la voz como herramientas emocionales, sí explica por qué este espectáculo será recordado más como un momento cultural que como una proeza interpretativa.

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